Mostrando entradas con la etiqueta campana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta campana. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de enero de 2018

Testimonio de Edu Nach : "Perdimos y seguimos perdiendo, pero como dice Nora Cortiñas: Venceremos"

Lo dijo Eduardo Nachman, que declaró en el juicio conocido como “Cuatrerismo-Brigada Güemes”. Hijo del actor Gregorio Nachman, secuestrado el 19 de junio de 1976 en Mar del Plata. En este juicio se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención Puente 12, Protobanco y en la Comisaría de Monte Grande. Eduardo dialogó con Fernando Tebele y María Eugenia Otero en el programa Oral y Público que se emite por Radio La Retaguardia y contó las sensaciones después de dar su testimonio por primera vez. Edu invita al teatro en Mar del Plata para ver Nachman por Nachman. (Por La Retaguardia)

Foto: Gregorio y Eduardo

En este nuevo juicio, que comenzó el 12 de octubre de este año, se investigan los crímenes contra la humanidad de 125 víctimas cometidos en Puente 12, Cuatrerismo-Brigada Güemes, durante noviembre del ’74 y febrero del ’77, y en la Comisaría de Monte Grande entre julio del ’76 y octubre del ’78. Están imputados nueve genocidas, entre los que se encuentra Miguel Etchecolatz, ya que otros cinco fallecieron antes del inicio del juicio y uno fue apartado por incapacidad. El proceso está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°6 y se desarrolla en la Sala AMIA de Comodoro Py. Allí declaró Eduardo Nachman el secuestro de su padre, un testimonio muy completo que contó con la reconstrucción de sobrevivientes que compartieron cautiverio con Gregorio: “Estoy bien, conmovido. Por una parte contento por haber dado el testimonio y honrado la memoria de mi viejo, pero me sigue conmoviendo y emocionando ese recuerdo. El testimonio fue fuerte y contundente a pesar de las muecas de los abogados de los genocidas y torturadores. Fui con pruebas muy relevantes de los testimonios de los que estuvieron detenidos con mi viejo. Él estuvo en Brigada Güemes, ahí en Puente 12, Cuatrerismo y Protobanco, toda una serie de casas de tortura, muy cerca de Ezeiza. Lo secuestraron el 19 de junio del '76 en Mar del Plata. Fue trasladado rápidamente a Banfield, Provincia de Buenos Aires, junto a un grupo grande de marplatenses secuestrado el mismo día. Ahí fueron distribuidos a distintos centros clandestinos de detención”, expresó Nachman en el programa de los juicios a los genocidas que conducen Tebele y Otero por Radio La Retaguardia.

El testimonio de Eduardo fue muy completo y contó con documentación muy concreta. El trabajo de reconstrucción de los hechos que comenzó su madre fue continuado y plasmado en este juicio por Nachman hijo, que más allá de la emoción, se fue contento por la contundencia del relato: “La reconstrucción tuvo que ver con el orden de los testimonios que fueron llegando a partir de los años. Fue cuestión de leerlos nuevamente y ordenarlos. Eso golpeó bastante a los abogados de los genocidas porque no esperaban que yo lleve incluso los habeas corpus y las notas de rechazo de la Brigada de Investigaciones de Mar de Plata, de la Base Naval, de la Policía, que yo guardaba. Yo ordené los papeles que dejó mi mamá. Felizmente, esos testimonios se acomodaron bastante. Tal es así que no hicieron ninguna pregunta en el juicio y los jueces estaban contentos de tener esa documentación. Yo tenía los papeles de la Comisión Internacional de Derechos Humanos que vino en el '77. También eso ayudó a mi testimonio sobre la detención de mi viejo”, contó.

Para Nachman, la razón del traslado de la ciudad costera donde fue secuestrado su papá hacia los centros clandestinos de detención del Conurbano tuvo que ver exclusivamente con el deseo y la necesidad de control del Jefe de la Policía Bonaerense durante la dictadura militar: “(Miguel) Etchecolatz manejaba todo. Evidentemente los quería más cerca. En Mar del Plata hubo varios centros clandestinos de detención, pero fueron de traslado, salvo El Faro y la Base de Submarinos, que era base de tortura y de traslado. Mar del Plata tuvo más de 200 secuestrados, en una población bastante chica, y casi todos fueron trasladados”, agregó.

El testimonio

Nachman pudo reconstruir no solo por qué centros de detención pasó su padre sino que también conoció algunas de sus sensaciones y comportamientos dentro del horror, gracias a los valientes relatos de sobrevivientes que compartieron cautiverio junto a Gregorio: “Me significó una emoción bastante profunda de nuevamente recordar a mi viejo, pero en la peor circunstancia y dando testimonio de un sobreviviente que dijo que mi viejo era muy amable adentro; que se enfermó y lo mandaron a operar. Después, otro testimonio decía que era muy amable y muy macanudo y que en determinados momentos lo vio demente producto de las torturas. Eso duele. Duele la deshumanización que sufrieron mi viejo y los demás compañeros. Pero bueno, honrando la memoria. Cuando nosotros decimos Juicio y Castigo como consigna es una tarea. A pesar de la desconfianza que uno supone en esta justicia, tampoco hay que abandonar esta trinchera. No digo que sea la única, no digo que sea la mejor, de ninguna manera. La mejor sabemos que es en la calle, pero no vamos a abandonar esta trinchera”, aseguró Nachman, valorando la continuidad de los juicios a los genocidas y asegurando que la lucha para conseguirla está en la calle. La investigación que realizó fue exhaustiva y contó con detalles de precisión para lograr la condena de los represores: “Hubo datos que conocí a partir de leer bien los testimonios que tenía viejos. Uno, anónimo, que había llegado apenas se creó la Conadep. Otro, en 2007, de un sobreviviente. Son datos que tenía y que los volví a leer y ordenar. Por otra parte, en el juicio por la verdad en Mar del Plata me enteré que el secuestro, en un Peugeot 504 verde claro, lo ejerció José Francisco Bujedo, suboficial de inteligencia en la Marina. Era un árbitro de fútbol afamadísimo en Mar de Plata y en distintos lugares. Ya fue condenado y goza de prisión domiciliaria que burla con frecuencia”, dijo Eduardo con la indignación a cuestas.

El hijo de Gregorio Nachman confesó en la Retaguardia que la emoción no le permitió decir todo lo que hubiese querido durante su declaración. De todos modos, compartió el cierre de su de testimonio y la referencia a una de las máximas exponentes en la defensa de los derechos humanos en el mundo: “Nosotros perdimos. Yo perdí a mi papá. Perdimos un director de teatro, perdimos al papá de mis hermanos, perdimos a los compañeros, perdimos a los 30 mil. Perdimos y seguimos perdiendo. Pero hay que aprender de una frase que dice Nora Cortiñas cada jueves en la Plaza de Mayo: Venceremos. Es un desafío y esperanza. Tiene que ser una lucha, no de esperar sino de trabajar en función de ello. Esa es la tarea, vencer”, reprodujo Eduardo.

‘Gregorio por Nachman’

Por último, Eduardo invitó a ver la obra teatral galardonada con diferentes premios (entre ellos el Estrella de Mar el verano pasado) que se presenta en Mar del Plata y homenajea a su padre, Gregorio: “Los espero en el Séptimo Juego, un centro cultural y teatro muy bueno en la calle Bolívar, Mar del Plata. Vamos a dar ‘Gregorio por Nachman’, una obra que hicimos y seguimos recibiendo premios. No solamente rompimos con el Estrella de Mar, sino que seguimos rompiéndola. Rompemos la paciencia de muchos también, pero ganamos el premio Vilches y nos acaban de premiar con el premio Teatro del Mundo. Seguimos cosechando premios que son mimos y vale la pena recordar; Hacer un biograma recordando a mi viejo todos los domingos. Próximamente estrenaremos la película. Estamos juntando testimonios muy valiosos de gente que estudió o hizo teatro con mi viejo y de muchos artistas que laburaron con él”, contó Eduardo Nachman.

lunes, 20 de mayo de 2013

Procesados los Asesinos del Periodista Augusto Carmona: Atisbos de Justicia

Escrito por Lucía Sepúlveda Ruiz  

A 35 años del asesinato de Augusto Carmona Acevedo, sus hijas Alejandra Carmona Cannobbio, y Eva María Carmona Sepúlveda junto a la madre de Eva, la periodista Lucía Sepúlveda, y la abogada Alejandra Arriaza, dieron a conocer el auto de procesamiento de los oficiales y suboficiales de ejército y una mujer civil involucrados en el homicidio del periodista. Carmona fue acribillado por la espalda por esos agentes el 7 de diciembre de 1977, cuando ingresaba a su domicilio en Barcelona 2524, San Miguel. El Colegio de Periodistas de Chile se hará parte del juicio, anunció su presidente Marcelo Castillo Sibila.

La CNI difundió el asesinato del periodista como “muerte en enfrentamiento”, versión ampliamente difundida por los medios de la época, argumentando que resistió la detención a balazos en la puerta de su casa, que había sido ocupada por los esbirros horas antes de la llegada del periodista, al igual que el personal a bordo de unos 20 vehículos estacionados en el sector aledaño a la vivienda, según consta en el proceso.
El ministro de fuero Leopoldo Llanos encargó reos como autores del delito de lesa humanidad al ex general de ejército Odlanier Mena Salinas, director de la Central Nacional de Informaciones CNI, junto a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; Enrique Sandoval Arancibia, ex mayor de ejército, y Luis Torres Méndez, ex coronel de ejército. También están encausados como autores los ex suboficiales de ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata, junto a Teresa Osorio Navarro, empleada civil de la Armada. Otros agentes involucrados en el asesinato ya fallecieron.
El ministro Leopoldo Llanos calificó el asesinato como delito de lesa humanidad porque según el derecho penal internacional fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida a una parte de la población civil, con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado.” Tras la investigación, concluyó que hay presunciones fundadas para encargar reos a los imputados y ordenar su detención por constituir un peligro para la sociedad.
Gotas de justicia
El proceso original lo instruyó la fiscalía militar, que en 1993 sobreseyó la causa aplicando la amnistía. Una nueva querella contra “Augusto Pinochet y quienes resultaran responsables”, entablada por la familia en 2003, activó una investigación del ministro de fuero Alejandro Solís, recientemente jubilado.
La encargatoria de reo es apenas el primer paso hacia una sentencia que marque el fin de la impunidad, dijo Lucía Sepúlveda. Ante la demora en la adopción de resoluciones judiciales la familia exigió que al menos en esta fase la justicia no dé lugar a artilugios legales de los reos.
“Valoramos que la investigación califique el crimen como de lesa humanidad e incluya al máximo responsable de la CNI, Odlanier Mena como autor del delito, junto a los miembros de la Brigada Azul, encargada de la represión al MIR”, manifestó la abogada Alejandra Arriaza.
Los agentes que declararon en el proceso aseguraron que desde el reemplazo a mediados de 1977 de la DINA por la CNI, la nueva policía secreta de Pinochet, todos los operativos de exterminio debían tener la autorización previa de Odlanier Mena que asumió como director.
Mena, quien permaneció en el cargo hasta 1980, constituyó equipos operativos de su plena confianza y reorganizó los antiguos grupos Halcón de represión al MIR. Una de estas nuevas pandillas, la Brigada Azul, llevó a cabo la ejecución de Augusto Carmona, supervisada por Krassnoff y bajo el probable mando operativo de Provis.
Mediante la detención y tortura de tres militantes del MIR, dos de ellos también periodistas, en Villa Grimaldi la CNI obtuvo información que les permitió ubicar el domicilio de Carmona. Este asesinato fue el macabro debut de Mena, ex embajador de la dictadura en Uruguay, y el último operativo contra el MIR del que fue responsable Krassnoff, antes de su destinación a la Academia de Guerra.
Los hechos
El crimen, que ocurrió bajo estado de sitio y fue presentado como “enfrentamiento” por los medios de comunicación de acuerdo a la versión oficial, fue acogido por el informe Rettig (Comisión de Verdad y Reconciliación, 1991) sobre la base de los testimonios presentados. Ese relato de los vecinos ahora se convirtió en “verdad jurídica”.
Los testigos del vecindario reiteraron al tribunal que una veintena de vehículos rodeó la manzana. Los agentes de la policía secreta allanaron el domicilio de Augusto Carmona en Barcelona 2425, San Miguel, y la casa contigua, aproximadamente a las 20.30 horas, disparando desde el interior. Luego ordenaron a los vecinos irse a sus casas y permanecieron esperando al interior del inmueble. Cerca de medianoche dispararon una ráfaga de metralleta en el preciso instante en que Carmona intentaba abrir la puerta de su casa.
Los agentes lo ingresaron al interior de la casa arrastrándolo desde la acera. Compareció en el lugar el fiscal militar de turno, que ordenó un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones presentes en la escena del crimen. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola portada por Carmona estaba con seguro, por lo tanto era evidente que no hubo un enfrentamiento. Al sitio llegó más tarde el propio director de la CNI, en su vehículo, un Volvo del año, según declaró Juan Arancibia López, uno de sus choferes.
Perfil de los criminales
Odlanier Mena Salinas fue condenado en 2008 a 6 años por los secuestros de Óscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caso Caravana de la Muerte, episodio Arica, 1973) y obtuvo salida de fin de semana de viernes a domingo.
Miguel Krassnoff cumple condenas efectivas de cárcel por 103 años, sin beneficios hasta ahora. Al igual que Mena, permanece en el penal Cordillera, denominado “siete estrellas” por las comodidades de que disponen. Encabezó la represión al MIR, utilizando tortura, desaparición forzada y técnicas de guerra sicológica.
Enrique Sandoval Arancibia fue condenado a 10 años y 1 día como autor de la muerte de Luis Pantaleón Pincheira Llanos, Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, Luis Nelson Araneda Loayza, todos ellos militantes del MIR, y Juan Ramón Soto Cerda, socialista en Las Vizcachas (1981), y hasta entonces cumplía en libertad la pena de 5 años por el crimen del niño Carlos Fariña Oyarce, de 13 años.
Manuel Provis Carrasco fue condenado a 5 años y un día por los delitos de asociación ilícita, secuestro y posterior homicidio en Uruguay (1995) del químico Eugenio Berríos, ex agente de la dictadura de Augusto Pinochet. También tiene dos condenas a firme que suman 8 años por el asesinato del mayor Gerardo Huber (1992), sin embargo, hasta el mes pasado permanecía en libertad. Fue jefe del disuelto Batallón de Inteligencia del Ejército.
José Fuentes Torres, “El cara de santo” o “Marco Cruzat” cumplía en libertad condena a tres años como autor del secuestro de Mireya Pérez Vargas, y está procesado por su participación en la Operación Colombo (caso de Los 119 desaparecidos).
Luis René Torres Méndez alias “Negro Mario”, estaba en libertad condicional, procesado por su participación en secuestros en la Operación Colombo, Operación Cóndor y las detenciones de calle Conferencia.
Teresa Osorio Navarro, “Chica Tere”, está procesada por Operación Colombo y por calle Conferencia. Libre al momento del procesamiento.
Basclay Zapata Reyes, “El Troglo”, cumple condena en Punta Peuco por once secuestros y el homicidio de Lumi Videla. Procesado por Operación Colombo.
¿Quien fue Augusto Carmona?: un periodista de trinchera
El periodista Augusto Carmona Acevedo, “El Pelao”, para sus amigos y colegas, “Oslo” para sus compañeros del MIR,  fue acribillado por la espalda  por efectivos de la Central Nacional de Inteligencia en 1977, cuando tenía  38 años, y dos hijas, de entonces 3 y 12 años.  Pero sus seis nietos jamás pudieron conocerlo. La trampa mortal se activó cuando Carmona intentaba ingresar a su casa en el barrio santiaguino de San Miguel, en Santiago de Chile,  al atardecer del 7 de diciembre, con el país en dictadura y estado de sitio. Hoy tendría 74 años. 
Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, en 1973, Carmona había sido elegido jefe de prensa del entonces Canal 9 de TV de la Universidad de Chile, ocupado por sus trabajadores.  Fue  redactor político del noticiero “NueveDiario” durante diez años. Escribía  asimismo en la revista Punto Final y reporteó para ambos medios noticias como la muerte del Ché Guevara en Bolivia, y las luchas obreras y campesinas en Chile, además de cubrir las noticias del Congreso chileno. El año 1973 fue además jefe de prensa de la emisora del MIR, Radio Nacional.  Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con su pueblo, como Augusto Olivares y José Carrasco Tapia, con quienes tuvo gran cercanía.
Luego del golpe militar, dejó atrás el periodismo tradicional para abrazar los riesgos de la lucha de resistencia, pese a que había sido sometido a una compleja operación al corazón.  Era miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, y de su dirección máxima en Chile. Por sus amplios contactos y su carácter amistoso, y no sectario, era el responsable de las conversaciones del MIR con dirigentes de la izquierda y la democracia cristiana orientadas a crear un frente de resistencia antidictatorial.
Periodismo en la clandestinidad
El profesional contribuyó decisivamente a la creación de una red de comunicaciones,  integrada por periodistas hombres y mujeres,  que recogían testimonios de familiares de presos,  torturados y desaparecidos cuando imperaba la censura absoluta. Los boletines se enviaban clandestinamente al “Correo de la Resistencia”, en México y las denuncias alimentaban igualmente a El Rebelde, el periódico del MIR. La mayoría de los periodistas de reconocida militancia de izquierda estaban en campos de concentración, habían sido asesinados, estaban cesantes o se habían exiliado. No existía prensa de oposición y todos los periódicos de izquierda habían sido clausurados.
La forzosa quietud de la clandestinidad había permitido al “Pelao” asumir junto a su pareja, la también periodista Lucía Sepúlveda, el cuidado y crianza de su hija Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención. Sus amigos lo describían como “cebollero”, amigo del tango, los boleros y la bohemia. Para el padre, la ausencia de su hija mayor, Alejandra, exiliada en Alemania con su madre, era muy dolorosa.
Egresado del  Instituto Nacional, junto a amigos  de la promoción 1957 como Antonio Skármeta, Grinor Rojo,  Douglas Hübner, Manuel Silva, y  Raúl Sotomayor, entre otros, el Pelao Carmona egresó de periodismo y bibliotecología en la Universidad de Chile. Luego de ser elegido jefe de la toma de Canal 9, escribió en la revista  Punto Final: “La derecha odia a Canal 9 porque damos preferencia a las noticias y posiciones de los diversos sectores del pueblo, atacamos sin clemencia al imperialismo y usamos un lenguaje duro contra la reacción...”
Sus padres, del barrio Las Rejas de la capital, fallecieron tempranamente, destrozados por el asesinato del hijo a quien la prensa de la dictadura llamó “terrorista”.

lunes, 13 de mayo de 2013

Testimonios con emoción y contundencia en el juicio de Rawson

Llanto desde Suiza: un testigo se quebró en su declaración

Ricardo Ipuche declaró desde Berna y conmovido, reclamó justicia casi a los gritos ante los jueces. Quedan tres testigos y luego, turno de alegatos.

Llanto. En el televisor, Ipuche quebrado en Suiza mientras el tribunal mira en silencio y la jueza D´Alessio se tapa la boca con la mano.
Por Rolando Tobarez

“¡No se puede tratar así a la gente!…¿cómo le puedo explicar? ¡Pasaron 38 para que ahora me vengan a preguntar si violaron o no los derechos humanos! ¡Yo estuve dos años sin juicio y sin proceso! ¡Esa es una violación de los derechos humanos!...caramba…¡no pueden tratar así a la gente!…”.

Sobre el final de su testimonio, Ricardo Ipuche le gritó este párrafo al tribunal y no pudo más. Lloró como un nene en un aullido desgarrador. Se cubrió con ambas manos el rostro rojo de bronca y se quebró, desconsolado, ahogado de saliva, sin vergüenza alguna.

Los magistrados que decidirán sobre la muerte de Mario Abel Amaya y las torturas contra Hipólito Solari Yrigoyen no supieron bien qué hacer, más que dejarlo descargarse. La jueza Ana María D´Alessio se tapó la boca. Nora Cabrera, presidente del tribunal, amagó un consuelo pero su colega Alberto Giménez pareció decirle “mejor no, dejálo”, con un gesto con la mano, rápido y oportuno. El testimonio había sido tranquilo y la explosión de emoción pareció descolocarlos.

Pasaron segundos eternos hasta que una empleada de la Embajada Argentina le dio un vaso de agua y debió llevárselo, todo en vivo y en directo. Era una teleconferencia desde Berna, Suiza, donde Ipuche reside. Luis García, Osvaldo Fano y Jorge Steding, los imputados, oyeron sin gestos. Fue el clímax en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson.

Ipuche fue preso político en la Unidad Nº 6, a causa de su militancia en el Partido Comunista de Neuquén. No vio ni a Solari ni a Amaya. “Pero sabíamos que los habían torturado y que Amaya pedía a los gritos que se lo lleven porque se estaba muriendo”. Traje blanco, corbata y camisa de colorado furioso, el testigo explicó que ningún guardia pudo vejar a nadie en ese penal sin la autorización de su jefe.

Tras el golpe de 1976, el régimen se volvió más represivo en la U-6. “Todo se volvió mucho más violento, con controles más severos y reglas más enérgicas”. Los guardias escupían en la comida o metían el borceguí en el plato. “Querían quebrarnos psicológicamente y tratar de que todo el día hubiese tensión”, interpretó.

Fue interrogado en la cárcel rawsense por un oficial del Ejército. “Me preguntó mucho sobre mis camaradas hasta que cerró la carpeta y me dijo ´No tenemos nada contra usted´”. Pero no lo liberó ni aceptó que el militante se vaya por la puerta de entrada. Ipuche prefirió dos años de cárcel antes que le perdonen un delito que no había cometido.


Stubrin, García y Suárez, los tres últimos testigos
Videoconferencias hoy en Rawson.
Desde Suiza. Carrara escucha la pregunta de la jueza Monella de Cabrera, que aparece en un segundo plano.
Hoy será el último día de testigos en el juicio en Rawson. Desde las 10 y por videoconferencias declararán el conocido dirigente radical Marcelo Stubrin, que estuvo en el primer velatorio de Mario Amaya; José Suárez, el empleado de la funeraria que trasladó su cadáver desde Villa Devoto, y Margarita García, exempleada del Hospital de Trelew, que podría comprometer la situación del médico Luis García. Tras sus relatos se definirá la fecha para los alegatos, en la recta final del proceso.

Hay tres testigos que aunque fueron notificados por el tribunal, ya no se presentarán. Se trata de los peritos médicos Daniel Corach, Luis Bossio y Enzo Canonanco. Los fiscales consideran que como la parte que les tocaba decir ya está documentada en la causa, no será necesario que hablen ni extender el cronograma.

"Era el jefe"

Ayer la ronda de testigos la completó Santiago Carrara, preso en la Unidad 6 desde enero de 1975 hasta fines de 1982. Recordó especialmente al imputado y exjefe de requisa Jorge Steding. “Era el que más contacto tenía con los presos. Nos obligaban a correr al baño para pegarnos con palos y puntapiés. Una vez me negué y me arrastraron y me pegaron hasta el baño. Él era el jefe y vio todo hasta que pidió que dejen de pegarme, que ya estaba y me llevaran al calabozo”. Alguna vez también vio al extitular del penal, Osvaldo Fano, acercarse a la reja por una visita.

Carrara supo por otros presos de la llegada de Amaya al penal y de la feroz golpiza de su bienvenida. “Era lo normal y estoy totalmente seguro de que fue así”, le dijo al tribunal. Recordó que para las autoridades del penal, ese presidio era sólo “otro frente de combate” y no un lugar más para alojamiento de presos.

Luego del golpe militar, “cualquier intento de conversar, convidar un mate o caminar con más de un compañero en el recreo era sancionado”.

Para el Guiness

Según Carrara, “se cortó toda posibilidad de convivencia y en ocasiones nos obligaban a estar parados o acostados durante horas en la celda”. Cada tanto los interrogaban para buscar “definiciones políticas” de parte de los presos políticos.

La cosa se alivió algo con la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Cruz Roja, que pusieron en aprietos a los jefes del penal. “Pero si se juntara la lista de detenidos con la lista de sanciones que hubo por cualquier cosa, seguro sería un Récord Guiness.

lunes, 29 de abril de 2013

En memoria de Raúl Sendic (1989 - 28 de Abril - 2013)

Escribe Carlo Revello*

En estos días hace fecha de la muerte de Raúl Sendic. En vida fue el líder indiscutido -ante la militancia y las masas- del Movimiento deLiberación Nacional (Tupamaros).

Pertenece Sendic a una generación politica de la izquierda latinoamericana que influídos por la revolución cubana, pretendieron desde la izquierda tradicional-de la que provenía- abrir nuevos caminos. Algunos de esos hombres desde susrealidades nacionales se conocieron y compartieron una voluntad común. Hoy, algunos novedosos, pretenden insínuar que todos aquellos hombres eran utópicos. Cambiar en América Latina -todas y cada una de nuestras patrias- la miseriade nuestros compatriotas, era un utopía!!!
En vida, -con aquellos precursores- sus contemporáneos fueron aún mas crueles.Sendic, en el Partido Socialista del cual provenía era "un trozco",ante ciertos miembros de Comités Centrales hoy olvidados, plagados de nombres de los cuales la historia ni recordará..

Era, Sendic, un hombre de origen rural. Pertenecía a una estirpe de paisanos que en Uruguay se remonta a nuestros primeros orígenes. El pastor aquerenciadoal pago y a la tierra, siete oficios por naturaleza. Después, jóven aún, llegó a la Universidad y allí en relación con otros jóvenes llegó al ideal socialista. El socialismo se convirtió en la causa de su vida.Vivió con otrosla reflexión de un mundo nuevo que materializaba al fin de la segunda guerra mundial, cuando las antiguas colonias hacían sus experiencias revolucionarias. China ,Egipto, India fueron durante un tiempo el foco de sus reflexiones. No olvidó sin embargo a los criollos de sus pagos del interior. Leguizamón-un hombre que hoy pocos recuerdan- le enseñó los rudimentos de la organizaciónde los asalariados de los arrozales. Después empezó su vida de organizador desindicatos rurales. Intelectual por formación y por talento personal, despreciósiempre el relumbrón de los círculos académicos. Particularmente las discusiones de café que no implican compromiso.
Cuando después del fracaso de la revolución boliviana, otra revolución, lacubana despuntó en el horizonte de América, Sendic -como muchos otros en todoel continente- supo distinguir en aquel movimiento rasgos peculiares de algonuevo, auténtico.

Aquella revolución, dió nuevos impulsos a sus actividades prácticas de organizador rural. Un sector de ese asalariado golondrina que recorre el paísde cosecha en cosecha, atrajo su atención. Dentro del mismo, un núcleo, loscañeros de Artigas fue el centro de sus actividades. Allí centró sus esfuerzosde organizador hasta crear la Union de Trabajadores Azucareros de Artigas(UTAA).

Coexistían entonces en Uruguay, al lado de un proletariado industrial y urbano, alfabetizado y con experiencia organizativa que se remontaba a más de 100 años,los asalariados rurales. En el campo no existían para esos peones, jornaleros y zafrales las relaciones capitalistas de producción. No se había llegado a laeconomía monetaria. En los cañaverales se pagaban con bonos y con chapas acanjear después, para las necesidades diarias, en las tiendas de ramosgenerales de las empresas. El peón rural, el jornalero, era explotado como productor y esquilmado como consumidor. Para solidificar aún más, el lazo de lasumisión en los establecimientos los patrones recurrían a los capangas, asesinos a sueldo, encargados de eliminar -desde el comienzo- cualquier brotede organización de los explotados. El resto lo hacía la ignorancia, e lanalfabetismo, el clima general de chatura cultural, las enfermedades sinatención, los prejuicios largamente asentados en todo medio rural.

Marchó Sendic con sus cañeros, con su sindicato incipiente, en varias marchaspacíficas hacia la capital, hacia el Parlamento Nacional, en busca de una ley.Su programa inmediato entonces, era la expropiación de un latifundio improductivo:la firma Silva y Rosas. Y en esas marchas encontró siempre la violencia  fascista de los patrones democráticos, de sus policías y la corrupción de los políticos, también, democráticos. Pero Sendic no sólo encontró la violencia-natural- de los enemigos de clase. Topó también con la incomprensión de unaizquierda, dividida en discusiones sectarias, que entendía a contrapelo de lahistoria sindical del Uruguay real, que los sindicatos tienen que tenerbanderías políticas. Esa izquierda miraba con horror a los asalariados delcampo, sus combativos métodos de lucha, que antes -el mismo proletariadoindustrial urbano- había tenido que atravesar.
No todo fueron, sin embargo, sinsabores y desengaños. Las marchas cañeras, sulíder, -se marchaba -para rabia de muchos- "Por la Tierra y conSendic"- concitaba también aliados y simpatizantes. Al lado de loscañeros -justo es recordarlo- estuvieron algunos sindicatos. Y hubo tambiénmilitantes aislados de la izquierda y de los partidos tradicionales que supieroncomprender la justeza de la causa. Que maduraron políticamente en aquellasluchas.

De aquella influencia internacional que sacudía América Latina toda y de lasexperiencias concretas de la lucha uruguaya, el proceso, a cierta altura parió una organización política. Uno de aquellos pioneros ha escrito luego dela liberación una historia. Digamos, para hablar con franqueza, que es unahistoria donde al historiador más de un capítulo y demasiados episodios se lequedaron en el tintero. Y los intentos de hacer la historia completa, después,en varios tomos, esa, ya adolece de falsificaciones de conveniencia quetodos los militantes conocen.
Sendic fue, sin duda, el líder politico del MLN-Tupamaros. Lo fué sin quererlo,porque nunca tuvo pretensiones de ser timonel infalible, de esos que secelebraban en la izquierda tradicional. Desde el MLN-Tupamaros fue uno de los líderes de lo que hoy se denomina "nueva izquierda". Era unaiquierda que abandona concientemente el objetivo de la lucha Parlamentaria,porque entendía que con el endurecimiento de la lucha de clases y la crisiseconómica, en Uruguay, la democracia liberal parlamentaria que había engendradoel batllismo entraba en su crisis definitiva.

Sendic rechazaba también, cierta adulteración stalinista de la teoría de la organización política. No creía en el partido guía, en lucha constante y despiadada con todos los otros partidos de obreros o asalariados. Comprendía que ese había sido un rasgo obligatorio en la Revolución Rusa, pero nonecesariamente repetible. La izquierda, la tradicional y parte de la nueva,en sus enfermedades infantiles, no lo entendía así. Y hay -para los que lo nieguen- una copiosa y lamentable literatura al respecto.
En esa vertiente Sendic era un innovador. No hay de su pluma, escrito, ni unsolo artículo teórico contra el reformismo. Pero no vayan a creer los reformistas -que ayer lo denigraron- que se salvan por esos silencios.Sendic, estaba en otra, estaba en hacer la historia y no tenía demasiado tiempo para disquicisiones teóricas futiles, artificales y rebuscadas.

Desde la dirección colectiva del MLN-Tupamaros lanzó la lucha armada enel Uruguay. La insólita experiencia de la guerrilla urbana. De la cualdespués se nutrieron tantos en otras partes. Y sin embargo, su experiencia deguerrilla urbana, no fue foquismo. En el foquismo estaban otros, los quelo crearon, lo difundieron y lo proclamaron a través de cierto intelectualfrancés. Los mismos que después censuraron al Che Guevara porque convenía asus intereses del momento.
La experiencia revolucionaria del MLN-Tupamaros -la creación más brillante dela izquierda revolucionaria uruguaya- fue una experiencia de corta duración. Laacción y la vicisitudes -el enemigo también pelea- no permitieron aaquella experiencia una maduración tradicional y clásica. Y sin embargoaquella experiencia que tuvo errores y limitaciones -que son las únicas queexplican la derrota- está allí, marcando un camino para cualquiera quese plantee relanzar la lucha de los oprimidos en el Uruguay.
Sendic, en esa experiencia, tuvo el papel central de un precursor. Fue de losdirigentes que cayó con los que luchaban. Y con ellos padeció vejaciones ytorturas. Siempre con dignidad. Con esa indurable firmeza y constancia que lo separa de otros dirigentes que después han pretendido ser sus continuadores y sus herederos. Algunos de ellos hoy día han desandado el camino. Han vuelto ala poltrona parlamentaria. A hacer lo mismo que antes criticaron...

Pero la figura de Raúl Sendic, no se agotó en la lucha, la persecución y lasprisiones. Se agigantó aún más, después de la liberación. Entonces solo,planteó el frente más amplio, el programa que sus antiguos compañeros no seanimaron a seguir en su momento, pero que después han retomado, como si no hubiera pasado nada. Los mismos que cegados por sus limitaciones y suspasiones, por sus desencuentros y miopía le amargaron los últimos añostratándolo de "loco". Y enfermo ya, Raul Sendic dió,nuevamente, con hidalguía y coraje su última lucha. Revise -el que lo desee-sus últimos escritos. Son de una lucidez, de una inquietud, de un espíritu debúsqueda de caminos, impensable en una figura que algunos quisieronestereotipar en un guerrillero. Allí brilla el Sendic intelectual.

Despues murió. Solo, abandonado, en un hospital de Europa..
Se acostumbra -y es mala costumbre- cantar loas a los desaparecidos y engolarla voz. Con Sendic -el Bebe- más de uno se hace gárgaras en estos días. Fueantes que nada un luchador social. Inclinemos hoy día las banderas de lucha en homenaje a su figura, teniendo presente que solo en la lucha por una sociedad más justa sin explotados y sin explotadores está el verdaderohomenaje. Después debemos volver a levantar las mismas banderas porque la luchacontinúa. A Sendic seguramente le gustará el gesto y si viviera saludaría a lasnuevas generaciones con su sonrisa humilde para decirles como el Próspero de Rodó, alzando el brazo y la copa "Por el que me venza, con honor, envosotros".

*Escribe Carlo Revello, director de Radio Sur de Estocolmo.
Estas notas se difunden en radios de cercanía de Gotemburgo y Uppsala

sábado, 13 de abril de 2013

La fuga del portero de Almagro

Claudio Tamburrini disputaba en 1977 el puesto en la portería de Almagro cuando los militares le secuestraron. Escapó del centro de torturas después de 120 días de terrible cautiverio en el que soportó repetidamente las bromas de los guardias en forma de puñetazo al estómago: “¿Sos arquero?, atájate esta”.

María Cappa

Claudio Tamburrini comenzó a militar políticamente en la Federación Juvenil Comunista (una organización para jóvenes del Partido Comunista argentino) en el último año de instituto, en 1972, con apenas 18 años. Un año después ingresó en la universidad para estudiar Filosofía, lo que compaginaba con su trabajo como portero en Almagro, un club argentino de Primera B. “En esa época mis metas pasaban por tratar de llegar lo más lejos posible como jugador y doctorarme en Filosofía”, recuerda vía telefónica desde Suecia, donde vive actualmente.

Empezó a jugar al fútbol en un club llamado Ciudadela Norte y pronto pasó a las inferiores de Vélez Sarsfield. En 1975, a los 21 años, Tamburrini aterrizó en Almagro. Allí tuvo que competir por la titularidad con el histórico arquero del club, Hugo Piazza. La primera oportunidad le llegó tras una lesión del veterano portero que le había obligado a estar dos semanas de baja en las que Tamburrini había jugado dos buenos partidos. Durante la tercera semana, una vez recuperado Piazza, se había rumoreado que Claudio volvería a ser titular, algo que se confirmó en el partido entrenamiento previo al fin de semana.

Ese día iba a ser decisivo para poder pelear por los puestos de ascenso a Primera. Claudio tenía la cábala de marcar obsesivamente la posición de los postes raspando con los botines las líneas de cal de las áreas. Estaba ansioso por que empezara el partido. Jugaban de locales y se podía palpar la presión de la hinchada para que ganaran. Un empate los dejaba prácticamente fuera de la lucha. El partido estaba siendo muy trabado, lo que estaba siendo justamente reflejado en el 0 a 0 del marcador. Sobre la mitad del segundo tiempo pitaron una falta en el borde del área a favor del equipo rival.

La barrera de Almagro dejaba a Tamburrini sin poder ver siquiera al jugador contrario. Mientras rezaba para que tirara la pelota a la tribuna, vio venir al árbitro corriendo y gritándole: “¡Las medias, subite las medias!”. El reglamento de la época obligaba a tener los calcetines bien arriba. Cuando estaba todavía ocupado con la pierna izquierda, escuchó a un compañero decir: “¡Cuidado que patea!”. Su intuición lo empujó a volar hacia el palo izquierdo, pero no pudo evitar el gol. Sintió que le caía encima el peso del estadio entero. No se atrevía ni a mirar a sus compañeros. Los calcetines les habían supuesto perder el partido, las posibilidades de ascenso y, a Claudio, la titularidad.
El día del secuestro

El jueves siguiente del partido, 23 de noviembre de 1977, Tamburrini regresaba a casa de un entrenamiento muy exigido, en el que se había matado para demostrarle al entrenador que aún podía confiar en él. Cansado pero satisfecho, seguía dándole vueltas a esa maldita jugada. Después de comer tenía pensado revisar los libros de la facultad y algunos panfletos políticos que aún tenía dispersos por la casa. Se había mudado hacía dos meses y todavía quedaban muchas cosas por organizar. Nada más entrar llamaron a la puerta. “Se presentaron dos personas armadas que me preguntaban por mi identidad y, al responder afirmativamente, me llevaron a una camioneta con la excusa de que tenían que hacer averiguaciones”, declaró en el Juicio a las Juntas Militares en 1984.

Esa camioneta lo condujo a la casa de su madre, donde lo habían ido a buscar esa madrugada. Allí había aparcados otros dos coches. “El pájaro ha caído”, dijo por radio uno de los secuestradores. Inmediatamente después salieron varios hombres del interior de la casa y subieron a sus vehículos. “Uno de ellos me golpeó, me puso una capucha y me tiró al piso de la camioneta”. Cuando el vehículo se detuvo, veinte minutos después, lo introdujeron en una casa. “Me subieron por unas escaleras amenazándome y me preguntaron sobre supuestas conexiones relacionadas con mis actividades de índole política. En el primer piso me ataron a una cosa que pude sentir como un elástico de cama y comenzaron a torturarme el mismo día a la tarde, sobre las 14 horas”.

Habría tenido otra vida, que podría haber sido mejor o peor, pero no habría sido la mía. Que me secuestraran me sirvió para ser quien soy

El 24 de marzo de 1976 un ejército de militares armados, liderado por Rafael Videla y Eduardo Massera, dio un golpe de Estado que terminó con el Gobierno de Isabel Martínez, segunda esposa de Perón. Este régimen genocida, bautizado oficialmente como Proceso de Reorganización Nacional, se instauró para “eliminar todo foco subversivo que atentara contra el Ser Nacional”. Estados Unidos, que sabía que se produciría desde dos meses antes de ejecutarse, aprovechó el golpe para instaurar el neoliberalismo de la mano de Milton Friedman, bajo lo que Naomí Klein denominó La Doctrina del Shock.

“Se dieron dos situaciones paralelas que se complementaron”, explica Tamburrini. “Desde lo político, existía un movimiento de tendencia comunista que estaba cada vez más asentado. Los militares no lo toleraban y estaban convencidos de que su misión era salvar a la nación argentina. Por otro lado, económicamente, fue la excusa de EE UU para aplicar su sistema económico en un ambiente propicio para ello”. Friedman, ideólogo económico tanto de la dictadura de Pinochet como de la de Videla, recibió el Premio Nobel de Economía en 1976, por sus teorías sobre el libre mercado, y la Medalla de la Libertad de Estados Unidos en 1988.
120 días de cautiverio

Se ha reprochado mucho la actitud de los argentinos, a los que se acusa de haber mirado hacia otro lado durante aquella época, aunque Tamburrini lo niega. “La gente no era consciente de lo que estaban haciendo los militares en la clandestinidad. Te lo digo yo, que era militante”, cuenta. “Cuando me secuestraron no tenía ni idea del riesgo que corría. No podía ni imaginarme lo que hacían con los que chupaban. De hecho, durante la primera semana de mi cautiverio, estaba convencido de que, una vez que les explicara cuál era mi situación, me dejarían marchar”. Sin embargo, pasó 120 días retenido en la Mansión Seré, en Morón, provincia de Buenos Aires.

A pesar de los continuos malos tratos sufridos durante su cautiverio, bien con la picana eléctrica (a la que los torturadores denominaban “pequeña Lulú”), bien con constantes palizas, los primeros 15 días Claudio estaba especialmente preocupado por su carrera futbolística. “Estaba por cerrarse el libro de pases y me aterraba pensar que me podían dejar libre en Almagro por no presentarme y que no me daría tiempo a salir para fichar por otro club. Pasadas esas dos semanas comencé a tener una noción más realista sobre dónde estaba. Mi única obsesión era salir de allá”.

A pesar del terror con el que tuvo que convivir y de asumir la realidad de su situación, Tamburrini ni quiso ni pudo dejar de lado el fútbol. Hablaba mucho con algunos de los secuestrados sobre sus anécdotas como jugador profesional o sobre lo que esperaban de Argentina en el Mundial que se iba a jugar unos meses más adelante y que ya había comenzado a prepararse. También los militares se encargaban de recordárselo. Al poco tiempo de que lo secuestraran se abrió la puerta del cuarto donde estaba encerrado. “¿Quién es el arquero de Almagro?” Tamburrini se identificó. Pensó que le pedirían disculpas por haberse producido algún tipo de malentendido y podría irse. Entonces escuchó al militar decir entre risas mientras le pegaba un puñetazo en el estómago: “Si sos arquero, ¡atajate esta!” Una broma que se iba a repetir de manera recurrente.

Claudio compartía celda con Guillermo Fernández, Carlos García y Daniel Rusomano. Tras cien días de torturas, incertidumbre y terror, y después de saber que dos de sus compañeros detenidos habían sido asesinados, comenzaron a gestar un plan de fuga. Fue determinante que los torturadores descubrieran que las confesiones de Fernández durante las torturas eran falsas y lo amenazaran con matarlo en diez días si no les contaba algo que los satisficiera. Fernández asumió que estaba condenado dijera lo que dijera.
Decididos a fugarse

A Tamburrini, que sabía que la única forma de salir de allí con vida era escapándose, no tuvo que convencerlo. García y Rusomano, sin embargo, tenían innumerables dudas que generaron serias discusiones, y no se sumaron hasta que el plan de fuga ya estaba en marcha. Fue el 24 de marzo de 1978, en el segundo aniversario del golpe de Estado. Fernández había encontrado días antes un clavo que guardó, porque pensó que de algo les podría servir. Y así fue. Encajaba perfectamente en el hueco de la ventana de la celda, a la que le habían sacado el picaporte para que no la pudieran abrir desde dentro.

Aprovechando tres horas libres, entre el recuento de secuestrados de las doce de la noche y la supervisión de las tres de la mañana, Fernández se deshizo de las correas de cuero con que los ataban para dormir, se sacó las esposas (estaba tan flaco que no tuvo problemas) y abrió la ventana. Mientras Tamburrini se desataba y discutía con García, que estaba aterrado, Fernández sacó el alambre con que unían la doble persiana. Cuando consiguió abrirla se terminó la discusión. Comenzaron a atar las mantas que había en la celda con las correas de cuero y las tiraron por la ventana.

Rusomano se lanzó al balcón y bajó el primero. Lo siguieron Tamburrini y García. Fernández, que se había quedado el último para vigilar, tardó casi un minuto más en aparecer. Con el clavo había escrito en la pared: “Gracias, Lucas”. Era su forma de vengarse de uno de los militares más crueles que habían padecido. Desnudos, tres de ellos esposados, y bajo una intensa lluvia, corrieron hacia la calle en busca de un coche   que poder arrancar haciendo puente con el alambre de la ventana. Intentaron robar varios, pero estaban tan débiles que no pudieron romper ningún cristal.

Habían transcurrido más de dos horas. En breve se sabría que habían escapado y estaban a menos de un kilómetro de la Mansión Seré. Desesperados, decidieron cambiar la segunda fase de su plan. García y Rusomano se metieron en el garaje de una zona en construcción. Tamburrini corrió hacia el jardín de una casa que estaba en frente y Fernández fue hacia otra casa vecina y tocó timbre. Le contó a la señora que atendió que había acompañado a su novia a la estación de trenes que estaba en esa zona. Dijo que le habían robado y pidió que llamara a casa de sus padres. No atendió nadie. La señora le tiró por la ventana un pantalón y algo de dinero y le deseó suerte.

Fernández avisó a sus compañeros de que se iba a por ayuda y les prometió que volvería a por ellos. Tomó un taxi y se fue a casa de un tío suyo que vivía cerca. Desde allí llamó al padre de García y le dijo que, si quería ver a su hijo con vida, debía ir a buscarlo de inmediato. Entre tanto, Tamburrini salió de su escondite y fue al garaje, donde García y Rusomano le contaron lo sucedido. Alrededor de las tres y media de la mañana vieron que varios helicópteros sobrevolaban la zona mientras enfocaban las calles con sus reflectores. Por fortuna, una intensa tormenta les impidió continuar con las maniobras y abandonaron la búsqueda. Permanecieron varias horas más escondidos, sin moverse, hasta que al amanecer un coche aparcó en la puerta del garaje. García comenzó a gritar: “¡Papá, papá! ¡Es la voz de mi papá!”. El padre entró en el garaje, los llevó al coche y salieron de allí.

Tamburrini se refugió en diferentes casas de las que, durante tres meses, solamente salió para cambiarse de un domicilio a otro. Aterrado por el miedo a que pudieran reconocerlo abandonó el fútbol y comenzó a trabajar de cualquier cosa, desde taxista hasta basurero. A pesar de la paranoia, Claudio recuerda el festejo por la victoria de Argentina en el Mundial, sostenido paradójicamente por los militares, como el único momento en el que volvió a sentir algo de libertad. Después de catorce meses de una intensa angustia psicológica decidió marcharse del país. Por el puerto de Iguazú llegó a Brasil donde le dieron la condición de refugiado político y voló hacia Estocolmo.

“Cuando llegué a Suecia despareció el miedo”. En 1979, mientras aprendía sueco, contactó con el AIK, un equipo de fútbol de primera división. Llevaba dos años sin realizar ninguna actividad física y no estaba en buena forma. Decidieron mandarlo a su cantera, un equipo de la cuarta división, para que se entrenara. Pasado un año reconsiderarían su situación. “Trabajé durante un tiempo en ese equipo, pero en 1980 me notificaron que me habían aceptado en la facultad de Filosofía de Estocolmo. Fue la primera vez que me vi en la disyuntiva de escoger entre ambas actividades”.
Decepción con el fútbol sueco

Eligió Filosofía. “Primero por la falta de continuidad en el equipo. Pero sobre todo por una profunda decepción con el fútbol sueco por su falta de profesionalidad. Entrenábamos dos veces por semana y nos limitábamos a jugar once contra once un partido de 100 minutos. No había preparación específica para arqueros, algo a lo que yo estaba acostumbrado desde que jugaba en las inferiores. Fue tan mala la experiencia que decidí abandonar el fútbol y centrarme en mis estudios.”

Pasaron 13 años hasta que volvió a retomarlo. En 1994 accedió a jugar en un equipo latinoamericano de aficionados y cuatro años después comenzó a escribir ¿ La mano de Dios? Una visión distinta del deporte. Lo publicó la editorial Continente en el año 2000 y aborda el deporte desde el punto de vista ético. “Habla sobre cómo lo utilizan para exacerbar los sentimientos nacionalistas, sobre la admiración por las estrellas como síntoma fascistoide del desprecio al débil…Es filosofía del deporte. Ahí fue cuando volví a hacer confluir las dos actividades.”

En 2003, 25 años después de su secuestro, publicó, con la misma editorial, Pase libre. La fuga de la Mansión Seré. “Tenía material escrito desde 1981, pero no quise publicar nada hasta que la sangre dejó de estar caliente. De haberlo hecho, el texto resultaría un mero panfleto plagado de las típicas consignas de militante”. Tamburrini quería mostrar que ninguna situación se compone exclusivamente de blancos y negros, sino que siempre hay matices. “Ni todos los secuestrados tuvieron una conducta ejemplar, ni todos los militares fueron siempre monstruos. Alguna vez alguno tuvo un comportamiento noble, igual que hubo algunas actitudes viles por parte de algunos secuestrados”.

Una semana después de la fuga los militares volaron la Mansión Seré y blanquearon a todos los presos que estaban ilegalmente retenidos. Tenían miedo de que los cuatro chicos hablaran con la prensa extranjera, que ya estaba en Argentina para cubrir el Mundial. En 1985 Juan Carlos Rousselot, del Gobierno radical, demolió el edificio por completo y restringió el acceso a la zona, amparado por la ley de Obediencia Debida y Punto Final. El 1 de julio del año 2000, tras un cambio de Gobierno, el ex centro clandestino se convirtió en la Casa de la Memoria y la Vida. Fue el primer espacio latinoamericano dedicado a recuperar y ejercitar la memoria colectiva.

Guillermo Fernández y Carlos García lograron atravesar la frontera con Uruguay y de allí fueron a Brasil. García huyó hacia Barcelona, donde reside desde entonces. Fernández eligió París, donde comenzó a trabajar como titiritero en el metro. Con los años se profesionalizó y, aún hoy, compagina esta actividad con la interpretación. Daniel Rusomano tuvo menos suerte. El primer lugar en el que se refugió tras la huida fue la casa de su hermana, que vivía con un policía. Este avisó a los militares y, un par de semanas después, volvieron a secuestrarlo.

Durante un mes y medio fue sometido a torturas salvajes. Un día el militar que se encargaba de él le obligó a sacarse la venda que llevaba desde el inicio del cautiverio. “Mirame. ¿No me reconocés? Yo estaba en la Mansión Seré el día que se escaparon. ¡Me cagaron la carrera, hijos de puta!”. Rusomano lo miró y respondió: “¿Qué querés? Ustedes nos estaban cagando la vida”.  No volvieron a torturarlo. Algún tiempo después, pasó a una prisión federal como detenido reconocido donde permaneció hasta el final de la dictadura, en 1983.

Tamburrini, hoy Doctor en Filosofía y profesor en la Universidad de Estocolmo, no tiene secuelas emocionales del horror que sufrió. “Mi secuestro no me generó problemas, al revés. Lo tomo como una parte constitutiva de la vida que hoy tengo. Si no me hubieran secuestrado, no habría salido de Argentina. En Suecia conocí a mi mujer, con la que tuve a mis tres hijos. Habría podido tener otra carrera u otros hijos. Habría tenido otra vida, que podría haber sido mejor o peor, pero no habría sido la mía. Que me secuestraran me sirvió para ser quien soy.”

Reportaje publicado en el número 3 de la revista Líbero

domingo, 23 de septiembre de 2012

Clarisa Sobko, interpela a Jorge Horacio Capellino. médico del genocidio

Destacó que el doctor “fue parte sistemática de la represión, la tortura y el secuestro” en Paraná Sobko instó al médico militar Capellino a que diga dónde está el cuerpo de su padre

"Fue quien firmó el acta de defunción de mi viejo", recordó.
Luego de la detención del médico militar Jorge Horacio Capellino, acusado de cometer delitos de lesa humanidad en Paraná durante la última dictadura, Clarisa Sobko reclamó que aporte a la Justicia datos que permitan encontrar los restos de su padre Pedro Miguel Sobko. La militante de Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS) subrayó que el profesional “fue parte sistemática de la represión, la tortura y el secuestro” en la capital provincial. “Si bien actuó en el Hospital Militar, no podemos separar esta institución del Área Paraná y del comportamiento del Escuadrón de Comunicaciones. Son órganos distribuidos en distintos edificios, pero con un funcionamiento totalmente articulado”, apuntó. El médico fue detenido este lunes en Capital Federal y será sometido a declaración indagatoria en el Juzgado Federal de Paraná, en el marco del expediente que lleva su nombre: “Capellino, Jorge Horacio s/Comisión de delitos de lesa humanidad”. Además de su participación en el homicidio de Sobko, también está acusado de los delitos de privación ilegítima de libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de cinco personas.

“Él estuvo presenciando torturas a nuestros compañeros detenidos y también fue quien firmó el acta de defunción de mi viejo”, remarcó la militante de HIJOS. Además mencionó que “ha sido de lo más feroz y perverso con los detenidos: a uno de ellos le hizo un catéter en el brazo, sin anestesia y con una tijera”.

Por otra parte, manifestó su reclamo para que diga dónde se encuentran los restos de su padre: “Le pedimos que aporte datos sobre lo sucedido con mi papá. Se lo pedimos a través de la Justicia, porque su lugar es la declaración indagatoria. Pero también se lo pedimos a nivel social”, enfatizó, en diálogo con Uno.

En tanto, Florencia Amore, abogada de HIJOS Paraná, indicó: “Estamos seguros de que Capellino sabe dónde está Sobko. Para nosotros fue un elemento fundamental para que se pueda cometer el delito. Esperamos que sea iluminado por alguna razón divina y nos diga dónde esta. No vamos a parar; por más sentencias que tengamos, lo que nosotros queremos es encontrar el cuerpo”.

Recordó que la Causa Área Paraná se encuentra en la etapa de plenario, pero quedaron numerosos asuntos pendientes de investigación, entre ellos el rol del Hospital Militar. “Hay víctimas que pasaron por el hospital y no tenemos ningún médico imputado. Hace mucho que venimos insistiendo con Capellino, porque él firma la partida de defunción de Sobko, o sea que vio y constató el cuerpo sin vida y hoy el cuerpo no sabemos dónde está; pero además hay víctimas que lo reconocen haciendo maniobras médicas irregulares”, expuso.

Pedro Sobko, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), fue secuestrado el 2 de mayo de 1977 en Paraná. Fue fusilado en avenida Ramírez y La Paz, a la vista de los vecinos y habría fallecido en el nosocomio castrense.

martes, 28 de agosto de 2012

Ramiro Menna


–¿Y vos?

–Pasan los años, yo me entero a los 13 o 14 años que era hijo de desaparecidos. Me crié con mis tíos pensando que era hijo de ellos. Pero según me explicó un psicólogo de Abuelas, fueron mecanismos de defensa de mi psicología: tratar de guardar en un lugar bien oscuro de la conciencia toda esa parte y no recordar nada, fue una manera de defenderme de cosas que me podían hacer mucho daño. Quela me crió. Vivimos en Carmen de Patagones. Me cuenta que cuando yo recién llegué tenía pesadillas. “Ani, Ani, mamá, mamá”, decía a la noche. Me despertaba y Quela entonces venía y me preguntaba si quería hablar de mi mamá. Yo le decía que no, que no. Hundía la cabeza en la almohada y me volvía a dormir. De a poquito al parecer desdibujé la idea de que tenía una mamá porque le empecé a decir mamá a Quela. Los psicólogos aconsejaron a mis tíos que me provean sólo de la información que yo solicitara, pero no más que eso, porque yo iba a preguntar lo que podía manejar. Cuando llego a los 13 años sin hacer preguntas, convencido de que mis primos eran mis hermanos, les aconsejan que me digan la verdad.

–¿Cómo fue con eso?

–Fue como una película, no me parecía una historia real. No se me encarnó hasta que no pasaron años. No hubo reacción violenta ni nada, lo tomé muy bien. Tenía más o menos conciencia de lo que había sido la dictadura y por mi formación católica la historia de mis papás, al principio, por un lado me parecía que habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y por otro, me parecían equivocados. Con el tiempo, fui indagando y formándome políticamente. Si bien no perdí mi fe, soy creyente y militante de la iglesia Católica latinoamericana, que no es la romana, fui comprendiendo mucho mejor lo que significó la lucha del PRT, junto con otros movimientos revolucionarios y de izquierda en América latina. Y la verdad es que cada vez menos creo que se equivocaron ellos en algo, en su militancia. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.
A Etiopía

En Carmen de Patagones, Quela trabajaba en Cáritas con un compromiso que Ramiro recupera en clave política. Levantaron una guardería en uno de los barrios más pobres comprometiendo al gobierno de la provincia con los sueldos de los docentes. Ramiro creció y se formó en el movimiento juvenil de los salesianos desde donde lee otra huella de su formación: participó como delegado del movimiento en instancias de organización local, regional y nacional. Había grupos misioneros con trabajo en las comunidades mapuches de la cordillera. Los de Oratoria, en las villas de Bahía Blanca. “Muchos chicos de clase media entraban en contacto con una realidad que no conocían, al comienzo los shockeaba pero después los terminaba por comprometer”, dice. Se hizo cura salesiano. Pidió ir a una misión en Etiopía en el norte de Africa. “Uno a veces se va lejos para estar más cerca, para encontrar lo que realmente le importa, mi experiencia en Etiopía fue inolvidable”, aunque ahí dejó la congregación porque “sentí cosas de la estructura eclesial que me incomodaban, me hacían ruido; en mi divorcio con los salesianos conocí a Dillawork, que hoy es mi mujer”. Ramiro, Dillawork, dos hijos y uno que está a punto de nacer viven en Chepes, un pueblo en el interior de La Rioja adonde llegó por una propuesta de Rafael Sifre, compañero del movimiento rural de Pedernera y Angelelli.

Ahora es profesor de física y química en un bachillerato de jóvenes y adultos en Ulapes, a 60 kilómetros de Chepes. Va tres veces por semana. Y pone parte del empeño en AecheLar, la Asociación de Emprendedores de Chepes que nació como cooperativa de trabajadores para potenciar criterios populares, parar la olla y a la vez desarrollar un proyecto económico sustentable en la región, dice él. La organización tomó forma sociopolítica. Abrieron FM La Tusca y la Cooperativa El Monte. La Tusca es parte de la red de medios de comunicación alternativa y canal de expresión sin condicionantes gubernamentales ni privados, dice. Un medio para denunciar efectos de la megaminería y sostener articulaciones con otras organizaciones. La cooperativa trabaja el cuero a partir del cabrito: “Parte de la producción genuina del pequeño productor de los Llanos que vende la carne pero desperdicia mucho el cuero”. Desde ahí, integran el FROP para articular con otros proyectos que ahora piensan en la construcción de una alternativa popular para disputar poder real en el escenario político de la provincia.

–Tu vida después, ¿no tiene algo de espejo con tus viejos?

–Puede ser. De chico en Patagones, sinceramente, aun antes de entender un poco cómo funciona el mundo de lo político, vivía en una familia que tenía un compromiso social. Quela laburaba mucho desde la Iglesia. Yo aprendo eso también. Pero conocer el compromiso de mis viejos y al mismo tiempo por mi militancia católica latinoamericana, uno descubre un mar de coincidencias. Toda una Iglesia comprometida con la construcción de una sociedad más justa que se convierte en mártir; que fue asesinada sistemáticamente, pero que sigue en lucha, que no se rinde. Y mis viejos, por otro lado, que creían en un proyecto de país muy distinto, lucharon, empujaron para que eso surgiera, se hiciera realidad en nuestra tierra y cayeron en medio de esa lucha. Cuando vos hablás de espejo, yo me siento muy identificado con muchas de las ideas que están en el credo, por decirlo así, del PRT. La necesidad de construir una sociedad fuerte, orientada según los intereses de los trabajadores, en línea quizá con lo que dice Hugo Chávez: un socialismo del siglo XXI que hay que crear. Que todavía no existe. Que no es ninguno de los que hemos visto pero que ciertamente no es capitalismo.

–¿En estos años supiste algo de tu posible hermano o hermana?

–En el marco de mis preguntas, en algún momento me fui enterando de que mi mamá estaba embarazada. El primer contacto con el tema fue cuando me saqué sangre, a los 18 o 19 años. Después me fui a Paraguay. Yo estaba viviendo en Trelew con los salesianos. Y salió el dato de que Carolina, hija adoptiva del matrimonio Bianco, tenía la edad y hasta rasgos que podían indicar que podía ser hija de Ana María Lanzillotto, es decir mi hermana. Bianco también tenía a Pablo, que después se supo que era hijo de desaparecidos. Yo viajé a Paraguay en 2000. Vi a Carolina. Ella tenía confianza con los salesianos porque había estudiado en un colegio con ellos. Yo sabía que se había negado a cualquier extracción de sangre, pero quise verla para que accediera, para pedirle por favor. Al final no accedió. Mucho después se lo hizo, y dio negativo (con todo el banco). Después hubo otra chica que podía ser, yo estaba en Etiopía. Pero resultó que tampoco era.

–¿Se lo espera ahora o se lo busca?

–Yo voy a declarar muy probablemente en el juicio. Para declarar de mis padres no puedo ir a decir nada: tenía dos años, no puedo decir quién me agarró a mí o quién me separó de mi madre. Puedo dar testimonio para que se vea cómo puede repercutir la acción del terrorismo en la vida de una persona, pero además vale por esto: quizá tenga su repercusión en alguna persona concreta que por ahí abra una puerta. Yo tengo 38 años, mi hermana o hermano tendría que tener 36, si me está escuchando debería saber que todos los especialistas coinciden en el hecho de que la verdad te va a hacer libre. Después vos podés criticar a tus viejos, si querés. Que se equivocaron, que no; porque a lo mejor mi hermana o hermano tenga construido un pensamiento totalmente de derecha, qué sé yo. Pero más allá de eso, conocer la verdad en tu historia es clave, de ser feliz y hacer feliz a otro.
ENCUENTRO CON UN SARGENTO

¿Ana dio a luz en Campo de Mayo?

–Desde mi borrosa visión de pueblo del interior, tengo entendido que fue ahí. Una vez tuve una entrevista personal con el sargento Ibáñez. Este Ibáñez fue un suboficial, según cuenta. Nos hizo una cita a mí y a una hija de Robi Santucho en un lugar del gran Buenos Aires. Yo estaba en Ramos Mejía. Tomé un tren y fuimos a parar a una plaza, no me acuerdo cuál, al lado del tren. No sabíamos a quien buscábamos, el tipo nos identificó a nosotros.

–¿Qué pasó?

–Nos preguntó: “¿Ustedes son los hijos de Santucho y Menna?” “Sí”, le dijimos. Y entonces nos sentamos en la plaza. Estaba con otro hombre, desconocemos quién, nos contó lo que quería contar: él nos citó, y él nos contó.

Ibáñez les dijo que el 19 de julio de 1976 él estaba en Campo de Mayo, lo mismo que declaró más tarde en la causa que investiga dónde está el cuerpo de Santucho. Contó que el líder del PRT llegó con un hilo de vida, que intentaron conservarle la vida para interrogarlo, pero no lo lograron. Según Ibáñez, murió poco después, herido de bala. Les dijo aquello de que el cuerpo había sido embalsamado, ubicado en lo que se llamó Museo de la Subversión. Ramiro preguntó por su mamá. El hombre no dijo nada. “No sabemos si es que no sabía y mi mamá no había llegado a ese lugar en ese momento por el embarazo, o en realidad Ibáñez se estaba cuidando.”

–¿Cuándo lo vieron?

–Era el año ’97. Hacía un relato pausado. Estaba con el otro tipo que no sabemos quién es. Se lo veía mal, no bien, como golpeado. Me contó que él llevaba café a los oficiales y cuando lo hacía pasaba por delante de la sala de tortura. Que más de una vez vio a mi viejo diciendo: “¡No lo puedo creer! ¡Me preguntan por la guita!”. “¡Me preguntan por la guita!” Que lo tuvieron bajo tortura durante un tiempo importante y que después llegaron algunos oficiales con cuaderno y lápiz como para hacerle preguntas más de teoría, como si papá les hubiera dado clases de algo. Supongo que le estarían preguntando por la ideología del PRT. Nos dijo que un día vino Santiago Omar Riveros. Entró como loco, como que pasaba algo y a tomar una medida urgente, como si le hubiesen dado una orden para que se los trasladara, que se los matara. Y él dice que fue con una anestesia. Pentotal o Pentonaval, algo así... Me dijo el nombre y todo porque fue quien tuvo que ir buscarlo y llevarlos. Los durmieron y los cargaron arriba de un avión y los tiraron al mar. Liliana Delfino, la mujer de Santucho, estaba con papá. El hombre habló con cierta admiración de los dos.

Villa Martelli


¿Cómo fue Villa Martelli?

–Hay relatos divergentes. Relato A: entró el capitán Juan Carlos Leonetti con datos de alguien que entregó una cita de mi viejo. Se habla de un médico que tenía a su esposa secuestrada y negoció entregar una cita de mi papá. El tipo que era conocido de papá, le pidió una cita urgente totalmente fuera de los protocolos de seguridad del PRT. Papá acude por la confianza que le tiene y porque el hombre se lo pide desesperadamente. El PRT planeaba la fuga de Robi, él no debía haber ido jamás, pero dijo: “No puedo dejar a éste solo”. Y el tipo parece que había vendido la cita. Lo agarran en esa cita falsa, y entre los papeles encuentran una dirección con el lugar donde vivían.

–¿La factura?

–Hablan del alquiler de un nebulizador. Debía ser para mí o para el hijo de Benito (Urteaga) porque éramos los chiquitos que estábamos ahí, capaz que andábamos con tos. No sabían qué se iban a encontrar pero se encontraron con lo que se encontraron. Cae papá primero y todo el resto: Benito Urteaga, Robi Santucho, mamá, Liliana Delfino y no me acuerdo si Fernando Gertel.

–¿El otro?

–Que alguien vende la casa y que primero los agarran a todos, menos a papá. Que papá se va a la cita y cuando vuelve lo esperan con una ratonera. O sea que papá entra, abre la puerta y los milicos estaban esperando adentro. Esta versión es la primera que me cuentan a mí, me la contó (Enrique) Gorriarán Merlo, preso en Devoto, lo visité un par de veces, charlamos un montón. La versión A, en cambio, es la que ahora está manejando la causa y, según dice Pablo Llonto, es la más probable. Y yo creo que es la más probable, capaz en el juicio se pueda reconstruir exactamente.


Los Lanzillotto y los Menna
Los abuelos de Ramiro tuvieron nueve hijos, dos murieron poco después de nacer, y a los otros él los nombra como “sobrevivientes de la niñez”, como si la condición de sobrevivientes los hubiese seguido marcando. Tito es Carlos Alberto Lanzillotto, el mayor, profesor de filosofía y letras, preso en Sierra Chica durante la dictadura. Cholo es Carlos Mario, abogado de presos políticos; se quedó en La Rioja, persiguieron y amenazaron a toda su familia. Nena es Alba Rosa, militante de la Iglesia de Angelelli, el día del golpe fue detenida y liberada a los pocos días, se exilió con su marido, el poeta Ariel Ferraro, y sus dos hijos. Quela es Nidia, que lo crió. Beba, que es María Isabel, se casó con el Pocho Délfor Brizuela, los allanaron y persiguieron, les colocaron una bomba que aunque estalló solo causó daños materiales. Ani era Ana María y Tina, María Cristina, su hermana melliza. Las dos militaron en el PRT, están desaparecidas. En el 2006 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó a Tina y en 2011 a su esposo, Antorcha Santillán o Carlos Benjamín “Cacho”. Los abuelos Me-nna, Pánfilo e Irma, tuvieron dos hijos: Domingo y Raquel, los dos militaron en el PRT, los dos están desaparecidos. Raquel tuvo tres hijos.

domingo, 26 de agosto de 2012

Ramiro Menna, hijo de Ana María Lanzillotto y Domingo Mena, busca a su hermano o hermana

“Conocer la verdad es clave”

Se hizo cura entre los salesianos, viajó a Etiopía, dejó la congregación y se casó. Hoy vive en La Rioja e integra el Frente Riojano de Organizaciones Populares. Busca un hermano o hermana y espera que el juicio sobre Campo de Mayo, que acaba de empezar, lo ayude a encontrarlo.

 Por Alejandra Dandan
Ramiro con sus padres, Ana María Lanzillotto y “el Gringo” Domingo Menna, secuestrados en julio de 1976.

Ramiro Menna está convencido de que existe “un mar de coincidencias” entre el “credo” de sus padres en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el suyo, dentro de la izquierda de la Iglesia Católica latinoamericana. Tenía dos años cuando sus padres, Ana María Lanzillotto y “el Gringo” Domingo Menna, y él fueron secuestrados el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli, en la caída de la conducción del PRT. Ana María estaba embarazada. Ramiro –que busca a un hermano o hermana– se hizo cura entre los salesianos. Alguna vez pidió viajar a Africa, porque irse más lejos le permitía estar más cerca de sí mismo. Dejó la congregación para irse a un lugar un tanto menos lejos, en los Llanos de La Rioja, un territorio legendario de la pastoral del obispo Enrique Angelelli, desde donde integra el Frente Riojano de Organizaciones Populares (FROP). “Por mi formación católica, al principio me parecía que por un lado mis papás habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y, por otro, que estaban equivocados. Con el tiempo fui indagando más y formándome políticamente: comprendí mucho mejor lo que significó la lucha del Partido Revolucionario de los Trabajadores en Argentina. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.”

La historia de Ramiro vincula en el presente dos escenarios. El juicio que acaba de empezar en San Martín, con sus padres entre las víctimas. Y La Rioja de Angelelli, donde también se está haciendo un juicio por la desaparición de dos sacerdotes durante la última dictadura.

–¿Como se pasa del presente intenso en Chepes a julio de 1976?

–El juicio sobre Campo de Mayo tiene una dimensión muy esperada por todos nosotros como familia, por la cuestión de que quizá, uno no sabe, puede aparecer algún indicio, algo que nos ayude a encontrar a mi hermana o hermano. Desde el presente, esa es la ligazón más fuerte. Uno lo espera con ansiedad. Además, está la visión política de la justicia en tanto que permite conocer la verdad histórica de lo que pasó en Campo de Mayo con estas personas en particular, pero alimentando la pintura total de la dictadura en nuestra Argentina. Eso ayuda a entender lo que es una sociedad desigual como la latinoamericana, con una elite dominante que recurre a las herramientas que tenga a mano para mantener su situación de privilegio. En los ’70, tuvieron la posibilidad de instalar una dictadura que protegía sus intereses, hoy no la tienen pero no es que no la deseen. Los juicios van desnudando esto: hasta qué punto pueden llegar...

–¿Qué pasó con vos?

–Cuando mamá desaparece, el 19 de julio de 1976, yo tenía dos años y ella estaba embarazada de unos ocho meses. Desaparece con esa panza y hay distintas versiones del circuito que siguió. Probablemente terminó en Campo de Mayo, no se sabe si pasó por el Vesubio. Patricia Erb, que estaba en Campo de Mayo, atestigua que mamá dio a luz. No se sabe si varón o mujer, pero dio a luz, porque entre las compañeras presas corrió la voz: “La mujer del Gringo dio a luz”, decían.

–¿Cómo te sacan a vos?

–Un tío mío, Cholo (Carlos Mario Lanzillotto), abogado, viviendo en La Rioja empieza a averiguar dónde podía estar su hermana el marido de su hermana y yo. O sea mamá, papá y yo. El tío Cholo estudió en Córdoba y creo que un amigo de ahí le dio el dato de alguien de la Justicia de la provincia de Buenos Aires. Ese hombre le cuenta: “Mirá, de tu hermana y el marido, olvidate, olvidate porque nadie te va a decir nada, ni dónde están, ni nada”, pero le pasó el dato de dónde estaba yo. Tenía que ir a buscarme a un juzgado federal o una guardería policial, creo que en San Martín.

–Si es ahí, puede ser el mismo lugar donde dejaron a Victoria Montenegro.

–Yo estuve desde el 19 de julio hasta el 8 o 10 de agosto. En el medio, fijate vos, desaparecen los curas de Chamical, lo asesinan a Wenceslao Pedernera el 25 de julio y a monseñor Angelelli el 4 de agosto. El 8, mi tío se entera, viaja a Buenos Aires, también viaja mi tía Quela, una hermana de mi mamá a quien mi mamá le había dicho: “Mirá, si me llega a pasar algo a mí, por favor hacete cargo de Ramiro”. Quela (Nidia Lanzillotto) hizo las gestiones con el tío Cholo para sacarme de la guardería. Hasta ahí estamos, pero de mamá, de papá y del bebé de mamá, nada.

–¿Y vos?

–Pasan los años, yo me entero a los 13 o 14 años que era hijo de desaparecidos. Me crié con mis tíos pensando que era hijo de ellos. Pero según me explicó un psicólogo de Abuelas, fueron mecanismos de defensa de mi psicología: tratar de guardar en un lugar bien oscuro de la conciencia toda esa parte y no recordar nada, fue una manera de defenderme de cosas que me podían hacer mucho daño. Quela me crió. Vivimos en Carmen de Patagones. Me cuenta que cuando yo recién llegué tenía pesadillas. “Ani, Ani, mamá, mamá”, decía a la noche. Me despertaba y Quela entonces venía y me preguntaba si quería hablar de mi mamá. Yo le decía que no, que no. Hundía la cabeza en la almohada y me volvía a dormir. De a poquito al parecer desdibujé la idea de que tenía una mamá porque le empecé a decir mamá a Quela. Los psicólogos aconsejaron a mis tíos que me provean sólo de la información que yo solicitara, pero no más que eso, porque yo iba a preguntar lo que podía manejar. Cuando llego a los 13 años sin hacer preguntas, convencido de que mis primos eran mis hermanos, les aconsejan que me digan la verdad.

–¿Cómo fue con eso?

–Fue como una película, no me parecía una historia real. No se me encarnó hasta que no pasaron años. No hubo reacción violenta ni nada, lo tomé muy bien. Tenía más o menos conciencia de lo que había sido la dictadura y por mi formación católica la historia de mis papás, al principio, por un lado me parecía que habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y por otro, me parecían equivocados. Con el tiempo, fui indagando y formándome políticamente. Si bien no perdí mi fe, soy creyente y militante de la iglesia Católica latinoamericana, que no es la romana, fui comprendiendo mucho mejor lo que significó la lucha del PRT, junto con otros movimientos revolucionarios y de izquierda en América latina. Y la verdad es que cada vez menos creo que se equivocaron ellos en algo, en su militancia. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.
A Etiopía

En Carmen de Patagones, Quela trabajaba en Cáritas con un compromiso que Ramiro recupera en clave política. Levantaron una guardería en uno de los barrios más pobres comprometiendo al gobierno de la provincia con los sueldos de los docentes. Ramiro creció y se formó en el movimiento juvenil de los salesianos desde donde lee otra huella de su formación: participó como delegado del movimiento en instancias de organización local, regional y nacional. Había grupos misioneros con trabajo en las comunidades mapuches de la cordillera. Los de Oratoria, en las villas de Bahía Blanca. “Muchos chicos de clase media entraban en contacto con una realidad que no conocían, al comienzo los shockeaba pero después los terminaba por comprometer”, dice. Se hizo cura salesiano. Pidió ir a una misión en Etiopía en el norte de Africa. “Uno a veces se va lejos para estar más cerca, para encontrar lo que realmente le importa, mi experiencia en Etiopía fue inolvidable”, aunque ahí dejó la congregación porque “sentí cosas de la estructura eclesial que me incomodaban, me hacían ruido; en mi divorcio con los salesianos conocí a Dillawork, que hoy es mi mujer”. Ramiro, Dillawork, dos hijos y uno que está a punto de nacer viven en Chepes, un pueblo en el interior de La Rioja adonde llegó por una propuesta de Rafael Sifre, compañero del movimiento rural de Pedernera y Angelelli.

Ahora es profesor de física y química en un bachillerato de jóvenes y adultos en Ulapes, a 60 kilómetros de Chepes. Va tres veces por semana. Y pone parte del empeño en AecheLar, la Asociación de Emprendedores de Chepes que nació como cooperativa de trabajadores para potenciar criterios populares, parar la olla y a la vez desarrollar un proyecto económico sustentable en la región, dice él. La organización tomó forma sociopolítica. Abrieron FM La Tusca y la Cooperativa El Monte. La Tusca es parte de la red de medios de comunicación alternativa y canal de expresión sin condicionantes gubernamentales ni privados, dice. Un medio para denunciar efectos de la megaminería y sostener articulaciones con otras organizaciones. La cooperativa trabaja el cuero a partir del cabrito: “Parte de la producción genuina del pequeño productor de los Llanos que vende la carne pero desperdicia mucho el cuero”. Desde ahí, integran el FROP para articular con otros proyectos que ahora piensan en la construcción de una alternativa popular para disputar poder real en el escenario político de la provincia.

–Tu vida después, ¿no tiene algo de espejo con tus viejos?

–Puede ser. De chico en Patagones, sinceramente, aun antes de entender un poco cómo funciona el mundo de lo político, vivía en una familia que tenía un compromiso social. Quela laburaba mucho desde la Iglesia. Yo aprendo eso también. Pero conocer el compromiso de mis viejos y al mismo tiempo por mi militancia católica latinoamericana, uno descubre un mar de coincidencias. Toda una Iglesia comprometida con la construcción de una sociedad más justa que se convierte en mártir; que fue asesinada sistemáticamente, pero que sigue en lucha, que no se rinde. Y mis viejos, por otro lado, que creían en un proyecto de país muy distinto, lucharon, empujaron para que eso surgiera, se hiciera realidad en nuestra tierra y cayeron en medio de esa lucha. Cuando vos hablás de espejo, yo me siento muy identificado con muchas de las ideas que están en el credo, por decirlo así, del PRT. La necesidad de construir una sociedad fuerte, orientada según los intereses de los trabajadores, en línea quizá con lo que dice Hugo Chávez: un socialismo del siglo XXI que hay que crear. Que todavía no existe. Que no es ninguno de los que hemos visto pero que ciertamente no es capitalismo.

–¿En estos años supiste algo de tu posible hermano o hermana?

–En el marco de mis preguntas, en algún momento me fui enterando de que mi mamá estaba embarazada. El primer contacto con el tema fue cuando me saqué sangre, a los 18 o 19 años. Después me fui a Paraguay. Yo estaba viviendo en Trelew con los salesianos. Y salió el dato de que Carolina, hija adoptiva del matrimonio Bianco, tenía la edad y hasta rasgos que podían indicar que podía ser hija de Ana María Lanzillotto, es decir mi hermana. Bianco también tenía a Pablo, que después se supo que era hijo de desaparecidos. Yo viajé a Paraguay en 2000. Vi a Carolina. Ella tenía confianza con los salesianos porque había estudiado en un colegio con ellos. Yo sabía que se había negado a cualquier extracción de sangre, pero quise verla para que accediera, para pedirle por favor. Al final no accedió. Mucho después se lo hizo, y dio negativo (con todo el banco). Después hubo otra chica que podía ser, yo estaba en Etiopía. Pero resultó que tampoco era.

–¿Se lo espera ahora o se lo busca?

–Yo voy a declarar muy probablemente en el juicio. Para declarar de mis padres no puedo ir a decir nada: tenía dos años, no puedo decir quién me agarró a mí o quién me separó de mi madre. Puedo dar testimonio para que se vea cómo puede repercutir la acción del terrorismo en la vida de una persona, pero además vale por esto: quizá tenga su repercusión en alguna persona concreta que por ahí abra una puerta. Yo tengo 38 años, mi hermana o hermano tendría que tener 36, si me está escuchando debería saber que todos los especialistas coinciden en el hecho de que la verdad te va a hacer libre. Después vos podés criticar a tus viejos, si querés. Que se equivocaron, que no; porque a lo mejor mi hermana o hermano tenga construido un pensamiento totalmente de derecha, qué sé yo. Pero más allá de eso, conocer la verdad en tu historia es clave, de ser feliz y hacer feliz a otro.