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domingo, 14 de agosto de 2016

Las Madres de Plaza de Mayo celebran 2.000 rondas

Beatriz tiene 89 años y toda la plaza la aplaude cuando circula asistida por un andador. Apenas puede caminar pero su lucha continua. Ahora, para que Francia extradite por fin al asesino de su hijo Hernán, tal como se lo pidieron en una carta al presidente Francois Hollande durante su visita reciente a Argentina. El genocida Mario Alfredo Churrasco Sandoval fue asesor de seguridad del exmandatario Nicolás Sarkozy y hoy vive libremente en París. La justicia argentina envió el pedido de extradición pero Francia se pronunció en forma contradictoria y el trámite está frenado.

“En las primeras rondas estábamos nosotros solas”, recordó Beatriz , “Una vez, el 24 de diciembre, estábamos acá y nos echaron a los milicos (militares). Empezamos a caminar por Florida y llegamos a una esquina donde estaban esperándonos con armas y nos dijeron que tenían orden de tirar. En otras oportunidades se nos acercaban y nos decían que nuestros hijos ya estaban todos muertos, que era absurdo que siguiéramos con las rondas”, contó. Sin embargo ellas siguieron “circulando”. La obstinación les dio otro ápodo, esta vez más despectivo: el de locas. Pero como alguna vez dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “en Argentina, las locas de la Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria”

martes, 2 de junio de 2015

Para la Madre de Plaza de Mayo Elia Espen, “el Gobierno no respeta ni al pañuelo blanco”

Por Luis Gasulla | Tiene 83 años y busca a su hijo Hugo, desaparecido en la última dictadura. La indiferencia del Gobierno. Video.

Elia Espen, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, ofreció una extensa entrevista en la redacción de Perfil.com en la que habló sobre la política de Derechos Humanos kirchnerista, su historia personal, la utilización partidaria del edificio de la Ex Esma, las contradicciones del relato K y el General César Milani. Elia Espen, parte 1.

La Madre sintetiza lo que implica llevar desde hace casi 40 años un pañuelo blanco sobre su cabeza: “El pañuelo representa mucho dolor”. Con un reclamo certero contra el Gobierno nacional, Espen critica su utilización como imagen de los billetes de 100 pesos. “Ya no respetan nada, no hay respeto por los desaparecidos nio por el pañuelo blanco”, se queja. Dice que el kirchnerismo “son un grupo de personas que se han adueñado de los Derechos Humanos porque no consultan. Directamente toman decisiones, hacen lo que les parece sin siquiera preguntarnos a las Madres y a los familiares si podría ser”, cuestiona.

Para la mujer, no es tenida en cuenta por su oposición a la administración de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Soy crítica y siempre estuve con los trabajadores, como en la época de Kraft que me fui a la Casa de Gobierno con el pañuelo, pensando que me iban a recibir pero no lo hicieron”, ejemplificó. “Nunca me van a recibir”, vaticina.

Por esa protesta, Espen formó parte del Proyecto X. Asegura: “Existen listas negras; estamos con Victoria Moyano -nieta recuperada- en ese listado”. “Cuando estábamos en la fábrica nos tiraron los caballos y el fiscal me preguntó cómo sabía de la represión. ‘Porque estuve’, le dije”, relata. Agrupaciones de izquierda denunciaron en  2013 que Espen y Moyano formaban parte de Proyecto X, el plan de espionaje ideado en la Gendarmería Nacional y el Ministerio de Seguridad durante la conducción de Nilda Garré.

Mayor amplitud. La mujer -que busca a su hijo hijo Hugo, un joven de 27 años, estudiante de arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y militante del PRT, secuestrado por un grupo de tareas paraestatal- considera que la visión de Derechos Humanos del oficialismo es acotada. “No se dieron cuenta lo que son los Derechos Humanos porque también son una vivienda digna, educación, salud, que te escuchen y no que te repriman, como a los Qom, que los están matando y les han hecho de todo”. Espen fue más allá: “Si fueran un actor o un futbolista importante, ahí sí estarían en la Casa de Gobierno”, sigue.

Espen se refirió a los que defienden al jefe del Ejército, César Milani, investigado por la desaparición del conscripto Alberto Ledo. “Es un represor y es un genocida, palabra que no me gusta decir pero es un asesino, quizá no empuñó el arma pero mandó a matar”, denuncia. “Es una mentira y una excusa decir que Milani no puede haber sido porque era joven en ese momento, lo desmiento”, insiste, mientras lo compara con el represor Alfredo Astiz: “De él también decían que no podía ser porque era joven”.

 https://www.youtube.com/watch?v=zl6XnGBB740#t=11


(*) Especial para Perfil.com

domingo, 18 de enero de 2015

Mirta de Baravalle: “No pienso en mi edad. Yo sigo”




Mirta Acuña de Baravalle celebró el lunes último sus 90 años de edad y los 38 del nieto (o nieta) que nació en cautiverio el 12 de enero de 1977. La Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora también rindió homenaje a su hija y a su yerno, detenidos-desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Especial para ANRed, por Liliana Giambelluca
Este 12 de enero, Mirta Acuña de Baravalle hubiese llegado a los 90 años de edad como un día cualquiera de no ser que dos incondicionales compañeras de su lucha, Laura Jara Suazo y María Teresa Núñez, le insistieron que debía festejarse su cumpleaños, es más, ellas lo organizarían le dijeron. La cofundadora de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se resistía al acontecimiento hasta que encontró el motivo para aceptarlo: rendir un homenaje a su hija Ana María Baravalle y a su yerno Julio César Galizzi, detenidos-desaparecidos desde el 27 de agosto de 1976. Otra motivación era que ese mismo día, su nieta o nieto (Camila o Ernesto) cumplía 38 años de edad.

Laura y María Teresa aceptaron el desafío y trabajaron sin tregua para lograr un equilibrado y cálido festejo-homenaje. Familia y compañeros de lucha de ayer y de hoy, se reunieron a partir de las 20 en una casa de derechos humanos, a unas cuadras de la histórica Plaza de Mayo. En el ingreso había una gran pancarta con un mensaje y la foto de Ana María y Julio César.
En el salón se preparó una mesa principal que la Madre y Abuela de Plaza de Mayo compartió con su hijo Sergio, con Susana, una amiga de Ana María, con las Madres Nora de Cortiñas y Elia Espen, y la Abuela Elsa Pavón. Para los invitados se distribuyeron mesas en todo el salón y en las paredes se colocaron fotos de momentos significativos en la lucha de Mirta. “Ana es tu faro, sos digna discípula de tu hija”, fue el mensaje que se mostraba en otra gigantografía.
“Soy reacia a estos encuentros de mis cumpleaños -dijo Mirta a los presentes- pero hoy es un día muy especial: estamos deseando un feliz cumpleaños al hijo de Ana y de Julio, a Camila o Ernesto, que también nació un 12 de enero, por eso, cumplir años para mí tiene una doble significación”.

Los conceptos y recuerdos transmitidos por sus compañeras de lucha generaron emoción y sonrisas en Mirta. Se leyó un poema escrito por un amigo de Ana María y Nora de Cortiñas manifestó: “Mirta, sos admirable, 38 años de permanencia en la histórica y simbólica Plaza de Mayo con tus principios inalterables, con tu fuerza y convicción mostrando al mundo que los derechos humanos no se negocian, no hay canje posible. El amor y el respeto por tu Ana y todos tus hijos e hijas te impulsan a estar presente en todo lugar donde se comete una injusticia. Tu solidaridad traspasa las fronteras. Por todas y todos los que hoy no están y los que están, seguiremos juntas. Hasta la victoria siempre. Venceremos”.
Elia Espen expresó el profundo afecto que sentía por su compañera de lucha y la recordó en los inicios de su militancia: “Cuando yo iba a la casa de las Abuelas, Mirta se movía todo el tiempo, era un cohete que andaba de acá para allá, era muy trabajadora y luchadora”. También mencionó “lindos momentos” que pasaron juntas cuando “la rutina” del final de la jornada era “tomarnos un heladito”. El gusto por los helados y el fervor por las innumerables propiedades del limón, llevó a otras anécdotas que desataron las risas de quienes conocen esas “debilidades” de Mirta.
Una cantautora deleitó con canciones de los 70 y un grupo de jóvenes tocaron jazz, tango y boleros. Luego llegó una gran torta con una mariposa de repostería encima. Fue la oportunidad para que Elsa Pavón recordara que “estábamos en un acto en el jardín de la Asociación Anahí y en el pañuelo de Mirta se posó una mariposa. Un proverbio azteca dice que cuando un guerrero muere se convierte en mariposa para acompañar a los que siguen luchando, por eso en la Asociación tomamos como símbolo a la mariposa y a Mirta como una guerrera máxima en vida”. Aclaró que cuando las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron a trabajar, “Mirta era una guerrera máxima, era el alma real porque prácticamente trabajaba las 24 horas del día en la institución, a veces ni dormía por preparar las investigaciones y todo lo que había que hacer al día siguiente”.

Consultada por la celebración de su cumpleaños 90 y los recuerdos por su permanente lucha, Mirta Baravalle respondió que renegaba de la “imposición” del año calendario: “yo no catalogo los años como tales, un año, otro año y otro más, ¿por qué tengo que ajustarme a eso?”, se preguntó y continuó: “No pienso en mi edad, yo sigo nada más, jamás pensé tengo tantos años y la verdad que no sé cómo tengo que sentirme a los 90. Yo me siento así como me ven ahora”.
Enviaron notas de saludos María Isabel “Chicha” de Mariani, Adolfo Pérez Esquivel, Osvaldo Bayer y Daniel Viglietti, entre otros.

Además de Sergio Baravalle, Susana (amiga de Ana), Nora de Cortiñas y Elia Espen (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora) y Elsa Pavón (Abuela de Plaza de Mayo y referente de la Fundación Anahí), se hicieron presentes Carlos “Sueco” Lordkipanidse y Enrique Fukman (Asociación Ex-Detenidos Desaparecidos), la nieta restituida María Victoria Moyano, Marcela Gudiño (Colectivo Memoria Militante) junto a integrantes de la “Mesa Todos por el Banco Nacional de Datos Genéticos”, Margarita Noia (secretaria de Derechos Humanos de la CTA Capital), Pablo Pimentel (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza), Alicia Unzalu (coordinadora del Centro Cultural de la fábrica IMPA recuperada por sus trabajadores) y las “Amigas de la ronda de Madres de Plaza de Mayo–Línea Fundadora”, entre otras.
“BUSCAR A LOS NIETOS SIN OLVIDAR A NUESTROS HIJOS”
En la madrugada del 27 de agosto de 1976, instaurado el terrorismo de Estado más brutal que se vivió en la Argentina, autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), militares del Ejército fuertemente armados ingresaron a la vivienda de Mirta Acuña de Baravalle y se llevaron a su hija Ana María y a su yerno Julio César Galizzi. La joven cursaba un embarazo de cinco meses y el bebé, Ernesto o Camila, nació en cautiverio el 12 de enero de 1977.

Durante varios meses, Mirta buscó sola a su familia y a comienzos de 1977 comenzó a reunirse con otras madres en la Plaza de Mayo para acordar presentaciones de habeas corpus y reclamos en la Casa de Gobierno y en distintos organismos estatales. La lucha se transformó en resistencia colectiva pacífica pero activa y el 30 de abril de ese año las mujeres comenzaron a marchar alrededor de la Pirámide de la Plaza. Mirta fue una de las catorce fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo que cada jueves se cubría el cabello con un pañal de tela blanca para exigir una respuesta a la Junta Militar por el destino de sus seres queridos y de otras personas que desaparecían en la Argentina.
En octubre de ese año, Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, “Licha”, también participante de las Madres, la invitó a formar un grupo de abuelas para buscar a los nietos nacidos en cautiverio y también desaparecidos. Bajo la consigna “buscar a los nietos sin olvidar a nuestros hijos", Mirta de Baravalle y Licha fueron dos de las doce mujeres fundadoras de las “Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos”.

En 1980, resolvieron constituirse en una asociación civil y denominarse de la forma que eran conocidas: “Abuelas de Plaza de Mayo”, cuyo objetivo, entre otros, era localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños secuestrados-desaparecidos por la dictadura cívico-militar y lograr el castigo correspondiente para todos los responsables de esos crímenes de lesa humanidad.
Lo más notable de las Abuelas fueron las tareas de investigación y búsqueda que encararon a fin de dar con el paradero de sus nietos. Sin medios ni experiencia recorrían juzgados de menores, orfelinatos y casas cuna. En más de una ocasión percibieron que funcionarios, jueces y profesionales de la salud habían colaborado en la supresión de la identidad de los niños, omitiendo investigar sus orígenes y facilitando apropiaciones bajo el carácter de “adopciones” que no eran tales.
Las Abuelas también solicitaron apoyo a los líderes de los principales partidos políticos de Argentina, entre ellos Ricardo Balbín (Unión Cívica Radical), Ítalo Luder (Partido Justicialista) y Oscar Alende (Partido Intransigente). Los dos primeros atribuyeron toda la responsabilidad al accionar de los grupos guerrilleros, y el último se negó a recibirlas. La misma indiferencia encontraron en los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de la Conferencia Episcopal Argentina.
Ante tanta desprotección en el ámbito nacional, las Abuelas decidieron recurrir a la ayuda humanitaria internacional. En enero de 1978, le solicitaron al Papa Pablo VI su intervención en la cuestión de los bebés desaparecidos, pero tampoco obtuvieron respuesta alguna. Solicitudes similares fueron realizadas a UNICEF y a la Cruz Roja. En todos los casos esas instituciones guardaron silencio o rechazaron la petición.
El 5 de agosto de 1978, víspera del Día del Niño, el diario La Prensa publicó la primera solicitada en la que se reclamaba por los niños desaparecidos. El texto, que en Italia fue denominado “el Himno de las Abuelas”, fue un factor decisivo para comenzar a movilizar a la opinión pública mundial.
Amnistía Internacional realizó campañas y brindó apoyo organizativo y financiero. Una de sus primeras actividades fue impulsar un petitorio internacional por los niños desaparecidos que reunió 14.000 firmas, entre ellas las de personalidades de gran renombre como Simone de Beauvoir, Costa Gavras y Eugène Ionesco. Poco a poco, organizaciones de derechos humanos en todo el mundo comenzaron a difundir la situación de los niños desaparecidos en la Argentina.
El 6 de septiembre de 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA se instaló durante catorce días en la Argentina para examinar la situación de los derechos humanos en el país. Las Abuelas le aportaron a este organismo 5.566 casos documentados de desapariciones. El 14 de diciembre, la CIDH presentó un extenso informe en el que por primera vez, un organismo oficial cuestionaba a la dictadura argentina por las “numerosas y graves violaciones de fundamentales derechos humanos”, estableciendo el deber del gobierno argentino de informar sobre cada una de las personas desaparecidas. En su informe, la CIDH también dio cuenta de “la desaparición de recién nacidos, infantes y niños, situación ésta en que la Comisión ha recibido varias denuncias”.
En octubre de 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien estuvo detenido-desaparecido durante la dictadura cívico-militar, sufrió cárcel y tortura, recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha en defensa de la democracia y los derechos humanos frente las dictaduras latinoamericanas. Ello le permitió brindar mayor apoyo y difusión a las acciones de las organizaciones defensoras de los derechos humanos locales.
En 1986, por discrepancias internas, la Asociación Madres de Plaza de Mayo se fracturó y Mirta Acuña de Baravalle integró el grupo llamado Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, donde actualmente tiene el cargo de secretaria. Además continúa en la búsqueda de su familia y en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Crónica y Fotos: Liliana Giambelluca

Por ANRed- E (redaccion@anred.org)

jueves, 7 de agosto de 2014

Homenaje en el Colegio Nacional Bs.As.: La despedida a LILA

Los restos de Lila Epelbaum, secuestrada en 1976, fueron identificados por el EAAF y serán enterrados el domingo. Hoy se hará una jornada en la escuela donde ella estudió.

Lila Epelbaum, hija de una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, fue secuestrada en Punta del Este el 4 de noviembre de 1976 junto a su hermano Claudio. Trasladada a la Argentina, fue vista por última vez en cautiverio en el centro clandestino Brigada Güemes y enterrada en una fosa común del cementerio de Avellaneda. De allí la exhumaron miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, que este año confirmaron su identificación. Los restos de Lila, que tenía 20 años, serán enterrados este domingo en el cementerio de La Tablada junto a los de su mamá, Renée Yoyi Epelbaum. Pero la despedida comenzará hoy en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde hizo el secundario. La jornada de memoria y reflexión, denominada “Hoy podemos despedir a Lila”, es organizada por el colegio, su centro de estudiantes, Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, además de familiares y compañeros.

El caso de los hermanos Epelbaum se enmarca en el Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur. Claudio y Luis militaban en la Argentina en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Luego de la de-saparición de Luis, el 10 de agosto de 1976 en Capital Federal, sus dos hermanos se refugiaron en un departamento de Punta del Este. Según la investigación de la Comisión de la Paz del Uruguay, equivalente a la Conadep argentina, Claudio y Lila fueron secuestrados el 4 de noviembre de ese año en el centro de Punta del Este, luego de hacer gestiones para sacar un pasaje en oficinas de la aerolínea Pluna. El portero del edificio donde vivían contó que ese día ambos pasaron a despedirse y que él había visto estacionados en la cuadra del edificio dos autos con patente argentina (una camioneta Ford blanca y un Torino marrón) con siete hombres de civil que luego siguieron a los hermanos. Si bien se desconoce con precisión qué fuerza intervino, se sabe que la represión en Uruguay estuvo a cargo principalmente del Organismo de Coordinaciones Antisubversivas (OCOA), cuyos miembros siguen impunes gracias a la Ley de Caducidad de 1985.

Lila y Claudio fueron trasladados de Montevideo a Buenos Aires en un vuelo de Pluna el 8 de noviembre, luego de cuatro días en un lugar no identificado. Aquí fueron vistos en Brigada Güemes o Protobanco, en Camino de Cintura y Riccheri, centro donde operaban represores del Ejército y la policía bonaerense. Allí, según la investigación del juez Daniel Rafecas, fueron confinados los militantes de Poder Obrero.

Entre los más de 300 cuerpos exhumados de Avellaneda, el EAAF identificó los restos de Lila y de uno de sus hermanos, que habían sido enterrados como NN.

El domingo a las 9, los familiares y compañeros de Lila partirán desde Corrientes y Acuña de Figueroa rumbo al cementerio de La Tablada, donde está enterrada Yoyi, fallecida en 1998. La jornada de hoy en el Colegio Nacional comenzará a las 10.30 con el recibimiento de los restos y palabras de los organizadores. A las 13 empezará el panel “Historia, memoria e identificación”, integrado por los historiadores Victoria Basualdo y Federico Lorenz, y Patricia Bernardi del EAAF. A las 16 se iniciará el panel “Juventud y dictadura” a cargo de Werner Pertot, periodista de Página/12 y co-autor de La otra Juvenilia, sobre los desaparecidos del Nacional Buenos Aires, a quien acompañarán ex compañeras y compañeros de Lila. El acto de cierre comenzará a las 17.30.

martes, 1 de mayo de 2012

En el aniversario de las Madres, acercándonos a Josefina "Pepa" de Noia

"Era sábado al mediodía, me senté en un banco de la Plaza y me puse a fumar… estábamos yo y las palomas, hasta que llegaron las otras madres", así describía Josefina García de Noia -"Pepa"- aquel 30 de abril de 1977 en el que un grupo de mujeres sembró la semilla del movimiento más poderoso que supo enfrentar a la dictadura cívico militar: las Madres de Plaza de Mayo.

"Pepa" es la mayor de ese puñado de 14 mujeres que crearon la agrupación convencidas por Azucena Villaflor de Devincenti que hace 35 años y desde la capilla Stella Maris, en Retiro, selló para siempre su vocación de líder y las convocó con un "basta, tenemos que ir a la Casa de Gobierno", para reclamar por sus hijos.

Cumplirá 91 años el 6 de julio y desde el 13 de octubre de 1976 no dejó de buscar a su hija María Lourdes de Mezzadra, psicóloga, docente universitaria, que militaba en Montoneros y fue secuestrada en su domicilio junto a su esposo Enrique, cuando tenía 29 años.
"La ví por última vez el día anterior, cuando vino a almorzar a mi casa de Castelar y al irse acompañada por su hermana Margarita para la facultad de Morón, le dije: `Lourdes, cuidate, por favor`, porque ya sabíamos lo que estaba pasando", recordó en una entrevista con Télam en su casa de Villa Devoto.

"Al otro día me la llevaron, primero a su marido (luego liberado) y más tarde a Lourdes y dejaron a su hijito Pablo Enrique con los vecinos que llamaron a los abuelos paternos para que se quede con ellos", prosiguió.
A Pepa le dio la noticia otra consuegra que la visitó al día siguiente: "vino a la mañana, una cosa rara, y mientras yo preparaba mate, dijo como en voz alta `yo se lo tengo que decir` y me lo dijo….".
Ese día marcó la vida de Pepa, quien decidió "dejar todo" e ir a buscar a su marido al trabajo y a "empezar a andar". "Fui a comisarías, iglesias, embajadas, despachos de las fuerzas armadas, Tribunales, pedí hábeas corpus y empecé a conocer a otras madres y compartir con ellas mi desesperación". El año 1976 golpeó sin piedad a la familia Noia, compuesta por los padres y cuatro hermanos: su hijo mayor, que trabajaba en la multinacional Ford, se anticipó al horror y se fue a Australia dos meses antes del golpe.
El mismo camino siguió otra hija que, aunque no militaba, viajó junto a su marido 10 días antes del secuestro y desaparición de Lourdes, quedando la familia quebrada en pocos meses, con Pepa, su marido y Margarita, compañera de búsqueda que milita en Hermanos y Hermanas de Detenidos-Desaparecidos.

La memoria de Noia sobre aquel 30 de abril registra que fue la primera en llegar a la cita, alrededor de las 12.30, "y fumando, como siempre, cigarrillos largos que nadie quería fumar".
"La reunión era a las 14 pero yo fui antes, llena de ansiedad, me fumé dos paquetes, hasta que llegó María Adela Antokoletz y después más madres y nos quedamos como dos horas hablando pero sin ser recibidas por ningún funcionario porque era sábado", relató.
Sin pañuelos blancos aún, ni rondas alrededor de la Pirámide, "eso llegaría después", recalca, decidieron volver el viernes siguiente y después acordaron que fuera jueves, a pedido de una madre que asociaba el viernes al "día de brujas".

Sobre lo que siguió después, durante todos los años siguientes, reconoce que "al principio confiábamos en los que nos decían, hasta que nos dimos cuenta que todos nos mentían".
De monseñor Emilio Grasselli, vicario castrense que recibía a las madres en la iglesia Stella Maris para obtener información, guarda los peores recuerdos, como del condenado Alfredo Astiz, a quien Azucena "cuidaba como a un hijo".

"Una vez que crucé a Grasselli en Tribunales, le dije si se acordaba de mí, y al reconocerme iba a poner su mano en mi hombro pero yo le dije "no me toque, sus manos están sucias en sangre de nuestros hijos. El dio media vuelta y se fue mientras yo seguía diciéndole cosas".
De su primera visita a la Casa de Gobierno recuerda que fue con otra madre "a ver al `señor` Videla, así le decía yo" y tras esperar un rato son llevadas a distintos despachos en forma separada, y ante la misma pregunta, responden que "`venimos por nuestros hijos`, no dijimos una palabra más", y reciben como respuesta "`lo vamos a tener en cuenta`. Nos fuimos muy asustadas".

El pasado y la actualidad atraviesan el relato de Noia, y el presente tiene una fecha, el 9 de agosto, cuando por primera vez se presente como querellante en el segundo juicio oral por crímenes en la ex ESMA, donde estuvieron cautivos Lourdes y su esposo.
Allí testimoniará que cuando fue a la casa de Lourdes "estaba todo tirado, libros, muebles, dinero, menos el retrato de Evita" y que "en la mesa de luz estaba el velador sin su lámpara, que habían usado para torturarla".
"Nunca supe nada de ella, sólo por lo que contó Enrique cuando fue liberado, que estuvo encapuchado junto a ella pero pudo reconocer que el lugar era la ex ESMA", apuntó.
"Y pensar que cuando iba a averiguar por ella por todos lados, estuve en la ESMA y antes de entrar, me paré sobre la calle Libertador y mientras veía entrar los Ford Falcon preguntaba mirando al edificio: `¿estarás acá?`".
Hoy "Pepa", es junto a madres y abuelas que buscan verdad, memoria y justicia, parte de la historia de la Argentina y desde su casa de Villa Devoto, y con un cigarrillo siempre a mano, sigue yendo "algunos jueves" a la Plaza, a las reuniones de las Madres y sobre todo, disfruta del cariño de los homenajes que cada vez son más.

por  Liliana Valle