miércoles, 12 de julio de 2017

Los desaparecidos de Racing: víctimas de la dictadura atravesadas por dos pasiones

Los desaparecidos de Racing es un libro del sociólogo Julián Scher que recopila once historias de hinchas fanáticos del club de Avellaneda y comprometidos políticamente que fueron víctimas del terrorismo de estado durante la dictadura militar. Scher dialogó con Fernando Tebele en el programa Oral y Público por Radio La Retaguardia y contó de qué se trata este libro. (Por La Retaguardia)

“Los desaparecidos de Racing es un libro que compila las historias de once hinchas de Racing que fueron víctimas del genocidio que sufrió la Argentina. Son once biografías a partir de dos grandes ejes: la pasión por el fútbol en general y por Racing en particular y la pasión por la política o el compromiso social. El libro usa a Racing un poco como una excusa, aunque podrían ser hinchas de cualquier otro club, para intentar que el fútbol se vuelva una herramienta para que gente que por distintos motivos a quedado alejada de esta cuestión se arrime y pueda entender qué es lo que ocurrió en la Argentina”, comenzó relantando Scher, mostrando el objetivo de vincular la temática de los desaparecidos con el fútbol para que las personas que no están involucradas con lo que pasó durante el golpe militar del 1976 logren inmiscuirse en esos asuntos al menos por su fanatismo por el fútbol.

¿Por qué estas historias?

“Fueron cayendo un poco así al azar en el transcurso de la investigación. Cuando comencé conocía solamente dos casos, el de Roberto Santoro y el de Alejandro Almeida, y me propuse contar once historias por lo que significa el número once para cualquiera que es futbolero. Es la posibilidad de jugar en equipo, de ser un rato felices con otros. La verdad que no sabía cuántos casos iba a encontrar porque no hay clasificaciones de los compañeros desaparecidos según de qué cuadro eran hinchas. No sabía si iba a encontrar dos o dos millones. Las primeras once historias en las que no solo encontré el caso sino que después pude dar con los testimonios de familiares, compañeros y amigos, son las que figuran en el libro. Después en la introducción hay nombrados diez casos más y antes de la salida del libro, que fue en la primera o segunda semana de mayo, hasta acá aparecieron varios casos más que ojalá en algún momento puedan contarse. Creo que contar la historia de cualquiera de los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos es en sí mismo un acto de justicia”, le respondió Scher a Fernando Tebele en Radio La Retaguardia.

Scher explicó en torno a qué basó estas pequeñas biografías de fanáticos de fútbol con una militancia política y social muy comprometida: “El eje está puesto en la vida. Era lo que quería hacer. All Boys, que es uno de los clubes que ha hecho cuestiones para contribuir con la Memoria, la Verdad y la Justicia, tiene un mural en una de las ochavas de su estadio con los rostros de cinco socios desaparecidos y dice 'aquí fueron muy felices'. Un poco el espíritu de cada una de estas pequeñas biografías es reconstruir sus vidas desde la alegría, desde la pasión por el fútbol, desde la pasión por Racing, desde la pasión por la política y desde la pasión por vivir, básicamente”, dijo.

Las historias que narró el autor abarcan tanto a jóvenes como adultos y demuestran que más allá de las edades estaban unidos por un objetivo en común y también los guiaba la misma pasión por los colores: “La historia del Turco (Jorge Cafatti) es muy conmovedora: su pasión por Racing, por su barrio, por su gente y el amor con su familia. Forma parte de los tres o cuatro casos de gente 'más grande'. El resto eran chicos muy jóvenes cuando fueron desaparecidos como Gustavo Juárez, que era alumno del Colegio Nacional Buenos Aires y lo desaparecieron con 19 años. También al hijo de Taty Almeida (Alejandro Almeida) que tenía 20. La verdad que medio por una cuestión de suerte quedó bastante variada la muestra de once casos, sin que fuera hecha a propósito. Me parece que cada una de las historias, con sus particularidades, permiten entender un poco cómo es que esa generación, o más que una generación, tuvo el compromiso que tuvo y la voluntad de construir un mundo más justo”, manifestó.

En Los desaparecidos de Racing también aparece la historia de Jacobo Chester, quien fue torturado por el represor Luis Muiña, el genocida que obtuvo el beneficio del 2x1: “Zulema, su hija, que tuvo la enorme generosidad de charlar conmigo para poder construir la biografía de su papá, recuerda perfectamente que Luis Muiña integraba el Grupo de Tareas del centro clandestino de detención que funcionaba en el Hospital Posadas. Ingresó a su domicilio para secuestrar a su papá. Todo esto nos da bronca y nos parece aberrante, no solo a nosotros sino a las miles de personas que salieron a manifestarse después del fallo de la Corte Suprema. Jacobo Chester, por lo que cuentan sus amigos, sus familiares y sus compañeros de trabajo, era un fenómeno haciendo relaciones públicas. Jacobo no era un fotógrafo ni mucho menos. Era un gran hincha de Racing y él simulaba ser fotógrafo para poder meterse en la cancha y estar cerca de sus ídolos”, narró Scher, adelantando intimidades de la vida de los personajes reales de su libro.

Uno de los primeros que se animó a introducir el fútbol en los libros fue Roberto Santoro con Literatura de la Pelota. Heredando su intención, Julián Scher lo incluyó en su libro y reflexionó sobre lo que conoció de él: “Desde chiquito mi papá me explicó dos cosas: que Santoro era de Racing como nosotros y que tenía claro quiénes eran los hijos de puta, como nosotros también. Era medio imposible no adentrarse en la historia de él. Siempre supe que Santoro era de Racing pero no me imaginé que Racing había ingresado a su vida mucho antes que la poesía y la literatura, mucho antes que la política. Sus papás eran muy de Racing, su tío también y eso lo llevó a cometer un acto entre la imprudencia y la locura. En su propia luna de miel dejó abandonada a su mujer durante unas horas y se fue a ver a Racing. No sé cuántos se animarían a hacer eso. Yo tenía claro, como cualquiera de nosotros, que para la inmensa mayoría de los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos la política era un fuego y una pasión determinante. Lo que no tenía tan claro es que en muchos casos, más allá de que acá son once, el fútbol también consistió una pasión muy importante que se mamó desde chico y era una identidad afectiva de tremenda potencia como nos sigue ocurriendo a muchos todavía hoy” admitió Scher.

Presentación del libro en la cancha de Racing

“El viernes 14 de julio a las 19 horas lo vamos a estar presentado en la mismísima cancha de Racing. Me parece algo importante, no solo por lo que significó Racing para cada una de estas once historias, sino porque más allá de los reproches que se le puedan hacer o los estudios de por qué el fútbol en general y los clubes en particular hicieron menos de lo que podrían haber hecho por construir Memoria, Verdad y Justicia, me parece que todavía es mucho lo que pueden hacer en esta batalla todavía vigente por explicar qué es lo que pasó en el país. Me parece simbólico que podamos presentar el libro en esa cancha donde muchísimas veces estos once compañeros fueron muy felices” cerró Julián Scher, reflexionando sobre la importancia que tiene que desde lugares tan masivos como el fútbol se le dé relevancia a los derechos humanos y se denuncien los horrores que cometieron los militares en la Argentina.

El libro Los desaparecidos de Racing fue editado por Grupo Editorial Sur. Puede conseguirse en la cancha de Racing y en las librerías que figuran en las redes sociales del libro: Facebook: Los Desaparecidos de Racing. Instagram:@Los desaparecidos de Racing. Twitter:@DesaparecidosRA

martes, 15 de noviembre de 2016

El caído del cielo" recrea la historia de un militante del ERP convertido en santo popular

“El caído del cielo”, un filme de Modesto López se estreno ayer jueves en el Gaumont, y estará en cartelera una semana, narra la increíble historia de Tomás Francisco Toconás, un campesino tucumano que en 1975 se unió a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo y fue convertido en santo popular por los pobladores de la localidad santiagueña de Pozo Hondo, lugar donde su cadáver fue arrojado desde un helicóptero militar tras haber sido torturado.

A través del mito nacido en Pozo Hondo, López se aboca a la búsqueda de la identidad de aquel militante popular secuestrado por las Fuerzas Armadas en pleno Operativo Independencia y lanzado desde el cielo -tal vez como advertencia del horror que se avecinaba en la Argentina-, mientras sus hijos quedaban en la calle y su esposa era sistemáticamente violada y obligada a lavar la ropa de sus secuestradores.

Sin saber de quién se trataba, los pobladores del lugar convirtieron al caído del cielo en un santo popular, a quien le iban a rezar para pedir deseos y milagros, pero 37 años después un grupo de antropólogos forenses fue convocado para investigar la verdadera historia y darle identidad a los restos de quien en vida fuera Tomás Francisco Toconás.

“Toconás era un hombre muy humilde, cortador de leña, que vivía con su mujer y sus seis hijos cerca de un río pegado a Santa Lucía, en Tucumán. Me llamó mucho la atención que los militares se ensañaran tanto con un hombre tan humilde y su familia, ya que le quemaron el rancho, a la mujer la violaron permanentemente, y para sembrar el terror en la zona lo tiraron desde un helicóptero”, recordó López en diálogo con Télam.

“En general uno habla de los grandes héroes latinoamericanos, pero pocas veces se habla de estas personas desconocidas que dieron su vida por un futuro mejor y que ayudaron a que esos héroes existieran. Toconás fue un héroe anónimo, que todos los días contribuía a mejorar las cosas, gente que a veces no vemos, pero vive y sueña. Quería destacar que, cómo él, muchos desconocidos trabajan por hacernos la vida un poco mejor”, afirmó

sábado, 5 de noviembre de 2016

30 octubre 2016 : Baldosa para Hernán Abriata

 Con una nutrida concurrencia de familiares y compañeros, se colocó una baldosa en homenaje a Hernán Abriata. 
Estuvo junto a sus hijas y nietos, Betty, la mamá de Hernán, que no ha dejado de exigir justicia por Hernán, y reclamar denodadamente por la extradición del genocida Mario Sandoval quién participara activamente en el secuestro de Hernán, y que se encuentra actualmente en Paris.En este sentido, se está realizando diversas gestiones en el Parlamento Europeo, con el objetivo de impedir que un genocida viva impunemente, y que responda ante la justicia argentina, donde se desarrolla la causa por la desaparición de Hernán Abriata






sábado, 1 de octubre de 2016

Rememorando dignidad... continuando con los principios y la lucha

Un escrache personal

Reconoció a Scheller, segundo del Tigre Acosta. Se le acercó y lo denunció en  público. La gente insultó al represor, que calló.

El capitán Raúl Scheller, o Mariano o Pingüino (camisa a cuadros), rodeado de amigos.
Respondió cuando lo llamaron por su alias. Después cruzó las manos y no dijo ni hizo nada más.

Por Felipe Yapur

Los dos hombres caminaron lo más rápido que podían por Rivadavia frente a la Plaza de los Dos Congresos sin decir una sola palabra. Cuando se alejaron unos metros de la esquina de Rodríguez Peña, se dieron vuelta y miraron hacia el bar Start Café, y sonrieron. “Lo hicimos Quique, por fin lo hicimos. Escrachamos al asesino, al hijo de puta de Scheller. El que nos torturó”, gritó Carlos al tiempo que se abrazaba con su viejo amigo Enrique Fukmam. Parecían adolescentes pero no lo eran, son ex detenidos desaparecidos que descubrieron por casualidad al hombre que los torturó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y, tras veinte años de espera, se encontraron con el capitán Raúl Scheller o Mariano o Pingüino, como se hacía llamar cuando personalmente torturaba a los desaparecidos. Le gritaron y se sacaron la bronca por la picana, la capucha y el asesinato de miles de personas que, como ellos, pasaron por el principal campo de concentración de la Marina y no tuvieron la suerte de sobrevivir.

“Pensar que esa bestia solía acercarme y llamarme ‘sojuzgado’. Ni por el número que nos daban cuando nos chuparon me llamaba. No te imaginás lo bestia que era cuando estaba desatado. Torturaba con una saña que el Tigre Acosta parecía un niño de pecho”, recordó Carlos, un ex militante montonero que pidió mantener su apellido en reserva y que permaneció detenido junto a su mujer Lita y su hijo Rodolfo de 20 días durante dos años y medio en la ESMA, mientras se apoyaba en una columna de luz. “Estoy tomando conciencia de lo que hice”, le aseguró a Página/12 sin poder contener las lágrimas y, haciendo un esfuerzo, intentó describir a Scheller: “Metía miedo, terror. Imaginate, todos los que estábamos allí temblábamos cuando teníamos puesta la capucha y escuchábamos su voz”.

El capitán Raúl Scheller supo muy bien cómo imponer el terror. Fue un alto oficial de inteligencia del grupo de tareas 3.3.2 que funcionó en la ESMA y el segundo del hoy prófugo Jorge “Tigre” Acosta. Fue el responsable de la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, tenía una lista con el destino de las mujeres embarazadas y de sus hijos. Hasta 1987 estuvo detenido con prisión preventiva rigurosa y fue desprocesado por la ley de Obediencia debida.

Ayer Scheller, el torturador, estaba compartiendo una mesa de café con cuatro amigos. Todos parecían ex colegas del marino y, tal vez, se habían encontrado para despedir el año. Hablaban tranquilos, serios y nada ni nadie los distraía. El grupo estaba ubicado en la primera mesa del bar, Scheller se encontraba frente a la puerta y sentado entre dos de sus camaradas. Estaba literalmente entrampado porque cuando se acercó Carlos no pudo moverse y aceptó casi con resignación que lo habían descubierto.

–¿Mariano?, –lo llamó Carlos desde la cabecera de la mesa.
–Sí.
Respondió débilmente y sorprendido el marino, entonces quedó petrificado. En ese momento Scheller se dio cuenta de que, tal vez por la impunidad de que gozó durante tantos años, había perdido los reflejos al responder al nombre de guerra que usó durante los años en que era el dueño de la vida y la muerte de los que pasaron por la ESMA.

Carlos ya no dudó y a los gritos lo escrachó: “Vos sos Mariano, el Pingüino, el capitán Schilling, sos el torturador de la ESMA, sos el maldito hijo de puta que me torturó”. Scheller o Schilling, como alguna vez se lo conoció, se mantuvo en silencio. Sorpresivamente sus cuatro compañeros también. Fue en ese momento que Enrique Fukmam, amigo de Carlos, viejo militante de la Juventud Peronista y ex detenido en la ESMA, lo encaró al torturador y le dijo: “¿No decís nada ahora, torturador?”, se dio vuelta y se dirigió a las otras mesas, “ustedes están compartiendo su comida con un asesino, con un secuestrador de embarazadas y de niños”. Nadie pudo abstraerse de lo que sucedía y algunos de los parroquianoscomenzaron a decirle: “¡Asesino!”. Los gritos llegaron hasta la calle que atrajo a los transeúntes que no dudaron en plegarse al escrache. 

Sólo dos voces se levantaron en favor del marino cazado. Primero fue uno de los camaradas de Scheller que atinó a levantarse y haciendo esfuerzo para no gritar les dijo a Carlos y a Quique: “Bueno, ya está. Ya se dieron el gusto, ahora váyanse”. Esto enardeció a los dos ex detenidos que volvieron contra el hombre que los torturó y fue en ese momento que se acercó el encargado del bar y con un sesgo de bronca les comentó: “Ya está, ya lo hicieron. ¿Están contentos?, bueno ahora les pido que se vayan porque ponen en riesgo mi laburo”.

Hoy Scheller integra la lista de los 152 militares que son investigados por el juez español Baltasar Garzón y ya no podrá tomar tranquilo café en los bares de Buenos Aires. Tal vez será por eso que hace poco pidió la baja a la Marina. Ya había tenido suerte en 1991 cuando lo ascendieron a capitán de navío. Aunque parece ser exactamente lo que es, es abogado, se recibió en la Universidad de Belgrano en 1992, pero no ejerce porque solicitó la suspensión de su matrícula. Carlos, por su lado, siente que está un poco más en paz: “Hace tiempo me topé con Alfredo Astiz en Mar del Plata y quedé paralizado. Sentí vergüenza por no haberle dicho nada. Cuando lo vi a Scheller no dudé, no niego que tuve miedo pero recordé el día que me torturaron y por no hablar me pusieron a mi hijo de 20 días sobre mi cuerpo y nos dieron picana”. Después, Carlos se disculpó, apagó su cigarrillo número diez en una hora y se marchó porque debía seguir trabajando.
 

domingo, 14 de agosto de 2016

Las Madres de Plaza de Mayo celebran 2.000 rondas

Beatriz tiene 89 años y toda la plaza la aplaude cuando circula asistida por un andador. Apenas puede caminar pero su lucha continua. Ahora, para que Francia extradite por fin al asesino de su hijo Hernán, tal como se lo pidieron en una carta al presidente Francois Hollande durante su visita reciente a Argentina. El genocida Mario Alfredo Churrasco Sandoval fue asesor de seguridad del exmandatario Nicolás Sarkozy y hoy vive libremente en París. La justicia argentina envió el pedido de extradición pero Francia se pronunció en forma contradictoria y el trámite está frenado.

“En las primeras rondas estábamos nosotros solas”, recordó Beatriz , “Una vez, el 24 de diciembre, estábamos acá y nos echaron a los milicos (militares). Empezamos a caminar por Florida y llegamos a una esquina donde estaban esperándonos con armas y nos dijeron que tenían orden de tirar. En otras oportunidades se nos acercaban y nos decían que nuestros hijos ya estaban todos muertos, que era absurdo que siguiéramos con las rondas”, contó. Sin embargo ellas siguieron “circulando”. La obstinación les dio otro ápodo, esta vez más despectivo: el de locas. Pero como alguna vez dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “en Argentina, las locas de la Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria”

lunes, 22 de junio de 2015

Falleció Elsa Sánchez de Oesterheld, parte de una familia arrasada por la dictadura

“Nos enseñó a luchar y volver a sonreír”

Elsa Oesterheld había sufrido la desaparición de sus cuatro hijas, su marido Héctor, autor de El Eternauta, y dos nietos, a quienes aún buscaba. Las Abuelas de Plaza de Mayo y la agrupación Hijos lamentaron su fallecimiento.

Si el dolor y la fortaleza fueran mensurables, podría decirse que murió una de las mujeres que más sufrió y se sobrepuso a los crímenes de la última dictadura. Elsa Sánchez de Oesterheld, viuda del legendario historietista Héctor Oesterheld, sufrió la de- saparición no de uno, ni de dos, ni de tres, sino de nueve miembros de su familia: sus cuatro hijas, su marido, dos yernos y dos nietos nacidos durante el secuestro de sus madres, que todavía son buscados. “Lala”, como la llamaban, debió sobrevivir a los múltiples embates para criar a su nieto Martín, que le fue entregado por los represores luego de masacrar a sus padres. A pesar de la tragedia con la que cargó por casi 40 años, siempre mantuvo la ternura y una sonrisa que sus compañeros de lucha prometieron no olvidar.

“Se fue en paz. La encontramos dormida y nos dejó la tranquilidad de que debía irse porque había dado todo lo que tenía. Es la mujer que me crió tras la desaparición de mis padres y el primer pariente que puedo enterrar, que no es poco”, dijo Martín Mórtola Oesterheld sobre su abuela, que tenía 90 años y será inhumada hoy, a las 14, en el cementerio de la Chacarita.

Elsa conoció a Héctor Oesterheld cuando él estudiaba geología y se ganaba la vida escribiendo libros de divulgación científica para chicos. Se casaron en 1947 y cinco años más tarde nació su primera hija, Estela. Luego llegaron Diana, Beatriz y Marina y vivieron años luminosos en un casa de Beccar. “Fuimos tan pero tan felices en esa casa que me parece que entre ese momento y hoy pasó una eternidad”, dijo Elsa, en una de sus últimas entrevistas.

A principio de los ’70 las hijas del matrimonio, ya adolescentes, comenzaron a involucrarse en política y se sumaron a las filas de Montoneros, organización a la que pronto acercarían a su padre. Elsa empezó a preocuparse cuando en 1973 los cinco fueron a Ezeiza a recibir a Perón en su regreso del exilio. Ese día se enojó con su marido. “Yo no puedo excluirme de la lucha en la que está involucrada toda la juventud, incluidas mis hijas, que además es por una causa en la que siempre creí: un país mejor”, le objetó él. Si bien nunca dudó de lo justo de la causa, para Elsa el precio de la lucha de su familia fue demasiado alto y siempre sostuvo que fue un error creer que la justicia social no podía lograrse sin violencia.

Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, toda su familia pasó a la clandestinidad y luego, uno a uno, fueron secuestrados y ejecutados por los militares. Dos de sus hijas estaban embarazadas y dieron a luz en cautiverio. Elsa sobrevivió, al igual que dos de sus nietos: Fernando, que fue llevado a la casa de sus abuelos paternos, y Martín, que le fue entregado a Elsa. “Ni yo misma puedo decir cómo fue que seguí viva –contó varias décadas después–. Soy un misterio para los psicólogos. Yo creo que Martín me salvó; tenía tres años y yo tenía que ocuparme de él. Creo que saber que estaba totalmente sola para enfrentar la vida me dio fuerza.”

“Es una abuela más que se va sin poder abrazar a sus nietos”, se lamentaron desde Abuelas de Plaza de Mayo, organismo del que Elsa participaba activamente, y valoraron “su testimonio siempre fresco y reflexivo que supo contribuir a la búsqueda de los nietos y a la construcción del derecho a la identidad”. Desde HIJOS Capital también quisieron despedirla y se guardaron para fortalecer la lucha el recuerdo de su sonrisa. “Elsa Sánchez de Oesterheld fue una mujer que nos enseñó mucho: a sobrevivir, a luchar y a volver a sonreír. Nadie sabe cómo esa mujer, pequeña de tamaño, fue tan grande contra todo lo que le hicieron los verdugos. Elsa sobrevivió a todo eso, pisando imposibles, luchando siempre por justicia.”

Informe: Delfina Torres Cabreros.