Mostrando entradas con la etiqueta ccd y e. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ccd y e. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de junio de 2015

Falleció Elsa Sánchez de Oesterheld, parte de una familia arrasada por la dictadura

“Nos enseñó a luchar y volver a sonreír”

Elsa Oesterheld había sufrido la desaparición de sus cuatro hijas, su marido Héctor, autor de El Eternauta, y dos nietos, a quienes aún buscaba. Las Abuelas de Plaza de Mayo y la agrupación Hijos lamentaron su fallecimiento.

Si el dolor y la fortaleza fueran mensurables, podría decirse que murió una de las mujeres que más sufrió y se sobrepuso a los crímenes de la última dictadura. Elsa Sánchez de Oesterheld, viuda del legendario historietista Héctor Oesterheld, sufrió la de- saparición no de uno, ni de dos, ni de tres, sino de nueve miembros de su familia: sus cuatro hijas, su marido, dos yernos y dos nietos nacidos durante el secuestro de sus madres, que todavía son buscados. “Lala”, como la llamaban, debió sobrevivir a los múltiples embates para criar a su nieto Martín, que le fue entregado por los represores luego de masacrar a sus padres. A pesar de la tragedia con la que cargó por casi 40 años, siempre mantuvo la ternura y una sonrisa que sus compañeros de lucha prometieron no olvidar.

“Se fue en paz. La encontramos dormida y nos dejó la tranquilidad de que debía irse porque había dado todo lo que tenía. Es la mujer que me crió tras la desaparición de mis padres y el primer pariente que puedo enterrar, que no es poco”, dijo Martín Mórtola Oesterheld sobre su abuela, que tenía 90 años y será inhumada hoy, a las 14, en el cementerio de la Chacarita.

Elsa conoció a Héctor Oesterheld cuando él estudiaba geología y se ganaba la vida escribiendo libros de divulgación científica para chicos. Se casaron en 1947 y cinco años más tarde nació su primera hija, Estela. Luego llegaron Diana, Beatriz y Marina y vivieron años luminosos en un casa de Beccar. “Fuimos tan pero tan felices en esa casa que me parece que entre ese momento y hoy pasó una eternidad”, dijo Elsa, en una de sus últimas entrevistas.

A principio de los ’70 las hijas del matrimonio, ya adolescentes, comenzaron a involucrarse en política y se sumaron a las filas de Montoneros, organización a la que pronto acercarían a su padre. Elsa empezó a preocuparse cuando en 1973 los cinco fueron a Ezeiza a recibir a Perón en su regreso del exilio. Ese día se enojó con su marido. “Yo no puedo excluirme de la lucha en la que está involucrada toda la juventud, incluidas mis hijas, que además es por una causa en la que siempre creí: un país mejor”, le objetó él. Si bien nunca dudó de lo justo de la causa, para Elsa el precio de la lucha de su familia fue demasiado alto y siempre sostuvo que fue un error creer que la justicia social no podía lograrse sin violencia.

Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, toda su familia pasó a la clandestinidad y luego, uno a uno, fueron secuestrados y ejecutados por los militares. Dos de sus hijas estaban embarazadas y dieron a luz en cautiverio. Elsa sobrevivió, al igual que dos de sus nietos: Fernando, que fue llevado a la casa de sus abuelos paternos, y Martín, que le fue entregado a Elsa. “Ni yo misma puedo decir cómo fue que seguí viva –contó varias décadas después–. Soy un misterio para los psicólogos. Yo creo que Martín me salvó; tenía tres años y yo tenía que ocuparme de él. Creo que saber que estaba totalmente sola para enfrentar la vida me dio fuerza.”

“Es una abuela más que se va sin poder abrazar a sus nietos”, se lamentaron desde Abuelas de Plaza de Mayo, organismo del que Elsa participaba activamente, y valoraron “su testimonio siempre fresco y reflexivo que supo contribuir a la búsqueda de los nietos y a la construcción del derecho a la identidad”. Desde HIJOS Capital también quisieron despedirla y se guardaron para fortalecer la lucha el recuerdo de su sonrisa. “Elsa Sánchez de Oesterheld fue una mujer que nos enseñó mucho: a sobrevivir, a luchar y a volver a sonreír. Nadie sabe cómo esa mujer, pequeña de tamaño, fue tan grande contra todo lo que le hicieron los verdugos. Elsa sobrevivió a todo eso, pisando imposibles, luchando siempre por justicia.”

Informe: Delfina Torres Cabreros.

domingo, 18 de enero de 2015

Mirta de Baravalle: “No pienso en mi edad. Yo sigo”




Mirta Acuña de Baravalle celebró el lunes último sus 90 años de edad y los 38 del nieto (o nieta) que nació en cautiverio el 12 de enero de 1977. La Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora también rindió homenaje a su hija y a su yerno, detenidos-desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Especial para ANRed, por Liliana Giambelluca
Este 12 de enero, Mirta Acuña de Baravalle hubiese llegado a los 90 años de edad como un día cualquiera de no ser que dos incondicionales compañeras de su lucha, Laura Jara Suazo y María Teresa Núñez, le insistieron que debía festejarse su cumpleaños, es más, ellas lo organizarían le dijeron. La cofundadora de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se resistía al acontecimiento hasta que encontró el motivo para aceptarlo: rendir un homenaje a su hija Ana María Baravalle y a su yerno Julio César Galizzi, detenidos-desaparecidos desde el 27 de agosto de 1976. Otra motivación era que ese mismo día, su nieta o nieto (Camila o Ernesto) cumplía 38 años de edad.

Laura y María Teresa aceptaron el desafío y trabajaron sin tregua para lograr un equilibrado y cálido festejo-homenaje. Familia y compañeros de lucha de ayer y de hoy, se reunieron a partir de las 20 en una casa de derechos humanos, a unas cuadras de la histórica Plaza de Mayo. En el ingreso había una gran pancarta con un mensaje y la foto de Ana María y Julio César.
En el salón se preparó una mesa principal que la Madre y Abuela de Plaza de Mayo compartió con su hijo Sergio, con Susana, una amiga de Ana María, con las Madres Nora de Cortiñas y Elia Espen, y la Abuela Elsa Pavón. Para los invitados se distribuyeron mesas en todo el salón y en las paredes se colocaron fotos de momentos significativos en la lucha de Mirta. “Ana es tu faro, sos digna discípula de tu hija”, fue el mensaje que se mostraba en otra gigantografía.
“Soy reacia a estos encuentros de mis cumpleaños -dijo Mirta a los presentes- pero hoy es un día muy especial: estamos deseando un feliz cumpleaños al hijo de Ana y de Julio, a Camila o Ernesto, que también nació un 12 de enero, por eso, cumplir años para mí tiene una doble significación”.

Los conceptos y recuerdos transmitidos por sus compañeras de lucha generaron emoción y sonrisas en Mirta. Se leyó un poema escrito por un amigo de Ana María y Nora de Cortiñas manifestó: “Mirta, sos admirable, 38 años de permanencia en la histórica y simbólica Plaza de Mayo con tus principios inalterables, con tu fuerza y convicción mostrando al mundo que los derechos humanos no se negocian, no hay canje posible. El amor y el respeto por tu Ana y todos tus hijos e hijas te impulsan a estar presente en todo lugar donde se comete una injusticia. Tu solidaridad traspasa las fronteras. Por todas y todos los que hoy no están y los que están, seguiremos juntas. Hasta la victoria siempre. Venceremos”.
Elia Espen expresó el profundo afecto que sentía por su compañera de lucha y la recordó en los inicios de su militancia: “Cuando yo iba a la casa de las Abuelas, Mirta se movía todo el tiempo, era un cohete que andaba de acá para allá, era muy trabajadora y luchadora”. También mencionó “lindos momentos” que pasaron juntas cuando “la rutina” del final de la jornada era “tomarnos un heladito”. El gusto por los helados y el fervor por las innumerables propiedades del limón, llevó a otras anécdotas que desataron las risas de quienes conocen esas “debilidades” de Mirta.
Una cantautora deleitó con canciones de los 70 y un grupo de jóvenes tocaron jazz, tango y boleros. Luego llegó una gran torta con una mariposa de repostería encima. Fue la oportunidad para que Elsa Pavón recordara que “estábamos en un acto en el jardín de la Asociación Anahí y en el pañuelo de Mirta se posó una mariposa. Un proverbio azteca dice que cuando un guerrero muere se convierte en mariposa para acompañar a los que siguen luchando, por eso en la Asociación tomamos como símbolo a la mariposa y a Mirta como una guerrera máxima en vida”. Aclaró que cuando las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron a trabajar, “Mirta era una guerrera máxima, era el alma real porque prácticamente trabajaba las 24 horas del día en la institución, a veces ni dormía por preparar las investigaciones y todo lo que había que hacer al día siguiente”.

Consultada por la celebración de su cumpleaños 90 y los recuerdos por su permanente lucha, Mirta Baravalle respondió que renegaba de la “imposición” del año calendario: “yo no catalogo los años como tales, un año, otro año y otro más, ¿por qué tengo que ajustarme a eso?”, se preguntó y continuó: “No pienso en mi edad, yo sigo nada más, jamás pensé tengo tantos años y la verdad que no sé cómo tengo que sentirme a los 90. Yo me siento así como me ven ahora”.
Enviaron notas de saludos María Isabel “Chicha” de Mariani, Adolfo Pérez Esquivel, Osvaldo Bayer y Daniel Viglietti, entre otros.

Además de Sergio Baravalle, Susana (amiga de Ana), Nora de Cortiñas y Elia Espen (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora) y Elsa Pavón (Abuela de Plaza de Mayo y referente de la Fundación Anahí), se hicieron presentes Carlos “Sueco” Lordkipanidse y Enrique Fukman (Asociación Ex-Detenidos Desaparecidos), la nieta restituida María Victoria Moyano, Marcela Gudiño (Colectivo Memoria Militante) junto a integrantes de la “Mesa Todos por el Banco Nacional de Datos Genéticos”, Margarita Noia (secretaria de Derechos Humanos de la CTA Capital), Pablo Pimentel (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza), Alicia Unzalu (coordinadora del Centro Cultural de la fábrica IMPA recuperada por sus trabajadores) y las “Amigas de la ronda de Madres de Plaza de Mayo–Línea Fundadora”, entre otras.
“BUSCAR A LOS NIETOS SIN OLVIDAR A NUESTROS HIJOS”
En la madrugada del 27 de agosto de 1976, instaurado el terrorismo de Estado más brutal que se vivió en la Argentina, autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), militares del Ejército fuertemente armados ingresaron a la vivienda de Mirta Acuña de Baravalle y se llevaron a su hija Ana María y a su yerno Julio César Galizzi. La joven cursaba un embarazo de cinco meses y el bebé, Ernesto o Camila, nació en cautiverio el 12 de enero de 1977.

Durante varios meses, Mirta buscó sola a su familia y a comienzos de 1977 comenzó a reunirse con otras madres en la Plaza de Mayo para acordar presentaciones de habeas corpus y reclamos en la Casa de Gobierno y en distintos organismos estatales. La lucha se transformó en resistencia colectiva pacífica pero activa y el 30 de abril de ese año las mujeres comenzaron a marchar alrededor de la Pirámide de la Plaza. Mirta fue una de las catorce fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo que cada jueves se cubría el cabello con un pañal de tela blanca para exigir una respuesta a la Junta Militar por el destino de sus seres queridos y de otras personas que desaparecían en la Argentina.
En octubre de ese año, Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, “Licha”, también participante de las Madres, la invitó a formar un grupo de abuelas para buscar a los nietos nacidos en cautiverio y también desaparecidos. Bajo la consigna “buscar a los nietos sin olvidar a nuestros hijos", Mirta de Baravalle y Licha fueron dos de las doce mujeres fundadoras de las “Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos”.

En 1980, resolvieron constituirse en una asociación civil y denominarse de la forma que eran conocidas: “Abuelas de Plaza de Mayo”, cuyo objetivo, entre otros, era localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños secuestrados-desaparecidos por la dictadura cívico-militar y lograr el castigo correspondiente para todos los responsables de esos crímenes de lesa humanidad.
Lo más notable de las Abuelas fueron las tareas de investigación y búsqueda que encararon a fin de dar con el paradero de sus nietos. Sin medios ni experiencia recorrían juzgados de menores, orfelinatos y casas cuna. En más de una ocasión percibieron que funcionarios, jueces y profesionales de la salud habían colaborado en la supresión de la identidad de los niños, omitiendo investigar sus orígenes y facilitando apropiaciones bajo el carácter de “adopciones” que no eran tales.
Las Abuelas también solicitaron apoyo a los líderes de los principales partidos políticos de Argentina, entre ellos Ricardo Balbín (Unión Cívica Radical), Ítalo Luder (Partido Justicialista) y Oscar Alende (Partido Intransigente). Los dos primeros atribuyeron toda la responsabilidad al accionar de los grupos guerrilleros, y el último se negó a recibirlas. La misma indiferencia encontraron en los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de la Conferencia Episcopal Argentina.
Ante tanta desprotección en el ámbito nacional, las Abuelas decidieron recurrir a la ayuda humanitaria internacional. En enero de 1978, le solicitaron al Papa Pablo VI su intervención en la cuestión de los bebés desaparecidos, pero tampoco obtuvieron respuesta alguna. Solicitudes similares fueron realizadas a UNICEF y a la Cruz Roja. En todos los casos esas instituciones guardaron silencio o rechazaron la petición.
El 5 de agosto de 1978, víspera del Día del Niño, el diario La Prensa publicó la primera solicitada en la que se reclamaba por los niños desaparecidos. El texto, que en Italia fue denominado “el Himno de las Abuelas”, fue un factor decisivo para comenzar a movilizar a la opinión pública mundial.
Amnistía Internacional realizó campañas y brindó apoyo organizativo y financiero. Una de sus primeras actividades fue impulsar un petitorio internacional por los niños desaparecidos que reunió 14.000 firmas, entre ellas las de personalidades de gran renombre como Simone de Beauvoir, Costa Gavras y Eugène Ionesco. Poco a poco, organizaciones de derechos humanos en todo el mundo comenzaron a difundir la situación de los niños desaparecidos en la Argentina.
El 6 de septiembre de 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA se instaló durante catorce días en la Argentina para examinar la situación de los derechos humanos en el país. Las Abuelas le aportaron a este organismo 5.566 casos documentados de desapariciones. El 14 de diciembre, la CIDH presentó un extenso informe en el que por primera vez, un organismo oficial cuestionaba a la dictadura argentina por las “numerosas y graves violaciones de fundamentales derechos humanos”, estableciendo el deber del gobierno argentino de informar sobre cada una de las personas desaparecidas. En su informe, la CIDH también dio cuenta de “la desaparición de recién nacidos, infantes y niños, situación ésta en que la Comisión ha recibido varias denuncias”.
En octubre de 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien estuvo detenido-desaparecido durante la dictadura cívico-militar, sufrió cárcel y tortura, recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha en defensa de la democracia y los derechos humanos frente las dictaduras latinoamericanas. Ello le permitió brindar mayor apoyo y difusión a las acciones de las organizaciones defensoras de los derechos humanos locales.
En 1986, por discrepancias internas, la Asociación Madres de Plaza de Mayo se fracturó y Mirta Acuña de Baravalle integró el grupo llamado Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, donde actualmente tiene el cargo de secretaria. Además continúa en la búsqueda de su familia y en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Crónica y Fotos: Liliana Giambelluca

Por ANRed- E (redaccion@anred.org)

martes, 21 de octubre de 2014

Testimonio en Entre Ríos

Torturas y sed constante

Un sobreviviente de la última dictadura militar narró que durante su cautiverio estuvo trece días sin tomar agua y dijo que cuando “les rogaba” a sus captores que mitiguen su sed, éstos se negaban para que no muriera por los efectos de la picana eléctrica con la que lo torturaban y prolongar así su interrogatorio.

Carlos Isidoro Weinzettel, uno de los testigos de la megacausa Area Paraná, en la que se investigan delitos de lesa humanidad ocurridos en la costa oeste de Entre Ríos, recordó que después de los interrogatorios, “cuando nos quedábamos solos con la guardia, las torturas seguían. Nos golpeaban todo el día”.

Weinzettel fue secuestrado el 21 de agosto de 1976 y estuvo 14 días con los ojos vendados y maniatado a una parrilla de hierro, donde recibió las descargas de la picana eléctrica. En sus declaraciones señaló al ex auditor del Ejército Jorge Humberto Appiani, al ex médico de Institutos Penales Hugo Mario Moyano y al ex director de la cárcel de Paraná José Anselmo A-ppelhans, de ser partícipes de las sesiones de torturas a que fue sometido. Weinzettel es el esposo de Alicia Ferrer, quien también fue secuestrada. Ella tenía tres meses de embarazo, pero lo perdió a causa de las torturas.

jueves, 2 de octubre de 2014

UN POCO SOBRE PASTO SECO: LIONEL MAC DONALD

Lionel MacDonald había empezado como militante estudiantil en Santa Fe, hasta que el PRT comenzó a planificar lo que luego sería la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” en Tucumán.

Así subió al monte, a principios del ’74, con un primer grupo “de exploración”, que abrió la posibilidad para que luego se sumaran nuevos contingentes de combatientes.
En diciembre, con la entrega de grados, adquirió el grado de Capitán, y según sus propios compañeros, “caminaba el monte como los dioses”.
Era uno de los encargados del trabajo político con los “contactos”, esto es, los pobladores que vivían (y algunos lo siguen haciendo) a la vera del cerro: por el rubio de su pelo, comenzaron a llamarlo “Pasto Seco”.

Descendiente de escoceses, su madre había sido la compositora de la marcha del ERP, mientras él seguía militando en la Compañía: allí permanecería, hasta que en junio del ’75 le correspondió la responsabilidad de dirigirla.
Luego del golpe de marzo del ’76, y ante la decisión de la dirección del PRT de desactivarla hasta mejores condiciones, pese a estar en desacuerdo, le cupo el trabajo de bajar a los militantes y avisarles a los contactos de las novedades.
En eso andaba, cuando lo sorprendió una patrulla del Ejército el 21 de octubre. Su padre, cuando fue a retirar sus restos a Tucumán, fue recibido por un Teniente Coronel que le entregó el cuerpo y lo felicitó “porque su hijo combatió tan valientemente como el mejor de los nuestros.”

LIONEL MAC DONALD, “PASTO SECO”, “RAUL”, por Raúl Lescano
Era uno de los principales compañeros. Fue el último responsable de la Compañía de Monte, en el ’76. Lo matan en un enfrentamiento, cuando estaba bajando, y se defendió hasta que se quedó sin balas. Eso fue luego de que el Partido diera la orden de disolver la Compañía. Incluso los milicos siempre hablaron de él con mucho respeto. Él fue quien me incorporó al PRT, más o menos para el ’68.

Había sido jugador de Colón de Santa Fe, hasta la cuarta división, como número nueve. Antes habíamos estado juntos en el equipo de Sunchales, que era de la liga regional, hasta que me voy a Ferrocarril Oeste de Santa Fe y él a Colón. Y después, cuando el PRT lo traslada a Rosario, jugó en Newell’s. Se hacía tiempo para jugar al fútbol. Y en la cárcel, del ’71 al ’73, también jugábamos, cuando estuvimos en Resistencia y en Encausados. A él lo largan el 11 de marzo, previo a las elecciones, porque no tenía PEN y hacía rato que había cumplido su condena.
Sus restos fueron restituidos desde el cementerio de San Miguel de Tucumán hasta el de Santa Fe. Llevamos la urna al “Lugar de la memoria”, que es un árbol grande, que tiene alrededor como una maceta de mármol, donde se introducen las urnas. Cuando se hizo eso, se preparó un acto con la familia y los compañeros, donde me pidieron que hable, porque lo conocía desde que éramos chicos, desde el colegio.

Estrella Roja N° 89, 14 de diciembre de 1976
“Consternados, doloridos ante la muerte de nuestros camaradas, rendimos hoy homenaje a quien ha sido un soldado de su pueblo y un jefe indoblegable para sus soldados.
Siempre atento y preocupado por los problemas de las masas, hacia donde se orientó su pensamiento y acción, imbuido del espíritu del pueblo tucumano, conociendo sus necesidades y sus costumbres, supo ser uno de ellos.

Enseñando con el ejemplo de humildad y sencillez dotado de una moral inquebrantable y una voluntad sin límites, llevó adelante la lucha del pueblo tucumano hacia su liberación.
Conciente de la necesidad de organizar y construir para ello un poderoso ejército regular supo ponerse al frente de sus hombres venciendo cualquier dificultad, formando permanentemente a sus soldados, educándolos, conociéndolos profundamente. Supo llegar con la crítica fraterna, con la palabra de aliento o la palmada calmosa y calar muy hondo en el alma de sus hombres, narse el cariño y el respeto de todos los que lo conocieron, los que tuvimos el privilegio de estar bajo su mando y de su pueblo que tanto amó.

Querido camarada Capitán Raúl, tu nombre es bandera de lucha, tu ejemplo de valor y sacrificio nos guiará junto a nuestro Comandante Jefe por el camino de la victoria hasta el triunfo final.

¡EL CAPITÁN RAÚL VIVE EN EL CORAZÓN DE SUS SOLDADOS Y DE SU PUEBLO!
¡COMANDANTE SANTUCHO A LA ORDEN, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

jueves, 7 de agosto de 2014

Homenaje en el Colegio Nacional Bs.As.: La despedida a LILA

Los restos de Lila Epelbaum, secuestrada en 1976, fueron identificados por el EAAF y serán enterrados el domingo. Hoy se hará una jornada en la escuela donde ella estudió.

Lila Epelbaum, hija de una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, fue secuestrada en Punta del Este el 4 de noviembre de 1976 junto a su hermano Claudio. Trasladada a la Argentina, fue vista por última vez en cautiverio en el centro clandestino Brigada Güemes y enterrada en una fosa común del cementerio de Avellaneda. De allí la exhumaron miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, que este año confirmaron su identificación. Los restos de Lila, que tenía 20 años, serán enterrados este domingo en el cementerio de La Tablada junto a los de su mamá, Renée Yoyi Epelbaum. Pero la despedida comenzará hoy en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde hizo el secundario. La jornada de memoria y reflexión, denominada “Hoy podemos despedir a Lila”, es organizada por el colegio, su centro de estudiantes, Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, además de familiares y compañeros.

El caso de los hermanos Epelbaum se enmarca en el Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur. Claudio y Luis militaban en la Argentina en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Luego de la de-saparición de Luis, el 10 de agosto de 1976 en Capital Federal, sus dos hermanos se refugiaron en un departamento de Punta del Este. Según la investigación de la Comisión de la Paz del Uruguay, equivalente a la Conadep argentina, Claudio y Lila fueron secuestrados el 4 de noviembre de ese año en el centro de Punta del Este, luego de hacer gestiones para sacar un pasaje en oficinas de la aerolínea Pluna. El portero del edificio donde vivían contó que ese día ambos pasaron a despedirse y que él había visto estacionados en la cuadra del edificio dos autos con patente argentina (una camioneta Ford blanca y un Torino marrón) con siete hombres de civil que luego siguieron a los hermanos. Si bien se desconoce con precisión qué fuerza intervino, se sabe que la represión en Uruguay estuvo a cargo principalmente del Organismo de Coordinaciones Antisubversivas (OCOA), cuyos miembros siguen impunes gracias a la Ley de Caducidad de 1985.

Lila y Claudio fueron trasladados de Montevideo a Buenos Aires en un vuelo de Pluna el 8 de noviembre, luego de cuatro días en un lugar no identificado. Aquí fueron vistos en Brigada Güemes o Protobanco, en Camino de Cintura y Riccheri, centro donde operaban represores del Ejército y la policía bonaerense. Allí, según la investigación del juez Daniel Rafecas, fueron confinados los militantes de Poder Obrero.

Entre los más de 300 cuerpos exhumados de Avellaneda, el EAAF identificó los restos de Lila y de uno de sus hermanos, que habían sido enterrados como NN.

El domingo a las 9, los familiares y compañeros de Lila partirán desde Corrientes y Acuña de Figueroa rumbo al cementerio de La Tablada, donde está enterrada Yoyi, fallecida en 1998. La jornada de hoy en el Colegio Nacional comenzará a las 10.30 con el recibimiento de los restos y palabras de los organizadores. A las 13 empezará el panel “Historia, memoria e identificación”, integrado por los historiadores Victoria Basualdo y Federico Lorenz, y Patricia Bernardi del EAAF. A las 16 se iniciará el panel “Juventud y dictadura” a cargo de Werner Pertot, periodista de Página/12 y co-autor de La otra Juvenilia, sobre los desaparecidos del Nacional Buenos Aires, a quien acompañarán ex compañeras y compañeros de Lila. El acto de cierre comenzará a las 17.30.

lunes, 30 de junio de 2014

Familiares de víctimas de la dictadura hablan del Equipo de Antropología Forense que cumple 30 años

“Miran tu silencio, miran tu sonrisa”

El trabajo de los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense es destacado, tanto por su rigurosidad científica como por su calidez humana, por hijos y familiares de desaparecidos que, gracias al EAAF, pudieron saber qué pasó con sus seres queridos.

“Es una mirada que te escucha, están expectantes a tu reacción para responder.” La definición de la escritora Paula Bombara, que en 2012 se reencontró con los restos de su padre secuestrado en 1975, sintetiza un sentir común sobre los miembros del Equipo de Antropología Forense de los familiares de víctimas del terrorismo de Estado que, gracias al EAAF, pudieron cerrar el duelo iniciado durante la dictadura. “La tarea del Equipo es importantísima para los familiares. Aparte de su profesionalismo, tienen una calidad humana increíble. Les voy a estar agradecido de por vida”, confiesa Horacio Pietragalla, que mucho antes de ser diputado fue “el primer hijo en recuperar los restos de padre y madre”. El periodista Emiliano Guido, que gracias al EAAF pudo enterrar a su mamá, coincide en que “es un grupo humano excelente, además de ser muy profesionales”, y recuerda en particular el trabajo de investigación con el que se encontró la primera vez que se acercó al Equipo, que por estos días celebra sus treinta años de trayectoria.

“Mi primer contacto con el Equipo fue al mes de recuperar mi identidad en 2003. Estaban trabajando en una fosa común del cementerio de San Vicente, Córdoba, y tenían la certeza de que mi papá estaba ahí. Estaban exhumando y tenían muchos indicios, restos de un hombre de casi dos metros, por lo que me piden una muestra de sangre”, recuerda Pietragalla. “Si bien hacía poco que había recuperado la identidad, enseguida empecé a trabajar con Abuelas, así que tenía claro el tema, por eso la confirmación llegó por teléfono”, agrega. “Ir a Córdoba, buscar los restos y enterrarlos en un cementerio junto a los de mi hermano Pablito, a quien no llegué a conocer, fue muy fuerte.”

El segundo capítulo fue al año, cuando recuperó los restos de su madre. “Después de que la matan, mi abuelo hizo muchas averiguaciones, supo que me habían sacado de esa casa y que la habían enterrado en el cementerio de Boulogne. Hizo la denuncia y en 1984 se hicieron exhumaciones, pero no había tanta experiencia en el ámbito de la antropología: se mandaron los cráneos a La Plata, se mezclaron con otros y se perdieron. Con las leyes de impunidad las investigaciones se interrumpieron. Pero parte de los restos quedaron en un depósito, en 2004 el EAAF logró recuperarlos. Con la información que figuraba en la causa y mi muestra de sangre se confirmó la identidad y pude recuperar los restos. Tuve mucha suerte, era el primer hijo que recuperaba los restos de padre y madre. Hoy hay varios casos”, celebra.

“La tarea del Equipo es importantísima para los familiares. Aparte de su profesionalismo tienen una calidad humana increíble. Les voy a estar agradecido de por vida”, dice Pietragalla. Para graficar esa humanidad cuenta que “cuando me avisaron la identificación de mi mamá yo recién me había separado, vivía en un hotel, y fue tanta la euforia que agarré la camioneta, me metí en el Edificio Libertador y me subí a una tanqueta a gritar ‘hijos de puta’. Tenía necesidad de descargarme. Se los conté a ellos y me vinieron a ver varias veces, casi con culpa por si me lo habían dicho bien o no. Y siguieron preocupados por ver cómo seguía. Yo los quiero mucho y tiene que ver con eso, con cómo son con los familiares, cómo se preocupan después de dar la noticia. Respetan todo lo que uno quiera hacer y después de todo ese proceso no se olvidan, son muy cálidos”.

La investigación previa

Raúl Guido y Silvia Giménez fueron secuestrados en junio de 1976, cuando su hijo tenía 15 meses. “Mi primer contacto con el EAAF fue a partir del documental Tierra de Avellaneda, que me prendió la luz sobre ese camino, ya que no tenía idea que se podía lograr la recuperación de los huesos”, relata Emiliano Guido, que entonces militaba en Hijos La Plata. De su primera visita al Equipo recuerda el trato, pero sobre todo el impacto al ver el trabajo previo. “Hicieron una búsqueda en una base de datos para intentar reconstruir qué había pasado con mis viejos después de los secuestros. Ahí me di cuenta de que tenían una muy buena investigación. A partir de unos pocos datos se dieron cuenta de que el caso se inscribía en un secuestro mayor: ese día en Mar del Plata habían caído nueve compañeros del PRT y todo daba a entender que habían terminado en el Pozo de Banfield y que, igual que con muchos chupaderos de zona sur, podían haber sido enterrados como NN en el cementerio de Avellaneda”, relata Emiliano, periodista del diario Miradas al Sur.

Durante años, después de dejar su muestra de sangre, lo contactaron para chequear datos sobre los militantes caídos junto a sus padres. En 2006 llegó el llamado: la identificación de los restos de Silvia, exhumados de una fosa común en Avellaneda. Luego llegaría la decisión del homenaje a la militante que fue su mamá en el cementerio de La Plata, del que participaron miembros del EAAF. “Fue en todo momento un grupo humano excelente, muy profesionales”, destaca.

“Contestar desde el saber”

Daniel Bombara fue secuestrado en Bahía Blanca a fines de 1975. Su hija estaba convencida de que nunca lo encontraría, pero una mañana de 2008, informada de la campaña para que todos los familiares de desaparecidos se hicieran una extracción de sangre, fue el Hospital Tornú y dejó su muestra. “Una botellita al mar”, recuerda Paula, que además de escribir literatura infantil es bioquímica y había leído sobre el trabajo del EAAF mientras estudiaba genética. Tres años después recibió “el llamado”: “Te hablo del EAAF, te queremos ver”.

“Dije ok, no pregunté nada. Sabía que si la muestra se hubiera arruinado me lo habrían dicho. Fue casi una certeza de que lo habían encontrado y entendía que no me lo dijeran por teléfono”, rememora. Por esos días escribía para el libro ¿Quién soy?, sobre nietos recuperados y reencuentros, y estaba citada a declarar como testigo en el primer juicio por delitos de lesa humanidad en Bahía Blanca.

“Decidí no contarle a nadie, necesitaba tiempo, así que fui al EAAF sola. Me encontré con personas súper amables, extrañadas de que no hubiera hecho preguntas. En esa charla, el 16 de junio de 2011, hice un montón de preguntas. Primero técnicas: me interesaba saber sobre el análisis y cómo se manejaban. Después detalles de la investigación, cómo lo encontraron, cómo llegaron hasta ahí. Me asaltaron preguntas que tenía hacía muchos años y por fin encontraba interlocutores que me podían contestar desde su saber, desde investigaciones. Estaba viviendo un imposible, era una sensación de alegría, estaba feliz”, recuerda.

Seis meses después, concluidos los trámites judiciales, volvió al Equipo “a buscar la cajita con los restos de mi viejo”, a quien junto con su mamá decidieron cremar y enterrar las cenizas en la Iglesia de la Santa Cruz. La relación con el EAAF siguió: en marzo último la convocaron, junto con otros familiares, a participar de la pintura de un mural en la ex ESMA, donde funcionará el Banco de Sangre de Familiares.

“Aprecio lo que hacen desde un montón de lugares”, confiesa. “El trabajo científico es súper interesante. Son trabajos interdisciplinarios, eso es riquísimo para el aprendizaje de las ciencias. Más allá de la especificidad de mezclar lo social con lo científico se vinculan con poblaciones y relatos, hay una cuestión sociológica y antropológica de rescate de culturas”, destaca Paula. “Desde el vínculo como familiar rescato la calidez y el saber escuchar. Es una mirada que te escucha. Miran tu silencio, miran tu sonrisa, están expectantes a tu reacción para responder. Es muy difícil comunicar esto, no sabés qué va a pasar con la persona que está recibiendo algo tan soñado. Pero tienen una disposición amorosa que es muy valorable.”

sábado, 1 de junio de 2013

CENTROS CLANDESTINOS. AYER Y HOY Lordkipanidse: “En ese lugar, nuestros compañeros dieron su último combate”

Convocados por la Comisión de Vecinos por Memoria Verdad y Justicia en Campomar, referentes de organismos defensores de derechos humanos hablaron de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que funcionaron durante la última dictadura militar en Argentina.

El miércoles último se realizó en la Legislatura porteña la charla “Centros clandestinos. Ayer y hoy”, organizada por la Comisión de Vecinos de Campomar. Coordinó el periodista Lisandro Martínez y el legislador Alejandro Bodart se solidarizó e instó a que los salones de la Legislatura estén al servicio de las luchas populares.

Juan Ayala, miembro de la Comisión de Vecinos por Campomar y periodista, habló de la situación de la exfábrica textil Campomar de Valentín Alsina. Hizo referencia al escaso acompañamiento por parte de la Justicia, el Estado y el Equipo de Antropología Forense: “Se señalizó la comisaría tercera de Valentín Alsina -a tres cuadras de Campomar- y no se habló ni de investigar a los policías involucrados ni a Campomar, cuando estoy convencido que este es el centro clandestino 30 del circuito Camps.”

Entre otras cosas se refirió al compañero exdetenido desaparecido que testificó en dos oportunidades haber estado en Campomar: “Ni siquiera se lo llamó a reconocer el lugar como en cualquier pesquisa policial. ¿Quién hizo eso? Nosotros y ahí recordó otras tantas cosas (…), sin embargo, su querella fue rechazada.”

A continuación habló Julio Avinceto, miembro de H.I.J.O.S La Plata, quien marcó en el mismo hilo que “la investigación la hacen los sobrevivientes, los organismos de derechos humanos, la sociedad organizada pero nunca el Estado”. Como ejemplo de esta afirmación citó dos casos emblemáticos. En la Brigada de Infantería y Marina 3 en La Plata hace más de 20 años se conocen las denuncias de torturas, asesinatos, e incluso apropiación de recién nacidos, sin embargo no sólo no se investigó, sino que se construyó la nueva sede de la Universidad de La Plata, demoliendo el Centro Clandestino, sin siquiera cumplir la promesa de construir una plaza de la memoria.

El segundo caso es el exdestacamento de Arana, centro clandestino del circuito Camps, probado en el correspondiente juicio ya terminado, uno de los lugares donde estuvo detenido Jorge Julio López. Ante el anuncio del Equipo de Antropología Forense de haber hallado 10000 fragmentos óseos (lo que luego posibilitó la identificación de 30 compañeros) en plena campaña electoral 2010 el gobierno provincial montó sobre la excavación una jaula de metal y vidrio para exponer los restos humanos de los compañeros. Como dijo el compañero Julio de HIJOS, una política de derechos humanos de “circo y negocios”.

A continuación, el exlegislador porteño Marcelo Parrilli hizo un recorrido histórico, marcando que los centros clandestinos de detención no se inician en la dictadura sino durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, con la triple A, con “el campito” en Campo de Mayo y el centro montado en Acindar durante el operativo “serpiente roja del Paraná”.

Luego hizo un análisis de las dificultades para juzgar todos los crímenes cometidos y remarcó que el genocidio se realizó con el “encubrimiento y participación de los partidos tradicionales, la iglesia y la burocracia sindical. (...) Videla avisó en el ‘75 a todos, como dijo recientemente en su juicio, lo que iba a hacer, todos lo supieron y todos lo capitalizaron deshaciéndose de los sectores más contestatarios.” En esta perspectiva es que “solo los sectores más combativos del campo popular pueden hacer avanzar esto.”

Por último tuvo la palabra Carlos “Sueco” Lordkipanidse, de la Asociación ExDetenidos Desaparecidos, quien destacó que lo que había era una red de centros clandestinos interconectados, y que “no habría podido funcionar un solo centro clandestino de detención para desaparecer 30.000 compañeros, porque los centros clandestinos de detención son lugares. Es la necesidad de un lugar oculto para que el genocidio se desarrolle, si no sucede como hoy en día que el genocidio qom se ve y se nota. Si se hubiera desarrollado en la calle hubiera sido insoportable el asesinato de 30.000 personas.”

Luego destacó que si se avanzó hasta aquí en materia de derechos humanos fue por “la resistencia del pueblo que no olvidó”, pero que el reconocimiento de los centros clandestinos impone nuevos desafíos para sortear por ejemplo los intentos recurrentes de hacer negocios inmobiliarios con los mismos, o de cambiar su esencia: “A nadie se le ocurre tirar abajo Auschwitz y poner una estructura cuadrada de metal y vidrio y decir acá está este es el exAuschwitz, sin embargo eso es lo que se quiere hacer con la ESMA, presentar la ex Esma.”

Antes de abrir al debate, el compañero cerró con un interrogante: si vale o no la pena tanto esfuerzo militante en esta causa, y sí, en eso coincidimos: “vale la pena, porque en ese lugar, nuestros compañeros dieron su último combate”.

Gabriela Domínguez. Delegada docente de Lanús (Lista Roja Suteba). Miembro de la Comisión de Vecinos de Campomar

En la foto: Juan Ayala (Vecinos de Lanús por Campomar), Julio Avinceto (H.I.J.O.S La Plata), Lisandro Martínez (Vecinos de Lanús por Campomar), Dr. Marcelo Parrilli (exlegislador porteño) y Carlos “Sueco” Lordkipanidse (Asociación ExDetenidos Desaparecidos).