martes, 30 de octubre de 2012

Los rugbiers desaparecidos


Abajo derecha: Recuerdo. De izquierda a derecha : Axat, Moura, Sánchez Viamonte, Barandiarán y Rocca.

La Plata Rugby Club cuenta con 17 jugadores que fueron desaparecidos durante la dictadura. En esos años muchos le decían “escuela de guerrilleros”. Familiares y amigos reconstruyen sus historias para Miradas al Sur.
1. Durante los años de la última dictadura, a La Plata Rugby Club muchos lo llamaban “escuela de guerrilleros”. Se decía que algunos de sus jugadores eran militantes comprometidos políticamente en un momento donde comprometerse políticamente no era lo “correcto”. Entonces: los persiguieron, los filmaron, los fotografiaron hasta en los entrenamientos. Hay quienes aseguran que había jugadores que marcaban a otros jugadores. Y así, con el paso de aquellos siniestros años, La Plata Rugby Club se transformó en la institución deportiva a nivel mundial con más jugadores desaparecidos o asesinados por una dictadura política: tiene 17 jugadores desaparecidos.

2. El rugby es un deporte de equipo en el que se avanza siempre hacia adelante pero mirando hacia atrás. Por eso, para hablar del pasado, mejor indagar en el presente. En sus hijos, en sus hermanos, en sus ex compañeros. Hay una especie de comunión entre ellos: se mueven juntos como hermanados por el silencio del recuerdo, como si por unos instantes tuvieran que conectarse con su pasado, un pasado que es presente. Entonces uno de ellos se larga con una anécdota, y así, se van largando todos y van caminando y avanzando hacia una parte del pasado, hacia una parte de sus vidas.

3. Para reconstruir estas historias hay que empezar hablando con el arquitecto y ex jugador Raúl Barandiarán. Estuvo dentro de la cancha con muchos de los jugadores desaparecidos. Eran sus amigos, los pibes con los que se iba de vacaciones, los integrantes de esas anécdotas. Raúl recuerda detalles, conversaciones, palabras, fechas. Cuenta que jugó con Mariano Montequín y Santiago Sánchez Viamonte y Jorge Moura. Su memoria es parte de una construcción. No permite que los recuerdos su hundan en el pasado. Al contrario, con ellos edifica, levanta montañas de recuerdos, construye a partir de la destrucción que puebla su pasado. Miradas al Sur le pidió que cuente cómo se vivía en esa época el día a día dentro del club. Raúl se acuerda de que “cuando volvió Perón en el ’73 todos los del equipo hicimos una asamblea en la casa de Hernán Roca, para ver quiénes iban a recibirlo. Los más zurdos decidimos no ir, pero sí los que ya tenían inclinaciones peronistas. Al otro día, en el entrenamiento, nos contaron cagándose de risa cómo les pasaban las balas en el medio del acto en Ezeiza. Así se vivía la cosa”. Y agrega: “Si hubiésemos sabido que iba a pasar lo que pasó, hubiésemos tomado más precauciones. Eran tan inteligentes, absolutamente distintos: me sorprende que con la inteligencia que tenían estos pibes, hayan podido derrotarlos.” Sobre la relación con sus compañeros en el club, Raúl, con nostalgia, recuerda: “Cada uno dentro del grupo cumplía un rol. Dentro del club, en broma, nos hacíamos llamar el ‘Ejército Revolucionario del Cisne’”. Hay un recuerdo que a Raúl lo conmueve. Cuenta que “para un seven fuimos a entrenar a San Bernardo porque mis viejos tenían casa allá. Yo había ido con Otilio (Pascua), y cuatro o cinco días después vinieron Santiago (Sánchez Viamonte), Mariano (Montequín) y los dos Mendy. Estábamos en la playa y ellos llegaron caminando con un bolsito cada uno. Hasta el ’90, que falleció mi viejo, yo veraneé ahí, y siempre que iba a la playa miraba hacia el sur esperando que vuelvan, que aparezcan ellos a lo lejos, otra vez con el bolsito”.

4. Federico Moura es músico. Tiene el nombre y la nariz y los ojos de su tío, el fallecido líder de Virus. Es hijo del ex jugador y militante del ERP Jorge Moura. Una vez que empieza a hablar de su viejo, se larga, es como si por mucho tiempo hubiera estado sosteniendo el silencio dentro de su pecho. Ahora no. Vuelve a sacar la historia a la que se enfrentó de grande, la historia con la que también hizo música. “A mi viejo lo secuestraron en marzo del ’77 en la casa de mis abuelos, en City Bell. Un grupo de tareas disfrazado de operarios de Segba. Al tiempo de que estuviera detenido clandestinamente, mi abuelo movió contactos que tenía en ese entonces, y alguien le dijo que lo iban a poder ver una vez más. Mis abuelos se encontraron en el Parque Pereyra con mi viejo, lo vieron por última vez, les dijo que estaba bien y nunca más volvieron a verlo.”
¿Cómo hizo para enfrentarse con eso? “La historia de mi viejo la construí de más grande. Cuando pasó yo tenía cinco años. Dicen que uno borra, no sé por qué. Pero sí, hay como un bloqueo de los recuerdos. A los 13 años ya tenía conciencia de lo que había pasado con mi viejo. Lo asumí, lo incorporé y ahí me quedé. Y a los 25 empecé a escribir música, como si estuviera buscando en esa forma de arte algo de conexión con mi pasado”. Después de unos segundos en silencio, agrega: “Pero lo que me sigue comiendo la cabeza es cómo se murió, imaginarme la situación por la que pasó, cómo fueron sus días, qué le hicieron. El otro día se murió el viejo de un amigo, fui al velorio y vi el cadáver. Desde marzo del ’77 hasta el día de hoy no sé qué pasó con mi viejo. Pero lo acepto, es así.”

5.Hernán Rocca escribía. Araceli Rocca escribe. Araceli muestra un diario que había escrito su hermano. Un diario que es pura nostalgia y corazón y fotos de la época y resultados y observaciones y teorías acerca del juego, de todo tiene ese diario. En la última página hay un recorte, un recordatorio de un periódico de la época. Una mano anónima de la familia lo pegó ahí. El recorte dice: “Hernán Francisco Rocca, falleció el 28 de marzo de 1975”. Y ese recorte cierra el diario. Araceli habla de la historia de su hermano, de cómo se encontró con ella a través de la escritura. “Soy profesora de lengua y literatura. Ahora estoy escribiendo sobre mi hermano, haciendo algunas entrevistas con amigos y compañeros de él. Necesito dejar un testimonio de todo eso, contar lo que pasó. En mi familia no se hablaba nunca del tema. Un día, buscando entre las cosas de él, encontré su diario de viaje. Contaba que se había ido al sur y que llevaban libros de política y la guitarra. Su equipaje era eso. Tenía 20 años e hizo 10 mil kilómetros para tocar la guitarra y discutir de política.”
“Nosotros algo sabíamos en su momento. Hernán aparentemente había estado militando en la Juventud Peronista, pero no le dábamos mucha importancia. Del que teníamos más miedo era de mi otro hermano, Marcelo, porque sabíamos que militaba en un grupo de izquierda”, dice Araceli. “Antes de su desaparición –sigue–, Hernán llamó a uno de sus mejores amigos y lo invitó a tomar un café y le dijo que no militaba más. Lo mismo nos dijo a todos nosotros. La idea era proteger a su familia y su entorno, si militaba o no, la verdad que no lo sabíamos. El único que me dice que militaba es Raúl Barandiarán”. Raúl la mira, asiente y lo vuelve a confirmar.
Araceli continúa: “Nos llamó la atención que cuando el club hizo la gira a Europa, él, que era capitán, no quisiera ir. Dijo que se quería casar y que quería dar unas materias. Era raro que el capitán se quisiera perder el viaje de su vida con sus amigos”. La cuestión fue que ese jueves 27 de marzo rindió una materia, y a la tarde fue a entrenarse al club. Su novia y una amiga lo habían acompañado al entrenamiento y a las chicas les llamó la atención que había un Torino filmando a los jugadores. Cuando le avisaron, él dijo: “¿Qué, van a filmar un entrenamiento? Si los chicos están de gira en Europa. No tiene sentido”. Continúa Araceli: “De ahí se fueron todos a un asado y en el camino la chica insistió que los estaba siguiendo un auto. Hernán volvió a insistir en que no tenía sentido”. Cuando Hernán llegó a su casa, su padre sintió el ruido del auto y dijo: “Ahí vino Hernán”. Pero el auto volvió a salir a toda velocidad. “Esa misma madrugada apareció en Magdalena muerto con 21 balazos y los ojos vendados”, dice Araceli. El recuerdo vuelve de la mano con el dolor. “Hay que meterse en la cabeza de ellos, dejar a tus hijos para ir a luchar por un ideal. Para mí fueron héroes”.

6.Verónica Sánchez Viamonte también es arquitecta. Da clases de Historia en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata. Mira con unos ojos puros, una sonrisa amplia, como si por un efecto visual uno encontrara ese gesto siempre en una incontenible expansión. Asegura que tiene cosas de su padre, de Santiago, que según los que saben, fue uno de los mejores jugadores de toda la historia de La Plata Rugby Club. “Tengo recuerdos que no sé si los inventé o eran reales. Mis recuerdos son una parte inventados, parte de lo que me cuentan, y parte con lo que yo me quedo de lo que me cuentan. Por ejemplo, que mi viejo me llevaba en moto al jardín, y nunca tuvo moto. A mí eso no me lo sacás, si me sacás eso me muero”.
Verónica recuerda la historia familiar: “Yo tenía tres años; mi hermana dos. Vivíamos en Mar del Plata. Habíamos ido para allá por una cuestión de militancia de mis viejos: formaban parte del PCML, el Partido Comunista Marxista Leninista. Una semana antes de que desaparecieran, hubo un ‘operativo escoba’ donde barrieron a muchos del partido. Entonces mi mamá llamó a mis abuelos y les dijo que estaba enferma y que nos fueran a buscar. Mi abuela fue a la terminal de Mar del Plata, y mi viejo estaba ahí con nosotras dos. Nos fuimos con mi abuela, que siempre dice que en ese momento tuvo la sensación de que no lo iba a ver más a mi viejo”.
Verónica fue buscando la verdad desde chica. “Tenía una compañera y amiga en el colegio, Lucía, que era también hija de desaparecidos. A ella le habían dicho que los padres estaban en África; y a mí me decían que estaban en Mar del Plata. Y entonces nuestra conclusión era que si en África hay arena y en Mar del Plata también hay arena, nuestros padres habían sido tragados por arenas movedizas. Esa fue nuestra idea hasta que Lucía, un día en el colegio, me dijo que había visto el noticiero y que parecía que no eran las arenas movedizas, sino que matan gente. Así que empezamos a sospechar que por ahí no era África ni las arenas movedizas, sino que pasaba otra cosa”. “Hasta que un día –añade Verónica–, cuando había asumido Alfonsín, estábamos en el auto con mi tía. Ella iba adelante, se dio vuelta y nos dijo: ‘Les voy a decir la verdad, a los papás de ustedes se los llevaron, yo no se los dije antes porque yo los estoy buscando todavía, no puedo creer que los hayan matado’. Cómo me iban a decir que estaban muertos si ellos mismos no lo querían creer. Yo siempre me crié con la verdad, pero toda la vida estuve esperando a que mis viejos vuelvan. De la escuela me quería ir a mi casa para ver si mi vieja estaba ahí haciéndome la leche.”

7.Para contar la historia de Julián Axat primero uno debe decir que es poeta. También, defensor del fuero penal juvenil de La Plata. Defiende la palabra, la verdad, la suerte de los que no tienen suerte. Hay algo en su forma de ser, una tranquilidad que parece a punto de estallar, una mirada alejada pero cálida. Cuando Miradas al Sur le pide que hable de sus padres, la voz se le vuelve una sombra y mira hacia un punto donde no hay nada más que recuerdo: “Yo tenía siete meses. Mi mamá trabajaba como bibliotecaria en la Facultad de Derecho y mi papá era empleado del frigorífico Swift de Berisso. Militaban en Montoneros. Mi viejo ya había dejado de jugar en el club a los 18 años. Sabían que los habían cantado, tenían un dato de que los venían siguiendo. Mi abuelo les ofreció salir, y mi viejo no aceptó, decidió seguir yendo a su trabajo igual. En el frigorífico había una fuerte intervención militar; él militaba ahí adentro: además de ser obrero, militaba. Había hecho una radicalización política, porque salió del club se metió en la facultad y terminó de obrero”.
Axat se refiere a al proceso de proletarización que sostuvieron muchos partidos en esos años. “En ese momento Montoneros había sacado los Documentos de la proletarización, que buscaban organizar que determinados militantes se encuadraran dentro de la vida del obrero. A mi viejo le tocó entrar en los frigoríficos Swift, y ahí quedó. Lo pusieron como responsable de Montoneros dentro del frigorífico. Tenía siete personas a su cargo, siete obreros. Antes de chupar a mi viejo, chuparon a dos obreros. El 12 de abril del ’77 estaban durmiendo en el centro de La Plata en la casa de mi abuela. A mí me habían dejado con mis abuelos y mis tíos. Se sabe que se los llevaron esa noche y a partir de ahí no se supo más nada. Sí supimos después por algún testigo que estuvieron en el centro clandestino La Cacha, pero después no se supo nunca más nada”.
Julián dice que jugó al rugby muchos años. Su padre, su abuelo, sus tíos. Todos jugaron al rugby. “Mi abuelo era un obsesivo de este club. Venía desde cuando se llamaba Gimnasia y Esgrima de La Plata. Crió a sus tres hijos acá adentro. Mi tío Raúl llegó a jugar en primera. Y la anécdota es que cuando mis viejos desaparecieron, mi abuela siguió pagando la cuota durante años y años al cobrador que venía del club. Le pagó a mi viejo durante 35 años la cuota todos los meses”.

8.Y será esa cuota del club que una madre le sigue pagando a su hijo, porque lo espera, porque lo va a esperar siempre. O ese viaje en moto con papá, aferrándose al recuerdo de su pecho vibrante, inolvidable. O esa canción que se le canta al pasado, porque se lo enfrenta con cada grito que sale del alma, porque en cada nota hay un pedazo de dolor. O ese cuaderno mítico, con esas líneas garabateadas, con esas fotos que hablan, que siguen hablando, que hablaran siempre desde un presente que será perpetuo, joven, brillante. O esos tres pibes amigos que alguien, todavía, espera volver a ver, llegando desde el horizonte, desde el crepúsculo, la noche y el día, presente y pasado, justo esa línea, justo ahí, esperando para siempre a que vuelvan a ellos, que estarán vivos mientras existan estas palabras, estas personas que los recuerdan, que los mantienen vivos, encendidos en el recuerdo, como la luz del sol en el horizonte, que aunque parezca que se apaga, que ya deja de brillar, está ahí brillando, y estará siempre.

Lista
Los que ya no están

Lista completa de jugadores de La Plata Rugby Club desaparecidos o asesinados por la dictadura: Santiago Sánchez Viamonte (desaparecido), Mariano Montequín (desaparecido), Otilio Pascua (asesinado), Hernán Rocca (asesinado), Pablo Balut (desaparecido), Jorge Moura (desaparecido), Rodolfo Axat (desaparecido), Alfredo Reboredo (desaparecido), Luis Munitis (desaparecido), Marcelo Bettini (asesinado), Abel Vigo Comas (desaparecido), Eduardo Navajas (desaparecido), Mario Mercader (desaparecido), Pablo del Rivero (asesinado), Enrique Sierra (asesinado), Julio Álvarez (desaparecido), Hugo Lavalle (sin datos).

Los canarios románticos
Por Julián Axat
A Gustavo Cabarrou in memoriam

Este poema fue escrito en homenaje a los 17 desaparecidos de La Plata Rugby Club, más alla de cada militancia, pensado como si Dante Alighieri hubiera presenciado este match en el Purgatorio, segundos antes de que entren en la gloria.

El pack se hunde contra el viento/ mientras Luisito Munitis hace el line y los forwards saltan/ para contraer
la espalda del monstruo
La Plata va... susurra el samurai Balut y/ Jorgito Moura rompe/
la entrada del batallón/ para que ingrese la tercera línea que/ se mantiene oblicua desde la sensibilidad genética de A. Vigo
fulgura la mirada de Quique Sierra/ un tackle que no llega a cortar el pase a Pablito Rivero.
El partido es ya/ sueña Alfredito Reboredo, cuando
La Plata va... y los win forward Navajas y Mercader se abren del maul
Parece un empate clavado/ la noche se detiene sin derrota
y en el último minuto/ Julito Ávarez se acerca al ingoal/salta un cometa y ve a
Fel Axat acechando
Fel recibe la ovalada... pero éste apenas la toca cuando/
el Chueco Sánchez Viamonte viene bordenado la línea
corre en zig-zag como un conejo/nadie ve esos pies/ veloz/
imparable, fuga hacia el infinito
en un tendal de rosas que llega desde la platea/deja fatigadas a las últimas estrellas ahora atrás/ mal paradas
y apoya la ovalada debajo de los palos.
Fel y el Chueco se abrazan, ríen victoriosos,
esperan a todos que llegan/ para abrazarse/ el tercer tiempo les
abre las puertas del cielo
para tomarlo por asalto de try

Por  José Supera  -  lesahumanidad@miradasalsur.com

jueves, 27 de septiembre de 2012

Testimonio de los hermanos de Marie Anne Erize


Los hermanos de Marie Anne Erize Tisseau, la joven modelo franco-argentina desaparecida el 21 de octubre de 1976, declararon en el juicio a seis acusados de crímenes de lesa humanidad que se desarrolla en San Juan. 

En la audiencia, argumentando razones de salud, no estuvo presente el ex mayor del Ejército Jorge Olivera, principal imputado en ese caso. Esteban Erize detalló que en Buenos Aires Marie Anne militaba en una villa del Bajo Belgrano, próxima a su casa de la calle Monroe, y que esa militancia social la llevó “a colaborar en la Villa 31 con el padre Carlos Mugica”. 

También aseguró que la casa familiar en Buenos Aires fue allanada por personas armadas que les dijeron “que iban a poner a Marie Anne dos metros bajo tierra”, mientras se llevaron las fotos, la agenda y la historia clínica de la joven que fue vista por última vez en San Juan. También declaró ante el tribunal una hermana de Marie Anne, Yolanda Erize, quien aseguró que la “incertidumbre es un calvario y luchamos para poder recuperar sus restos”.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Clarisa Sobko, interpela a Jorge Horacio Capellino. médico del genocidio

Destacó que el doctor “fue parte sistemática de la represión, la tortura y el secuestro” en Paraná Sobko instó al médico militar Capellino a que diga dónde está el cuerpo de su padre

"Fue quien firmó el acta de defunción de mi viejo", recordó.
Luego de la detención del médico militar Jorge Horacio Capellino, acusado de cometer delitos de lesa humanidad en Paraná durante la última dictadura, Clarisa Sobko reclamó que aporte a la Justicia datos que permitan encontrar los restos de su padre Pedro Miguel Sobko. La militante de Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS) subrayó que el profesional “fue parte sistemática de la represión, la tortura y el secuestro” en la capital provincial. “Si bien actuó en el Hospital Militar, no podemos separar esta institución del Área Paraná y del comportamiento del Escuadrón de Comunicaciones. Son órganos distribuidos en distintos edificios, pero con un funcionamiento totalmente articulado”, apuntó. El médico fue detenido este lunes en Capital Federal y será sometido a declaración indagatoria en el Juzgado Federal de Paraná, en el marco del expediente que lleva su nombre: “Capellino, Jorge Horacio s/Comisión de delitos de lesa humanidad”. Además de su participación en el homicidio de Sobko, también está acusado de los delitos de privación ilegítima de libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de cinco personas.

“Él estuvo presenciando torturas a nuestros compañeros detenidos y también fue quien firmó el acta de defunción de mi viejo”, remarcó la militante de HIJOS. Además mencionó que “ha sido de lo más feroz y perverso con los detenidos: a uno de ellos le hizo un catéter en el brazo, sin anestesia y con una tijera”.

Por otra parte, manifestó su reclamo para que diga dónde se encuentran los restos de su padre: “Le pedimos que aporte datos sobre lo sucedido con mi papá. Se lo pedimos a través de la Justicia, porque su lugar es la declaración indagatoria. Pero también se lo pedimos a nivel social”, enfatizó, en diálogo con Uno.

En tanto, Florencia Amore, abogada de HIJOS Paraná, indicó: “Estamos seguros de que Capellino sabe dónde está Sobko. Para nosotros fue un elemento fundamental para que se pueda cometer el delito. Esperamos que sea iluminado por alguna razón divina y nos diga dónde esta. No vamos a parar; por más sentencias que tengamos, lo que nosotros queremos es encontrar el cuerpo”.

Recordó que la Causa Área Paraná se encuentra en la etapa de plenario, pero quedaron numerosos asuntos pendientes de investigación, entre ellos el rol del Hospital Militar. “Hay víctimas que pasaron por el hospital y no tenemos ningún médico imputado. Hace mucho que venimos insistiendo con Capellino, porque él firma la partida de defunción de Sobko, o sea que vio y constató el cuerpo sin vida y hoy el cuerpo no sabemos dónde está; pero además hay víctimas que lo reconocen haciendo maniobras médicas irregulares”, expuso.

Pedro Sobko, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), fue secuestrado el 2 de mayo de 1977 en Paraná. Fue fusilado en avenida Ramírez y La Paz, a la vista de los vecinos y habría fallecido en el nosocomio castrense.

martes, 28 de agosto de 2012

Ramiro Menna


–¿Y vos?

–Pasan los años, yo me entero a los 13 o 14 años que era hijo de desaparecidos. Me crié con mis tíos pensando que era hijo de ellos. Pero según me explicó un psicólogo de Abuelas, fueron mecanismos de defensa de mi psicología: tratar de guardar en un lugar bien oscuro de la conciencia toda esa parte y no recordar nada, fue una manera de defenderme de cosas que me podían hacer mucho daño. Quela me crió. Vivimos en Carmen de Patagones. Me cuenta que cuando yo recién llegué tenía pesadillas. “Ani, Ani, mamá, mamá”, decía a la noche. Me despertaba y Quela entonces venía y me preguntaba si quería hablar de mi mamá. Yo le decía que no, que no. Hundía la cabeza en la almohada y me volvía a dormir. De a poquito al parecer desdibujé la idea de que tenía una mamá porque le empecé a decir mamá a Quela. Los psicólogos aconsejaron a mis tíos que me provean sólo de la información que yo solicitara, pero no más que eso, porque yo iba a preguntar lo que podía manejar. Cuando llego a los 13 años sin hacer preguntas, convencido de que mis primos eran mis hermanos, les aconsejan que me digan la verdad.

–¿Cómo fue con eso?

–Fue como una película, no me parecía una historia real. No se me encarnó hasta que no pasaron años. No hubo reacción violenta ni nada, lo tomé muy bien. Tenía más o menos conciencia de lo que había sido la dictadura y por mi formación católica la historia de mis papás, al principio, por un lado me parecía que habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y por otro, me parecían equivocados. Con el tiempo, fui indagando y formándome políticamente. Si bien no perdí mi fe, soy creyente y militante de la iglesia Católica latinoamericana, que no es la romana, fui comprendiendo mucho mejor lo que significó la lucha del PRT, junto con otros movimientos revolucionarios y de izquierda en América latina. Y la verdad es que cada vez menos creo que se equivocaron ellos en algo, en su militancia. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.
A Etiopía

En Carmen de Patagones, Quela trabajaba en Cáritas con un compromiso que Ramiro recupera en clave política. Levantaron una guardería en uno de los barrios más pobres comprometiendo al gobierno de la provincia con los sueldos de los docentes. Ramiro creció y se formó en el movimiento juvenil de los salesianos desde donde lee otra huella de su formación: participó como delegado del movimiento en instancias de organización local, regional y nacional. Había grupos misioneros con trabajo en las comunidades mapuches de la cordillera. Los de Oratoria, en las villas de Bahía Blanca. “Muchos chicos de clase media entraban en contacto con una realidad que no conocían, al comienzo los shockeaba pero después los terminaba por comprometer”, dice. Se hizo cura salesiano. Pidió ir a una misión en Etiopía en el norte de Africa. “Uno a veces se va lejos para estar más cerca, para encontrar lo que realmente le importa, mi experiencia en Etiopía fue inolvidable”, aunque ahí dejó la congregación porque “sentí cosas de la estructura eclesial que me incomodaban, me hacían ruido; en mi divorcio con los salesianos conocí a Dillawork, que hoy es mi mujer”. Ramiro, Dillawork, dos hijos y uno que está a punto de nacer viven en Chepes, un pueblo en el interior de La Rioja adonde llegó por una propuesta de Rafael Sifre, compañero del movimiento rural de Pedernera y Angelelli.

Ahora es profesor de física y química en un bachillerato de jóvenes y adultos en Ulapes, a 60 kilómetros de Chepes. Va tres veces por semana. Y pone parte del empeño en AecheLar, la Asociación de Emprendedores de Chepes que nació como cooperativa de trabajadores para potenciar criterios populares, parar la olla y a la vez desarrollar un proyecto económico sustentable en la región, dice él. La organización tomó forma sociopolítica. Abrieron FM La Tusca y la Cooperativa El Monte. La Tusca es parte de la red de medios de comunicación alternativa y canal de expresión sin condicionantes gubernamentales ni privados, dice. Un medio para denunciar efectos de la megaminería y sostener articulaciones con otras organizaciones. La cooperativa trabaja el cuero a partir del cabrito: “Parte de la producción genuina del pequeño productor de los Llanos que vende la carne pero desperdicia mucho el cuero”. Desde ahí, integran el FROP para articular con otros proyectos que ahora piensan en la construcción de una alternativa popular para disputar poder real en el escenario político de la provincia.

–Tu vida después, ¿no tiene algo de espejo con tus viejos?

–Puede ser. De chico en Patagones, sinceramente, aun antes de entender un poco cómo funciona el mundo de lo político, vivía en una familia que tenía un compromiso social. Quela laburaba mucho desde la Iglesia. Yo aprendo eso también. Pero conocer el compromiso de mis viejos y al mismo tiempo por mi militancia católica latinoamericana, uno descubre un mar de coincidencias. Toda una Iglesia comprometida con la construcción de una sociedad más justa que se convierte en mártir; que fue asesinada sistemáticamente, pero que sigue en lucha, que no se rinde. Y mis viejos, por otro lado, que creían en un proyecto de país muy distinto, lucharon, empujaron para que eso surgiera, se hiciera realidad en nuestra tierra y cayeron en medio de esa lucha. Cuando vos hablás de espejo, yo me siento muy identificado con muchas de las ideas que están en el credo, por decirlo así, del PRT. La necesidad de construir una sociedad fuerte, orientada según los intereses de los trabajadores, en línea quizá con lo que dice Hugo Chávez: un socialismo del siglo XXI que hay que crear. Que todavía no existe. Que no es ninguno de los que hemos visto pero que ciertamente no es capitalismo.

–¿En estos años supiste algo de tu posible hermano o hermana?

–En el marco de mis preguntas, en algún momento me fui enterando de que mi mamá estaba embarazada. El primer contacto con el tema fue cuando me saqué sangre, a los 18 o 19 años. Después me fui a Paraguay. Yo estaba viviendo en Trelew con los salesianos. Y salió el dato de que Carolina, hija adoptiva del matrimonio Bianco, tenía la edad y hasta rasgos que podían indicar que podía ser hija de Ana María Lanzillotto, es decir mi hermana. Bianco también tenía a Pablo, que después se supo que era hijo de desaparecidos. Yo viajé a Paraguay en 2000. Vi a Carolina. Ella tenía confianza con los salesianos porque había estudiado en un colegio con ellos. Yo sabía que se había negado a cualquier extracción de sangre, pero quise verla para que accediera, para pedirle por favor. Al final no accedió. Mucho después se lo hizo, y dio negativo (con todo el banco). Después hubo otra chica que podía ser, yo estaba en Etiopía. Pero resultó que tampoco era.

–¿Se lo espera ahora o se lo busca?

–Yo voy a declarar muy probablemente en el juicio. Para declarar de mis padres no puedo ir a decir nada: tenía dos años, no puedo decir quién me agarró a mí o quién me separó de mi madre. Puedo dar testimonio para que se vea cómo puede repercutir la acción del terrorismo en la vida de una persona, pero además vale por esto: quizá tenga su repercusión en alguna persona concreta que por ahí abra una puerta. Yo tengo 38 años, mi hermana o hermano tendría que tener 36, si me está escuchando debería saber que todos los especialistas coinciden en el hecho de que la verdad te va a hacer libre. Después vos podés criticar a tus viejos, si querés. Que se equivocaron, que no; porque a lo mejor mi hermana o hermano tenga construido un pensamiento totalmente de derecha, qué sé yo. Pero más allá de eso, conocer la verdad en tu historia es clave, de ser feliz y hacer feliz a otro.
ENCUENTRO CON UN SARGENTO

¿Ana dio a luz en Campo de Mayo?

–Desde mi borrosa visión de pueblo del interior, tengo entendido que fue ahí. Una vez tuve una entrevista personal con el sargento Ibáñez. Este Ibáñez fue un suboficial, según cuenta. Nos hizo una cita a mí y a una hija de Robi Santucho en un lugar del gran Buenos Aires. Yo estaba en Ramos Mejía. Tomé un tren y fuimos a parar a una plaza, no me acuerdo cuál, al lado del tren. No sabíamos a quien buscábamos, el tipo nos identificó a nosotros.

–¿Qué pasó?

–Nos preguntó: “¿Ustedes son los hijos de Santucho y Menna?” “Sí”, le dijimos. Y entonces nos sentamos en la plaza. Estaba con otro hombre, desconocemos quién, nos contó lo que quería contar: él nos citó, y él nos contó.

Ibáñez les dijo que el 19 de julio de 1976 él estaba en Campo de Mayo, lo mismo que declaró más tarde en la causa que investiga dónde está el cuerpo de Santucho. Contó que el líder del PRT llegó con un hilo de vida, que intentaron conservarle la vida para interrogarlo, pero no lo lograron. Según Ibáñez, murió poco después, herido de bala. Les dijo aquello de que el cuerpo había sido embalsamado, ubicado en lo que se llamó Museo de la Subversión. Ramiro preguntó por su mamá. El hombre no dijo nada. “No sabemos si es que no sabía y mi mamá no había llegado a ese lugar en ese momento por el embarazo, o en realidad Ibáñez se estaba cuidando.”

–¿Cuándo lo vieron?

–Era el año ’97. Hacía un relato pausado. Estaba con el otro tipo que no sabemos quién es. Se lo veía mal, no bien, como golpeado. Me contó que él llevaba café a los oficiales y cuando lo hacía pasaba por delante de la sala de tortura. Que más de una vez vio a mi viejo diciendo: “¡No lo puedo creer! ¡Me preguntan por la guita!”. “¡Me preguntan por la guita!” Que lo tuvieron bajo tortura durante un tiempo importante y que después llegaron algunos oficiales con cuaderno y lápiz como para hacerle preguntas más de teoría, como si papá les hubiera dado clases de algo. Supongo que le estarían preguntando por la ideología del PRT. Nos dijo que un día vino Santiago Omar Riveros. Entró como loco, como que pasaba algo y a tomar una medida urgente, como si le hubiesen dado una orden para que se los trasladara, que se los matara. Y él dice que fue con una anestesia. Pentotal o Pentonaval, algo así... Me dijo el nombre y todo porque fue quien tuvo que ir buscarlo y llevarlos. Los durmieron y los cargaron arriba de un avión y los tiraron al mar. Liliana Delfino, la mujer de Santucho, estaba con papá. El hombre habló con cierta admiración de los dos.

Villa Martelli


¿Cómo fue Villa Martelli?

–Hay relatos divergentes. Relato A: entró el capitán Juan Carlos Leonetti con datos de alguien que entregó una cita de mi viejo. Se habla de un médico que tenía a su esposa secuestrada y negoció entregar una cita de mi papá. El tipo que era conocido de papá, le pidió una cita urgente totalmente fuera de los protocolos de seguridad del PRT. Papá acude por la confianza que le tiene y porque el hombre se lo pide desesperadamente. El PRT planeaba la fuga de Robi, él no debía haber ido jamás, pero dijo: “No puedo dejar a éste solo”. Y el tipo parece que había vendido la cita. Lo agarran en esa cita falsa, y entre los papeles encuentran una dirección con el lugar donde vivían.

–¿La factura?

–Hablan del alquiler de un nebulizador. Debía ser para mí o para el hijo de Benito (Urteaga) porque éramos los chiquitos que estábamos ahí, capaz que andábamos con tos. No sabían qué se iban a encontrar pero se encontraron con lo que se encontraron. Cae papá primero y todo el resto: Benito Urteaga, Robi Santucho, mamá, Liliana Delfino y no me acuerdo si Fernando Gertel.

–¿El otro?

–Que alguien vende la casa y que primero los agarran a todos, menos a papá. Que papá se va a la cita y cuando vuelve lo esperan con una ratonera. O sea que papá entra, abre la puerta y los milicos estaban esperando adentro. Esta versión es la primera que me cuentan a mí, me la contó (Enrique) Gorriarán Merlo, preso en Devoto, lo visité un par de veces, charlamos un montón. La versión A, en cambio, es la que ahora está manejando la causa y, según dice Pablo Llonto, es la más probable. Y yo creo que es la más probable, capaz en el juicio se pueda reconstruir exactamente.


Los Lanzillotto y los Menna
Los abuelos de Ramiro tuvieron nueve hijos, dos murieron poco después de nacer, y a los otros él los nombra como “sobrevivientes de la niñez”, como si la condición de sobrevivientes los hubiese seguido marcando. Tito es Carlos Alberto Lanzillotto, el mayor, profesor de filosofía y letras, preso en Sierra Chica durante la dictadura. Cholo es Carlos Mario, abogado de presos políticos; se quedó en La Rioja, persiguieron y amenazaron a toda su familia. Nena es Alba Rosa, militante de la Iglesia de Angelelli, el día del golpe fue detenida y liberada a los pocos días, se exilió con su marido, el poeta Ariel Ferraro, y sus dos hijos. Quela es Nidia, que lo crió. Beba, que es María Isabel, se casó con el Pocho Délfor Brizuela, los allanaron y persiguieron, les colocaron una bomba que aunque estalló solo causó daños materiales. Ani era Ana María y Tina, María Cristina, su hermana melliza. Las dos militaron en el PRT, están desaparecidas. En el 2006 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó a Tina y en 2011 a su esposo, Antorcha Santillán o Carlos Benjamín “Cacho”. Los abuelos Me-nna, Pánfilo e Irma, tuvieron dos hijos: Domingo y Raquel, los dos militaron en el PRT, los dos están desaparecidos. Raquel tuvo tres hijos.

domingo, 26 de agosto de 2012

Ramiro Menna, hijo de Ana María Lanzillotto y Domingo Mena, busca a su hermano o hermana

“Conocer la verdad es clave”

Se hizo cura entre los salesianos, viajó a Etiopía, dejó la congregación y se casó. Hoy vive en La Rioja e integra el Frente Riojano de Organizaciones Populares. Busca un hermano o hermana y espera que el juicio sobre Campo de Mayo, que acaba de empezar, lo ayude a encontrarlo.

 Por Alejandra Dandan
Ramiro con sus padres, Ana María Lanzillotto y “el Gringo” Domingo Menna, secuestrados en julio de 1976.

Ramiro Menna está convencido de que existe “un mar de coincidencias” entre el “credo” de sus padres en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el suyo, dentro de la izquierda de la Iglesia Católica latinoamericana. Tenía dos años cuando sus padres, Ana María Lanzillotto y “el Gringo” Domingo Menna, y él fueron secuestrados el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli, en la caída de la conducción del PRT. Ana María estaba embarazada. Ramiro –que busca a un hermano o hermana– se hizo cura entre los salesianos. Alguna vez pidió viajar a Africa, porque irse más lejos le permitía estar más cerca de sí mismo. Dejó la congregación para irse a un lugar un tanto menos lejos, en los Llanos de La Rioja, un territorio legendario de la pastoral del obispo Enrique Angelelli, desde donde integra el Frente Riojano de Organizaciones Populares (FROP). “Por mi formación católica, al principio me parecía que por un lado mis papás habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y, por otro, que estaban equivocados. Con el tiempo fui indagando más y formándome políticamente: comprendí mucho mejor lo que significó la lucha del Partido Revolucionario de los Trabajadores en Argentina. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.”

La historia de Ramiro vincula en el presente dos escenarios. El juicio que acaba de empezar en San Martín, con sus padres entre las víctimas. Y La Rioja de Angelelli, donde también se está haciendo un juicio por la desaparición de dos sacerdotes durante la última dictadura.

–¿Como se pasa del presente intenso en Chepes a julio de 1976?

–El juicio sobre Campo de Mayo tiene una dimensión muy esperada por todos nosotros como familia, por la cuestión de que quizá, uno no sabe, puede aparecer algún indicio, algo que nos ayude a encontrar a mi hermana o hermano. Desde el presente, esa es la ligazón más fuerte. Uno lo espera con ansiedad. Además, está la visión política de la justicia en tanto que permite conocer la verdad histórica de lo que pasó en Campo de Mayo con estas personas en particular, pero alimentando la pintura total de la dictadura en nuestra Argentina. Eso ayuda a entender lo que es una sociedad desigual como la latinoamericana, con una elite dominante que recurre a las herramientas que tenga a mano para mantener su situación de privilegio. En los ’70, tuvieron la posibilidad de instalar una dictadura que protegía sus intereses, hoy no la tienen pero no es que no la deseen. Los juicios van desnudando esto: hasta qué punto pueden llegar...

–¿Qué pasó con vos?

–Cuando mamá desaparece, el 19 de julio de 1976, yo tenía dos años y ella estaba embarazada de unos ocho meses. Desaparece con esa panza y hay distintas versiones del circuito que siguió. Probablemente terminó en Campo de Mayo, no se sabe si pasó por el Vesubio. Patricia Erb, que estaba en Campo de Mayo, atestigua que mamá dio a luz. No se sabe si varón o mujer, pero dio a luz, porque entre las compañeras presas corrió la voz: “La mujer del Gringo dio a luz”, decían.

–¿Cómo te sacan a vos?

–Un tío mío, Cholo (Carlos Mario Lanzillotto), abogado, viviendo en La Rioja empieza a averiguar dónde podía estar su hermana el marido de su hermana y yo. O sea mamá, papá y yo. El tío Cholo estudió en Córdoba y creo que un amigo de ahí le dio el dato de alguien de la Justicia de la provincia de Buenos Aires. Ese hombre le cuenta: “Mirá, de tu hermana y el marido, olvidate, olvidate porque nadie te va a decir nada, ni dónde están, ni nada”, pero le pasó el dato de dónde estaba yo. Tenía que ir a buscarme a un juzgado federal o una guardería policial, creo que en San Martín.

–Si es ahí, puede ser el mismo lugar donde dejaron a Victoria Montenegro.

–Yo estuve desde el 19 de julio hasta el 8 o 10 de agosto. En el medio, fijate vos, desaparecen los curas de Chamical, lo asesinan a Wenceslao Pedernera el 25 de julio y a monseñor Angelelli el 4 de agosto. El 8, mi tío se entera, viaja a Buenos Aires, también viaja mi tía Quela, una hermana de mi mamá a quien mi mamá le había dicho: “Mirá, si me llega a pasar algo a mí, por favor hacete cargo de Ramiro”. Quela (Nidia Lanzillotto) hizo las gestiones con el tío Cholo para sacarme de la guardería. Hasta ahí estamos, pero de mamá, de papá y del bebé de mamá, nada.

–¿Y vos?

–Pasan los años, yo me entero a los 13 o 14 años que era hijo de desaparecidos. Me crié con mis tíos pensando que era hijo de ellos. Pero según me explicó un psicólogo de Abuelas, fueron mecanismos de defensa de mi psicología: tratar de guardar en un lugar bien oscuro de la conciencia toda esa parte y no recordar nada, fue una manera de defenderme de cosas que me podían hacer mucho daño. Quela me crió. Vivimos en Carmen de Patagones. Me cuenta que cuando yo recién llegué tenía pesadillas. “Ani, Ani, mamá, mamá”, decía a la noche. Me despertaba y Quela entonces venía y me preguntaba si quería hablar de mi mamá. Yo le decía que no, que no. Hundía la cabeza en la almohada y me volvía a dormir. De a poquito al parecer desdibujé la idea de que tenía una mamá porque le empecé a decir mamá a Quela. Los psicólogos aconsejaron a mis tíos que me provean sólo de la información que yo solicitara, pero no más que eso, porque yo iba a preguntar lo que podía manejar. Cuando llego a los 13 años sin hacer preguntas, convencido de que mis primos eran mis hermanos, les aconsejan que me digan la verdad.

–¿Cómo fue con eso?

–Fue como una película, no me parecía una historia real. No se me encarnó hasta que no pasaron años. No hubo reacción violenta ni nada, lo tomé muy bien. Tenía más o menos conciencia de lo que había sido la dictadura y por mi formación católica la historia de mis papás, al principio, por un lado me parecía que habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y por otro, me parecían equivocados. Con el tiempo, fui indagando y formándome políticamente. Si bien no perdí mi fe, soy creyente y militante de la iglesia Católica latinoamericana, que no es la romana, fui comprendiendo mucho mejor lo que significó la lucha del PRT, junto con otros movimientos revolucionarios y de izquierda en América latina. Y la verdad es que cada vez menos creo que se equivocaron ellos en algo, en su militancia. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta.
A Etiopía

En Carmen de Patagones, Quela trabajaba en Cáritas con un compromiso que Ramiro recupera en clave política. Levantaron una guardería en uno de los barrios más pobres comprometiendo al gobierno de la provincia con los sueldos de los docentes. Ramiro creció y se formó en el movimiento juvenil de los salesianos desde donde lee otra huella de su formación: participó como delegado del movimiento en instancias de organización local, regional y nacional. Había grupos misioneros con trabajo en las comunidades mapuches de la cordillera. Los de Oratoria, en las villas de Bahía Blanca. “Muchos chicos de clase media entraban en contacto con una realidad que no conocían, al comienzo los shockeaba pero después los terminaba por comprometer”, dice. Se hizo cura salesiano. Pidió ir a una misión en Etiopía en el norte de Africa. “Uno a veces se va lejos para estar más cerca, para encontrar lo que realmente le importa, mi experiencia en Etiopía fue inolvidable”, aunque ahí dejó la congregación porque “sentí cosas de la estructura eclesial que me incomodaban, me hacían ruido; en mi divorcio con los salesianos conocí a Dillawork, que hoy es mi mujer”. Ramiro, Dillawork, dos hijos y uno que está a punto de nacer viven en Chepes, un pueblo en el interior de La Rioja adonde llegó por una propuesta de Rafael Sifre, compañero del movimiento rural de Pedernera y Angelelli.

Ahora es profesor de física y química en un bachillerato de jóvenes y adultos en Ulapes, a 60 kilómetros de Chepes. Va tres veces por semana. Y pone parte del empeño en AecheLar, la Asociación de Emprendedores de Chepes que nació como cooperativa de trabajadores para potenciar criterios populares, parar la olla y a la vez desarrollar un proyecto económico sustentable en la región, dice él. La organización tomó forma sociopolítica. Abrieron FM La Tusca y la Cooperativa El Monte. La Tusca es parte de la red de medios de comunicación alternativa y canal de expresión sin condicionantes gubernamentales ni privados, dice. Un medio para denunciar efectos de la megaminería y sostener articulaciones con otras organizaciones. La cooperativa trabaja el cuero a partir del cabrito: “Parte de la producción genuina del pequeño productor de los Llanos que vende la carne pero desperdicia mucho el cuero”. Desde ahí, integran el FROP para articular con otros proyectos que ahora piensan en la construcción de una alternativa popular para disputar poder real en el escenario político de la provincia.

–Tu vida después, ¿no tiene algo de espejo con tus viejos?

–Puede ser. De chico en Patagones, sinceramente, aun antes de entender un poco cómo funciona el mundo de lo político, vivía en una familia que tenía un compromiso social. Quela laburaba mucho desde la Iglesia. Yo aprendo eso también. Pero conocer el compromiso de mis viejos y al mismo tiempo por mi militancia católica latinoamericana, uno descubre un mar de coincidencias. Toda una Iglesia comprometida con la construcción de una sociedad más justa que se convierte en mártir; que fue asesinada sistemáticamente, pero que sigue en lucha, que no se rinde. Y mis viejos, por otro lado, que creían en un proyecto de país muy distinto, lucharon, empujaron para que eso surgiera, se hiciera realidad en nuestra tierra y cayeron en medio de esa lucha. Cuando vos hablás de espejo, yo me siento muy identificado con muchas de las ideas que están en el credo, por decirlo así, del PRT. La necesidad de construir una sociedad fuerte, orientada según los intereses de los trabajadores, en línea quizá con lo que dice Hugo Chávez: un socialismo del siglo XXI que hay que crear. Que todavía no existe. Que no es ninguno de los que hemos visto pero que ciertamente no es capitalismo.

–¿En estos años supiste algo de tu posible hermano o hermana?

–En el marco de mis preguntas, en algún momento me fui enterando de que mi mamá estaba embarazada. El primer contacto con el tema fue cuando me saqué sangre, a los 18 o 19 años. Después me fui a Paraguay. Yo estaba viviendo en Trelew con los salesianos. Y salió el dato de que Carolina, hija adoptiva del matrimonio Bianco, tenía la edad y hasta rasgos que podían indicar que podía ser hija de Ana María Lanzillotto, es decir mi hermana. Bianco también tenía a Pablo, que después se supo que era hijo de desaparecidos. Yo viajé a Paraguay en 2000. Vi a Carolina. Ella tenía confianza con los salesianos porque había estudiado en un colegio con ellos. Yo sabía que se había negado a cualquier extracción de sangre, pero quise verla para que accediera, para pedirle por favor. Al final no accedió. Mucho después se lo hizo, y dio negativo (con todo el banco). Después hubo otra chica que podía ser, yo estaba en Etiopía. Pero resultó que tampoco era.

–¿Se lo espera ahora o se lo busca?

–Yo voy a declarar muy probablemente en el juicio. Para declarar de mis padres no puedo ir a decir nada: tenía dos años, no puedo decir quién me agarró a mí o quién me separó de mi madre. Puedo dar testimonio para que se vea cómo puede repercutir la acción del terrorismo en la vida de una persona, pero además vale por esto: quizá tenga su repercusión en alguna persona concreta que por ahí abra una puerta. Yo tengo 38 años, mi hermana o hermano tendría que tener 36, si me está escuchando debería saber que todos los especialistas coinciden en el hecho de que la verdad te va a hacer libre. Después vos podés criticar a tus viejos, si querés. Que se equivocaron, que no; porque a lo mejor mi hermana o hermano tenga construido un pensamiento totalmente de derecha, qué sé yo. Pero más allá de eso, conocer la verdad en tu historia es clave, de ser feliz y hacer feliz a otro.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cristina Murias, la hermana de Carlos, el cura asesinado en La Rioja

Dos muertes como mensaje a Angelelli

Empieza en La Rioja el juicio por el homicidio de Carlos Murias y Gabriel Longueville, los dos sacerdotes que trabajaban con el obispo Angelelli, quien investigó sus muertes y también fue asesinado.

Por Alejandra Dandan

Desde La Rioja

“Para mí lo que pretendieron cuando matan a Carlitos y a Gabriel es darle un mensaje al obispo: un mensaje para que se calle la boca, porque cuando hace la misa de cuerpo presente Angelelli dice: ‘Me pegaron donde más me dolía’”, dice Cristina Murias, la hermana de Carlos, uno de los dos curas mártires de Chamical. “Angelelli hizo la misa. Lloraba a moco tendido, no se preocupaba. ¡Cómo lloraba desde el púlpito! Y decía: ‘¡Donde más me dolía! Porque a Carlitos yo lo conocía desde los 12 años y yo lo ordené!’. Por eso yo creo que empiezan por Carlitos, y aparte porque los tenían a mano.”

Treinta y seis años después empieza el juicio por el asesinato de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, parte de la pastoral del obispo Enrique Angelelli, en una parroquia de Chamical. Los secuestraron el 18 de julio de 1976, los tuvieron en la Base de la Fuerza Aérea del pueblo y arrojaron los cuerpos muertos dos días después con los ojos vendados y marcas brutales de tortura. Angelelli, que había ordenado a Carlos en Buenos Aires, celebró la misa de cuerpo presente. Cinco días más tarde fusilaron a un laico y quince después ejecutaron al obispo en el falso accidente de ruta que la Iglesia siempre ocultó junto con una carpeta con las investigaciones de los crímenes. El juicio empieza en una trampera llena de pedidos y contrapedidos de los dos acusados para que se detenga. Pero finalmente estamos aquí. La persecución a la pastoral y el trabajo de los curas por las tierras con el movimiento campesino será eje del juicio.

–¿Carlos había recibido amenazas?

–El 24 de marzo lo que empezó fueron las detenciones. Dos curas fueron detenidos, pero lo que hacían eran detenerlos en la ruta cuando iban de un lado a otro, les hacían parar el auto. Los tenían cuatro o cinco horas interrogándolos y los dejaban ir. También con las monjas. Después los citaban a la Base. A Carlitos lo citaron en junio, lo sé por él. Lo acompañó otro cura. Le dijeron: “¡Qué cristianismo es el de ustedes! ¡Eso no es cristianismo!”. Entre marzo y junio hubo muchas citaciones. Después vino Augusto Pereyra, lo citan, no va y caen a buscarlo a la casa de una feligresa. Y tiene que ir. Decían que Chamical era un nido de guerrilleros. Ahora yo creo que Carlitos lo presentía.

–¿Por qué?

–Lo vimos en junio (en Córdoba) cuando murió papá. Le dijimos que se cuidara. “No creo que se animen con un obispo”, nos dijo. Cuando vuelve a Chamical, aparece De Tomasso (alguien cuyo nombre está en la causa, ligado a otra escena en la que un comodoro de apellido Bario aparece a comienzos de los ’70 como dueño de una extensión de 68 mil hectáreas en el oeste de Chamical. Carlos, Gabriel y Angelelli trabajaban con los campesinos ahí para intentar alguna organización contra los que querían embaucarlos. Aquel De Tomasso reapareció en Córdoba mientras se llevaban adelante esos trabajos). Un día nos dijo: “¡Díganle a su cuñado que se calle la boca!”. Esa noche fuimos al teléfono de mi mamá. Llamamos a Carlitos y nos dijo: “No vuelvan a llamar a la parroquia, ni me hablen desde lo de mami. No importa, nosotros ya sabemos”. ¡Cómo no iban a saber, si la Base estaba enfrente de la parroquia! O sea, no había que decirles a los militares qué hacían ellos.

–Un día antes del secuestro Carlos dio una misa.

–Cuentan las feligresas que va a dar misa en la parroquia de Santa Bárbara. Y cuando termina la misa dice: “Recen por este cura que está amenazada la vida”. Cuando (uno de los dos acusados del juicio, el ex comisario Domingo Benito) Vera las cita a declarar, le cambian lo que dicen. Vera siempre manejó la causa, desde el primer momento.

–¿Cómo vive este momento?

–Con una terrible ansiedad, con mucha angustia porque en esta provincia somos minoría y esperando que al final salga la verdad. Durante todos estos años he tratado de aportar todo. Pero estoy esperando, esperando que al final el bien triunfe sobre el mal.

–¿La angustia es por lo que usted llama blindaje político de los acusados?

–Yo veo que Vera, oriundo de Chamical y del que todo el mundo sabe que estuvo ahí, porque lo vieron, porque dejó de ir a la Iglesia, nunca estuvo preso en estos 36 años. Tiene parientes en la cámara de Chamical; su abogado los tiene en el superior tribunal, y así. Yo veo que tiene mucho respaldo político. Y la angustia es porque ya en una oportunidad la Justicia provincial hizo un juicio con sólo dos imputados (dos ex convictos); ningún juez encontró conexiones locales, fueron absueltos y terminamos prácticamente con nosotros imputados. Ahora me da miedo de que pase lo mismo, pero me alientan los abogados, la querella de la Secretaría de Derechos Humanos y el fiscal de Córdoba.

Cristina acaba de llegar de Córdoba con su hermana. Revuelve unas carpetas y desde adentro de una bolsa saca dos fotos chiquitas en blanco y negro. El cura Carlos bautiza a uno de sus hijos. Era enero de 1976. En la foto Carlos la abrazó: “A mí me dijeron que ese abrazo me iba a acompañar toda la vida –dice–, así, acá, me lo imagino en el juicio”.

domingo, 5 de agosto de 2012

Carta a Mariano


Por Agustín Fabbricatore *

Antes de empezar pido disculpas si en esta carta escribo con algún error, me voy a remitir a lo que mi memoria conserva de vos.

Querido Mariano:

Tuve la oportunidad de conocerte en aquel año 2010 recorriendo y militando los pasillos del CBC de Avellaneda. Esa sede en la cual siempre estuviste, desde que empezaste a militar con tu hermano. Tuvimos la oportunidad de intercambiar algunas charlas en esas largas tardes de frío y de sol, cuando la actividad y la cantidad de estudiantes era menor. Vos en la mesa del PO y yo en la de Sur, que están una al lado de la otra.

Me has contado de tu hermano mayor, de la vez que él fue al Puente Pueyrredón aquel 26 de junio de 2002 y vos no porque promediabas la secundaria y eras chico. Es más, si la memoria no me falla, fuiste su cómplice para que tus viejos no se enteraran de que había ido frente al peligro de una represión.

Recuerdo tu pasión por la música, tu intento fallido de irte a vivir con una chica con la cual salías. De mi parte pude contarte de mi militancia y mis comienzos en el centro de estudiantes del colegio, y hasta de mis diferencias políticas con mi viejo.

Como compañeros de diferentes organizaciones políticas, hemos debatido sanamente nuestras diferencias, vos aplicando la revolución permanente y yo, la liberación nacional. Diferencia de la cual partía cualquier análisis de la coyuntura actual. Me acuerdo de tu compañero Mauro, muy puesto en poder entender nuestra estrategia. Lo conservo como un buen recuerdo.

Antes de tu última movilización, Mauro me pidió que le cambiara el horario de laburo en la fotocopiadora para poder ir al corte de las vías.

El día en que ese asesino a sueldo se llevó tu vida no me lo voy a olvidar nunca. Me llama un compañero para contarme de esta nefasta noticia, por tener la cabeza en otra cosa no me había caído la ficha, hasta que prendí la televisión al rato. Vi tu cara en cada canal, en esa ambulancia, imágenes que realmente me shockearon. Puteé, bronca e impotencia me generó verte siendo víctima de estos burócratas sindicales que siguen enquistados.

Yo estaba con mi vieja, le conté que ese pibe que estaba viendo en la tele era el pibe con el que todos los días compartía un mate en el CBC. En ese mismo momento, Mariano, pasaste a ser una causa de todos, una lucha común contra la impunidad que no queremos que siga pasando. Al día de hoy, mi vieja recuerda mi angustia. Porque te pasó a vos, pero sabemos que nos podría haber pasado a cualquiera de los que dejamos la vida por una causa que creemos justa y por transformar la realidad. Los enemigos son poderosos y un asesinato no es un límite para ellos.

Al toque salí al punto de concentración de la marcha, que se organizó en ese mismo momento. Sentí una sensación rara en ese viaje, muchas cosas se me vinieron a la cabeza, era una mezcla de dolor y de que todavía no lo podía creer. Apenas llegué, busqué a tus compañeros del CBC, se me hundió el pecho, se me aflojaron las piernas cuando los vi. Llantos, dolor, no me salieron palabras, no sabía qué decirles, el dolor fue más fuerte que todos nosotros. De Callao y Corrientes marchamos llenos de bronca a Constitución.

Todo el CBC te recordó, los profesores sacaban a los cursos para participar de las asambleas, los estudiantes te recordaban, los chicos que atendían el bar y la fotocopiadora te escribían cartas, pegábamos imágenes tuyas por todos lados. La sede fue víctima de un silencio desolador, muy contundente, nunca la había visto así. Porque se llevaron impunemente a un pibe sencillo, como uno.

De ahí en más la historia es la que más o menos todos conocemos...

En el inicio del juicio oral y público, los que tenemos un buen recuerdo tuyo y luchamos por un mundo más justo estaremos presentes para exigir JUSTICIA POR MARIANO.

* Miembro de la agrupación Sur, del CBC de Avellaneda.