domingo, 21 de junio de 2020

Debut, gol y despedida de un pibe que desafió a la dictadura


 El delantero que a los 19 años quedó libre por acordarse de los presos políticos

El caso de Julio Filippini quizás no tenga antecedentes en el mundo. En 1976 le dedicó su único gol en Primera al hermano tupamaro que estaba detenido. Salió campeón con Defensor de Montevideo y no jugó nunca más.

Por Gustavo Veiga

1976 fue un año desgraciado en las dos orillas del Río de la Plata. Los vuelos de la muerte terminaban en vidas sumergidas. Los secuestros se daban de una costa a la otra con un final previsible de desaparición forzada. Al gran estuario color de león -la tonalidad que le vio Leopoldo Lugones- lo sobrevolaba un Cóndor transformado en plan regional de exterminio. En ese contexto represivo montado por las dictaduras argentina y uruguaya había otras historias menos trágicas pero igual de dolorosas. 

El fútbol no detenía su marcha, aunque sí era posible que dejara excluidos por pensar distinto. En Montevideo, por la cuarta fecha del torneo, Julio Filippini viviría su debut y despedida con la camiseta lila número 17 del campeón. Defensor, su equipo, no era todavía Defensor Sporting. El producto de una fusión que se produjo en 1989 con el club de básquetbol que le dio su segundo nombre. Al pibe de 19 años que provenía de una familia comprometida con la política, no lo perdonaron por dedicarle un gol a su hermano tupamaro preso. Nunca más jugó un partido oficial en Primera después de aquel 28 de marzo. Todo terminó el 25 de julio con la vuelta olímpica y la hegemonía en títulos durante 44 años de Nacional y Peñarol. Pero el final para el delantero fue un incomprensible pase en blanco.

--Usted les dedicó un gol a su hermano detenido y a los presos políticos de la dictadura militar uruguaya. ¿Ese acto fue deliberado o espontáneo?

--Había pensado hacerlo, saludar a mi hermano. Le habían pasado un partido, sabía que escuchaba la radio y entonces se me ocurrió: si hago un gol se lo dedico, me dije.

--En las entrevistas que dio en Uruguay nunca apareció el nombre de su hermano y es parte importante de esta historia. ¿Por qué no nos habla de él?

--Es verdad, mi hermano Eduardo tiene 68 años, es mayor que yo. El estaba haciendo la facultad de Agronomía, pertenecía al Movimiento Tupamaro. Cayó en el año '75, estuvo siete años en prisión y lo liberaron en noviembre del '82. Tenía dos hijos de antes de caer en prisión y tuvo dos más cuando salió. Hoy recibe una pensión que les da el gobierno a los que sufrieron cárcel y tortura durante el régimen, y vive la vida que le queda.

--¿Cuántos eran en su familia?

--Mis padres, mi hermano mayor Eduardo, mi hermana Mercedes y yo. Ella no era tupamara y se escapó a la Argentina. Pertenecía a un movimiento comunista y se fue para allá. No era de ningún grupo armado y solo por pensar diferente se tuvo que ir. Allá estuvo un año y pico escondida, tuvo un hijo argentino y se asiló en Holanda hasta que volvió en el '82, '83. Estudiaba medicina, tuvo que aprender el idioma en Holanda y empezar de cero hasta recibirse en ese país. Hoy vive acá.

--Cuando debutó en Defensor con 19 años. ¿Se sentía cerca de la política, aunque más no fuera a través de sus hermanos?

--Yo era del Frente Amplio pero no militaba.

--Hay una historia dentro de la historia. Usted le regaló la camiseta de aquel partido a su hermano cuando empataron 2-2 con Nacional. ¿Qué pasó con ella?

--Eduardo estaba en el penal de Libertad del departamento San José. Pasó por diversas unidades militares hasta que lo mandaron ahí. Yo cuando debuté lo hice con la 17, mi número de las inferiores y después de aquel partido se la llevé al penal y cuando él salió se la dejó a otros compañeros. Debe haber quedado en la cárcel, le perdí el rastro.

--Un libro que escribió el periodista Santiago Díaz se llama "Memorias de una hazaña en dictadura" y cuenta la historia de aquel Defensor campeón del '76. ¿Ese título le cabe perfecto a aquel equipo o es exagerado? Porque su caso no fue el único de persecusión al plantel. Hubo otros como los de Pedro Graffigna, Beethoven Javier y el técnico José Ricardo De León…

--No sé si es exagerado, no creo. Fue una hazaña en virtud de la situación política que había porque siempre salían campeones Nacional y Peñarol, y nosotros éramos un cuadro chico y definido como obrero. Porque en ese equipo había trabajadores que no se dedicaban al fútbol nada más. Tenían otras ocupaciones, eran humildes, venían a entrenarse después de laburar, y no había ningún jugador estrella hasta que llegó Luis Cubilla, el único de renombre. Nosotros sabíamos que las cosas estaban mal, pero éramos un grupo muy comprometido.

--¿Ese único partido que jugó fue determinante para definir el título a favor de Defensor?

--Fue determinante y yo lo digo porque cuando me veo con amigos me cargan, dicen que me hice famoso y apenas jugué, pero la verdad es que me siento campeón a pesar de que entré 75 minutos. En ese partido a mí me hicieron el penal, marqué el segundo gol y empatamos 2-2, y ganamos el campeonato por un punto de diferencia.

--¿Es cierto que su padre lo sacó del estadio y lo escondió después de que había trascendido que le dedicó el gol a los presos del penal en una entrevista que le hizo Víctor Hugo Morales?

--Yo vivía con mis padres y cuando se iban del estadio escucharon la entrevista con Víctor Hugo, dieron la vuelta, mi padre llamó a mi suegra, la madre de Adriana, mi señora en la actualidad. Ella es la que me dio asilo y me escondió cuatro o cinco días.

--¿Su padre era militar?

--Mi padre Romildo Osmundo, al que le decíamos 'Mili', era paraguayo y mi madre belga. El fue militar en Paraguay y en los años '40 participó de un bando revolucionario, cayó preso y lo mandaron a una isla en el norte, cerca de Brasil. Cuando se enteró de que lo iban a fusilar con otros compañeros se escaparon, se metieron en un bote y remaron como dos o tres días seguidos hasta que se separaron, y mi padre decidió viajar a la Argentina. Para ir se subió a un barco que pasó por el puerto de Asunción e iba escondido. También se trasladaban los que serían mis abuelos y mi madre. Ahí se enamoraron mis padres y él, en lugar de ir para Argentina se vino para Uruguay porque mis abuelos bajaban en Montevideo. Fue del Frente Amplio y era un tipo muy rígido, orgulloso, pero muy derecho, muy leal, de un pensamiento progresista.

--¿Tomó conciencia después de la dedicatoria a su hermano que a sus compañeros de equipo los habían ido a buscar?

--Mi conciencia surge cuando a Víctor Hugo lo llevan a declarar y me enteré después que le dijeron: esto es tarjeta amarilla. Yo le fui a pedir disculpas por lo que había pasado. Me dijo: no, tranquilo gurí, no tenés nada que ver, que había sido un saludo y bueno, después de la dedicatoria, no me acuerdo exactamente qué hice y qué no hice.

--¿Cuánto tiempo pasó entre aquel partido y que a usted le comunicaron que lo dejaban libre?

--La fecha del partido fue el 28 de marzo y a mi me dieron la libertad de acción a fin de año, aunque todo el resto del '76 volví a las divisiones inferiores a jugar en cuarta división.

--¿Pensó en ese momento que le habían pasado una factura?

--No, la verdad que no pensé en una represalia. Sí en que no les serviría como jugador, pero nunca en que había sido por la dedicatoria.

--¿En qué puesto jugaba?

--Jugaba de puntero izquierdo y de nueve.

--¿Es raro que a un delantero que debuta y hace un gol contra Nacional lo dejaran libre siendo tan joven?

--Un directivo de las inferiores que había tenido en años anteriores me contó: esto es por política.

--¿Se propuso seguir su carrera en otro club, porque a esa edad tenía todo un futuro por delante?

--Mire, muchas de las cosas de las que he tomado conciencia sobre aquel episodio fueron este año y el anterior. Me estuve enterando ahora por mis ex compañeros de cuarta y de primera división. Yo había ido después a practicar a Bella Vista, que en ese momento estaba en la B. Me fui a probar, jugué, no me dijeron nada de seguir y no volví. También me habían ido a buscar de Fénix, pero surgió la posibilidad de ir a Estados Unidos a una Liga Universitaria, y cuando volví yo decidí dedicarme al estudio. Mi padre siempre me decía que entre el deporte y el estudio tenía que elegir el estudio.

--Usted contó en una entrevista que al profesor José Ricardo De León, el técnico campeón con Defensor del '76, no lo dejaron dirigir la Selección Uruguaya porque era de izquierda. ¿Fue así?

--Era vox populi. Pero jamás que yo recuerde, nos habló de política en ningún entrenamiento. En las prácticas y partidos siempre se charlaba de fútbol y de su filosofía de juego, que quizás no gustaba pero que dio resultados. Nosotros teníamos un equipo en que el preparador físico fue fundamental, volábamos de cómo nos preparaba.


--¿En ese plantel de Defensor los jugadores ganarían salarios más bajos que en Peñarol y Nacional?

--Sí, sí, claro, mucho menos. Pero ese año teníamos un sistema progresivo de premios por partidos ganados. Pero claro, nadie pensaba que podía salir campeón Defensor.

--Hoy a 44 años de aquel campeonato, ¿cómo recuerda lo que le tocó vivir, qué significado tiene para usted?

--Me emociono (se quiebra y hace silencio). Es una situación insólita porque 44 años después se sigue hablando de lo que pasó.

miércoles, 25 de marzo de 2020

CARTA A LA JUNTA MILITAR RODOLFO WALSH

CARTA A LA JUNTA MILITAR
RODOLFO WALSH
1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y en horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de «cuenta-cadáveres» que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.
El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 o 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.
Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y a los partidos de que aun los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.
El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Mason, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.
Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.
Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.
La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.
La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de Prensa Libre Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar 11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".
Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

jueves, 4 de enero de 2018

Testimonio de Edu Nach : "Perdimos y seguimos perdiendo, pero como dice Nora Cortiñas: Venceremos"

Lo dijo Eduardo Nachman, que declaró en el juicio conocido como “Cuatrerismo-Brigada Güemes”. Hijo del actor Gregorio Nachman, secuestrado el 19 de junio de 1976 en Mar del Plata. En este juicio se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención Puente 12, Protobanco y en la Comisaría de Monte Grande. Eduardo dialogó con Fernando Tebele y María Eugenia Otero en el programa Oral y Público que se emite por Radio La Retaguardia y contó las sensaciones después de dar su testimonio por primera vez. Edu invita al teatro en Mar del Plata para ver Nachman por Nachman. (Por La Retaguardia)

Foto: Gregorio y Eduardo

En este nuevo juicio, que comenzó el 12 de octubre de este año, se investigan los crímenes contra la humanidad de 125 víctimas cometidos en Puente 12, Cuatrerismo-Brigada Güemes, durante noviembre del ’74 y febrero del ’77, y en la Comisaría de Monte Grande entre julio del ’76 y octubre del ’78. Están imputados nueve genocidas, entre los que se encuentra Miguel Etchecolatz, ya que otros cinco fallecieron antes del inicio del juicio y uno fue apartado por incapacidad. El proceso está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°6 y se desarrolla en la Sala AMIA de Comodoro Py. Allí declaró Eduardo Nachman el secuestro de su padre, un testimonio muy completo que contó con la reconstrucción de sobrevivientes que compartieron cautiverio con Gregorio: “Estoy bien, conmovido. Por una parte contento por haber dado el testimonio y honrado la memoria de mi viejo, pero me sigue conmoviendo y emocionando ese recuerdo. El testimonio fue fuerte y contundente a pesar de las muecas de los abogados de los genocidas y torturadores. Fui con pruebas muy relevantes de los testimonios de los que estuvieron detenidos con mi viejo. Él estuvo en Brigada Güemes, ahí en Puente 12, Cuatrerismo y Protobanco, toda una serie de casas de tortura, muy cerca de Ezeiza. Lo secuestraron el 19 de junio del '76 en Mar del Plata. Fue trasladado rápidamente a Banfield, Provincia de Buenos Aires, junto a un grupo grande de marplatenses secuestrado el mismo día. Ahí fueron distribuidos a distintos centros clandestinos de detención”, expresó Nachman en el programa de los juicios a los genocidas que conducen Tebele y Otero por Radio La Retaguardia.

El testimonio de Eduardo fue muy completo y contó con documentación muy concreta. El trabajo de reconstrucción de los hechos que comenzó su madre fue continuado y plasmado en este juicio por Nachman hijo, que más allá de la emoción, se fue contento por la contundencia del relato: “La reconstrucción tuvo que ver con el orden de los testimonios que fueron llegando a partir de los años. Fue cuestión de leerlos nuevamente y ordenarlos. Eso golpeó bastante a los abogados de los genocidas porque no esperaban que yo lleve incluso los habeas corpus y las notas de rechazo de la Brigada de Investigaciones de Mar de Plata, de la Base Naval, de la Policía, que yo guardaba. Yo ordené los papeles que dejó mi mamá. Felizmente, esos testimonios se acomodaron bastante. Tal es así que no hicieron ninguna pregunta en el juicio y los jueces estaban contentos de tener esa documentación. Yo tenía los papeles de la Comisión Internacional de Derechos Humanos que vino en el '77. También eso ayudó a mi testimonio sobre la detención de mi viejo”, contó.

Para Nachman, la razón del traslado de la ciudad costera donde fue secuestrado su papá hacia los centros clandestinos de detención del Conurbano tuvo que ver exclusivamente con el deseo y la necesidad de control del Jefe de la Policía Bonaerense durante la dictadura militar: “(Miguel) Etchecolatz manejaba todo. Evidentemente los quería más cerca. En Mar del Plata hubo varios centros clandestinos de detención, pero fueron de traslado, salvo El Faro y la Base de Submarinos, que era base de tortura y de traslado. Mar del Plata tuvo más de 200 secuestrados, en una población bastante chica, y casi todos fueron trasladados”, agregó.

El testimonio

Nachman pudo reconstruir no solo por qué centros de detención pasó su padre sino que también conoció algunas de sus sensaciones y comportamientos dentro del horror, gracias a los valientes relatos de sobrevivientes que compartieron cautiverio junto a Gregorio: “Me significó una emoción bastante profunda de nuevamente recordar a mi viejo, pero en la peor circunstancia y dando testimonio de un sobreviviente que dijo que mi viejo era muy amable adentro; que se enfermó y lo mandaron a operar. Después, otro testimonio decía que era muy amable y muy macanudo y que en determinados momentos lo vio demente producto de las torturas. Eso duele. Duele la deshumanización que sufrieron mi viejo y los demás compañeros. Pero bueno, honrando la memoria. Cuando nosotros decimos Juicio y Castigo como consigna es una tarea. A pesar de la desconfianza que uno supone en esta justicia, tampoco hay que abandonar esta trinchera. No digo que sea la única, no digo que sea la mejor, de ninguna manera. La mejor sabemos que es en la calle, pero no vamos a abandonar esta trinchera”, aseguró Nachman, valorando la continuidad de los juicios a los genocidas y asegurando que la lucha para conseguirla está en la calle. La investigación que realizó fue exhaustiva y contó con detalles de precisión para lograr la condena de los represores: “Hubo datos que conocí a partir de leer bien los testimonios que tenía viejos. Uno, anónimo, que había llegado apenas se creó la Conadep. Otro, en 2007, de un sobreviviente. Son datos que tenía y que los volví a leer y ordenar. Por otra parte, en el juicio por la verdad en Mar del Plata me enteré que el secuestro, en un Peugeot 504 verde claro, lo ejerció José Francisco Bujedo, suboficial de inteligencia en la Marina. Era un árbitro de fútbol afamadísimo en Mar de Plata y en distintos lugares. Ya fue condenado y goza de prisión domiciliaria que burla con frecuencia”, dijo Eduardo con la indignación a cuestas.

El hijo de Gregorio Nachman confesó en la Retaguardia que la emoción no le permitió decir todo lo que hubiese querido durante su declaración. De todos modos, compartió el cierre de su de testimonio y la referencia a una de las máximas exponentes en la defensa de los derechos humanos en el mundo: “Nosotros perdimos. Yo perdí a mi papá. Perdimos un director de teatro, perdimos al papá de mis hermanos, perdimos a los compañeros, perdimos a los 30 mil. Perdimos y seguimos perdiendo. Pero hay que aprender de una frase que dice Nora Cortiñas cada jueves en la Plaza de Mayo: Venceremos. Es un desafío y esperanza. Tiene que ser una lucha, no de esperar sino de trabajar en función de ello. Esa es la tarea, vencer”, reprodujo Eduardo.

‘Gregorio por Nachman’

Por último, Eduardo invitó a ver la obra teatral galardonada con diferentes premios (entre ellos el Estrella de Mar el verano pasado) que se presenta en Mar del Plata y homenajea a su padre, Gregorio: “Los espero en el Séptimo Juego, un centro cultural y teatro muy bueno en la calle Bolívar, Mar del Plata. Vamos a dar ‘Gregorio por Nachman’, una obra que hicimos y seguimos recibiendo premios. No solamente rompimos con el Estrella de Mar, sino que seguimos rompiéndola. Rompemos la paciencia de muchos también, pero ganamos el premio Vilches y nos acaban de premiar con el premio Teatro del Mundo. Seguimos cosechando premios que son mimos y vale la pena recordar; Hacer un biograma recordando a mi viejo todos los domingos. Próximamente estrenaremos la película. Estamos juntando testimonios muy valiosos de gente que estudió o hizo teatro con mi viejo y de muchos artistas que laburaron con él”, contó Eduardo Nachman.

miércoles, 12 de julio de 2017

Los desaparecidos de Racing: víctimas de la dictadura atravesadas por dos pasiones

Los desaparecidos de Racing es un libro del sociólogo Julián Scher que recopila once historias de hinchas fanáticos del club de Avellaneda y comprometidos políticamente que fueron víctimas del terrorismo de estado durante la dictadura militar. Scher dialogó con Fernando Tebele en el programa Oral y Público por Radio La Retaguardia y contó de qué se trata este libro. (Por La Retaguardia)

“Los desaparecidos de Racing es un libro que compila las historias de once hinchas de Racing que fueron víctimas del genocidio que sufrió la Argentina. Son once biografías a partir de dos grandes ejes: la pasión por el fútbol en general y por Racing en particular y la pasión por la política o el compromiso social. El libro usa a Racing un poco como una excusa, aunque podrían ser hinchas de cualquier otro club, para intentar que el fútbol se vuelva una herramienta para que gente que por distintos motivos a quedado alejada de esta cuestión se arrime y pueda entender qué es lo que ocurrió en la Argentina”, comenzó relantando Scher, mostrando el objetivo de vincular la temática de los desaparecidos con el fútbol para que las personas que no están involucradas con lo que pasó durante el golpe militar del 1976 logren inmiscuirse en esos asuntos al menos por su fanatismo por el fútbol.

¿Por qué estas historias?

“Fueron cayendo un poco así al azar en el transcurso de la investigación. Cuando comencé conocía solamente dos casos, el de Roberto Santoro y el de Alejandro Almeida, y me propuse contar once historias por lo que significa el número once para cualquiera que es futbolero. Es la posibilidad de jugar en equipo, de ser un rato felices con otros. La verdad que no sabía cuántos casos iba a encontrar porque no hay clasificaciones de los compañeros desaparecidos según de qué cuadro eran hinchas. No sabía si iba a encontrar dos o dos millones. Las primeras once historias en las que no solo encontré el caso sino que después pude dar con los testimonios de familiares, compañeros y amigos, son las que figuran en el libro. Después en la introducción hay nombrados diez casos más y antes de la salida del libro, que fue en la primera o segunda semana de mayo, hasta acá aparecieron varios casos más que ojalá en algún momento puedan contarse. Creo que contar la historia de cualquiera de los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos es en sí mismo un acto de justicia”, le respondió Scher a Fernando Tebele en Radio La Retaguardia.

Scher explicó en torno a qué basó estas pequeñas biografías de fanáticos de fútbol con una militancia política y social muy comprometida: “El eje está puesto en la vida. Era lo que quería hacer. All Boys, que es uno de los clubes que ha hecho cuestiones para contribuir con la Memoria, la Verdad y la Justicia, tiene un mural en una de las ochavas de su estadio con los rostros de cinco socios desaparecidos y dice 'aquí fueron muy felices'. Un poco el espíritu de cada una de estas pequeñas biografías es reconstruir sus vidas desde la alegría, desde la pasión por el fútbol, desde la pasión por Racing, desde la pasión por la política y desde la pasión por vivir, básicamente”, dijo.

Las historias que narró el autor abarcan tanto a jóvenes como adultos y demuestran que más allá de las edades estaban unidos por un objetivo en común y también los guiaba la misma pasión por los colores: “La historia del Turco (Jorge Cafatti) es muy conmovedora: su pasión por Racing, por su barrio, por su gente y el amor con su familia. Forma parte de los tres o cuatro casos de gente 'más grande'. El resto eran chicos muy jóvenes cuando fueron desaparecidos como Gustavo Juárez, que era alumno del Colegio Nacional Buenos Aires y lo desaparecieron con 19 años. También al hijo de Taty Almeida (Alejandro Almeida) que tenía 20. La verdad que medio por una cuestión de suerte quedó bastante variada la muestra de once casos, sin que fuera hecha a propósito. Me parece que cada una de las historias, con sus particularidades, permiten entender un poco cómo es que esa generación, o más que una generación, tuvo el compromiso que tuvo y la voluntad de construir un mundo más justo”, manifestó.

En Los desaparecidos de Racing también aparece la historia de Jacobo Chester, quien fue torturado por el represor Luis Muiña, el genocida que obtuvo el beneficio del 2x1: “Zulema, su hija, que tuvo la enorme generosidad de charlar conmigo para poder construir la biografía de su papá, recuerda perfectamente que Luis Muiña integraba el Grupo de Tareas del centro clandestino de detención que funcionaba en el Hospital Posadas. Ingresó a su domicilio para secuestrar a su papá. Todo esto nos da bronca y nos parece aberrante, no solo a nosotros sino a las miles de personas que salieron a manifestarse después del fallo de la Corte Suprema. Jacobo Chester, por lo que cuentan sus amigos, sus familiares y sus compañeros de trabajo, era un fenómeno haciendo relaciones públicas. Jacobo no era un fotógrafo ni mucho menos. Era un gran hincha de Racing y él simulaba ser fotógrafo para poder meterse en la cancha y estar cerca de sus ídolos”, narró Scher, adelantando intimidades de la vida de los personajes reales de su libro.

Uno de los primeros que se animó a introducir el fútbol en los libros fue Roberto Santoro con Literatura de la Pelota. Heredando su intención, Julián Scher lo incluyó en su libro y reflexionó sobre lo que conoció de él: “Desde chiquito mi papá me explicó dos cosas: que Santoro era de Racing como nosotros y que tenía claro quiénes eran los hijos de puta, como nosotros también. Era medio imposible no adentrarse en la historia de él. Siempre supe que Santoro era de Racing pero no me imaginé que Racing había ingresado a su vida mucho antes que la poesía y la literatura, mucho antes que la política. Sus papás eran muy de Racing, su tío también y eso lo llevó a cometer un acto entre la imprudencia y la locura. En su propia luna de miel dejó abandonada a su mujer durante unas horas y se fue a ver a Racing. No sé cuántos se animarían a hacer eso. Yo tenía claro, como cualquiera de nosotros, que para la inmensa mayoría de los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos la política era un fuego y una pasión determinante. Lo que no tenía tan claro es que en muchos casos, más allá de que acá son once, el fútbol también consistió una pasión muy importante que se mamó desde chico y era una identidad afectiva de tremenda potencia como nos sigue ocurriendo a muchos todavía hoy” admitió Scher.

Presentación del libro en la cancha de Racing

“El viernes 14 de julio a las 19 horas lo vamos a estar presentado en la mismísima cancha de Racing. Me parece algo importante, no solo por lo que significó Racing para cada una de estas once historias, sino porque más allá de los reproches que se le puedan hacer o los estudios de por qué el fútbol en general y los clubes en particular hicieron menos de lo que podrían haber hecho por construir Memoria, Verdad y Justicia, me parece que todavía es mucho lo que pueden hacer en esta batalla todavía vigente por explicar qué es lo que pasó en el país. Me parece simbólico que podamos presentar el libro en esa cancha donde muchísimas veces estos once compañeros fueron muy felices” cerró Julián Scher, reflexionando sobre la importancia que tiene que desde lugares tan masivos como el fútbol se le dé relevancia a los derechos humanos y se denuncien los horrores que cometieron los militares en la Argentina.

El libro Los desaparecidos de Racing fue editado por Grupo Editorial Sur. Puede conseguirse en la cancha de Racing y en las librerías que figuran en las redes sociales del libro: Facebook: Los Desaparecidos de Racing. Instagram:@Los desaparecidos de Racing. Twitter:@DesaparecidosRA

martes, 15 de noviembre de 2016

El caído del cielo" recrea la historia de un militante del ERP convertido en santo popular

“El caído del cielo”, un filme de Modesto López se estreno ayer jueves en el Gaumont, y estará en cartelera una semana, narra la increíble historia de Tomás Francisco Toconás, un campesino tucumano que en 1975 se unió a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo y fue convertido en santo popular por los pobladores de la localidad santiagueña de Pozo Hondo, lugar donde su cadáver fue arrojado desde un helicóptero militar tras haber sido torturado.

A través del mito nacido en Pozo Hondo, López se aboca a la búsqueda de la identidad de aquel militante popular secuestrado por las Fuerzas Armadas en pleno Operativo Independencia y lanzado desde el cielo -tal vez como advertencia del horror que se avecinaba en la Argentina-, mientras sus hijos quedaban en la calle y su esposa era sistemáticamente violada y obligada a lavar la ropa de sus secuestradores.

Sin saber de quién se trataba, los pobladores del lugar convirtieron al caído del cielo en un santo popular, a quien le iban a rezar para pedir deseos y milagros, pero 37 años después un grupo de antropólogos forenses fue convocado para investigar la verdadera historia y darle identidad a los restos de quien en vida fuera Tomás Francisco Toconás.

“Toconás era un hombre muy humilde, cortador de leña, que vivía con su mujer y sus seis hijos cerca de un río pegado a Santa Lucía, en Tucumán. Me llamó mucho la atención que los militares se ensañaran tanto con un hombre tan humilde y su familia, ya que le quemaron el rancho, a la mujer la violaron permanentemente, y para sembrar el terror en la zona lo tiraron desde un helicóptero”, recordó López en diálogo con Télam.

“En general uno habla de los grandes héroes latinoamericanos, pero pocas veces se habla de estas personas desconocidas que dieron su vida por un futuro mejor y que ayudaron a que esos héroes existieran. Toconás fue un héroe anónimo, que todos los días contribuía a mejorar las cosas, gente que a veces no vemos, pero vive y sueña. Quería destacar que, cómo él, muchos desconocidos trabajan por hacernos la vida un poco mejor”, afirmó